Es genial y muy divertido ser amiga de ambos y haberme convertido en fotógrafa oficial de la boda y en algo así como dama de compañía de la novia.
¡Felicidades, Carmen y Alex! La boda ya pasó. Empieza el matrimonio, jo jo.
Es genial y muy divertido ser amiga de ambos y haberme convertido en fotógrafa oficial de la boda y en algo así como dama de compañía de la novia.
¡Felicidades, Carmen y Alex! La boda ya pasó. Empieza el matrimonio, jo jo.
Hay demasiados posts pendientes, desde la ida a las luchas de la semana pasada hasta las compras dominicales y las ganas de golpear gente en lunes. Pero queda pendiente, porque hay algo que hace que me duela hasta el cuerpo, tal vez porque me duele el alma. La casa, mi casa de toda la vida, se va quedando vacía, murió Rubí, uno de mis perros, el más berrinchudo de todos, el que me dejó una cicatriz en el labio cuando interpretó que jugar a las luchitas con mi mamá era atacarla, el que mostraba un brillo de lo más especial en sus ojitos cada vez que me veía y se ponía muy contento cada vez que yo regresaba a casa. Era un gran perro, pero ya no está.
Los canes echan la siesta. Como ya están rucos, casi todo el día es de siesta. Rubí (el de la izquierda) ya pinta canas, de cachorro tenía el hocico negro. Güerito (el de la derecha) siempre ha sido blanco. Suelen ser más fotogénicos (con una dueña como yo, están acostumbrados hasta a posar para las fotos), pero definitivamente, a media siesta, no ponen su mejor cara.
La Justi ataca salvajemente a mi delfín de peluche, traído desde Six Flags y escondido al fondo de una gran canasta de peluches precisamente para mantenerlo alejado de la gata, pero ella logra sacar todo y apropiarse del pobre e indefenso delfín. ¿Qué tiene el delfín que no tengan los demás para ser comible? Al menos ya dejó la idea de que las golondrinas que anidan en el patio de mi casa son comibles, tal vez porque nomás nunca pudo atrapar una.