Hoy, en un episodio más de Ocio Avanzado VII, he aquí el resultado de mis búsquedas luego de ver Julia & Julie.
La verdadera Julia Child hacía ruiditos igual que la interpretada por Meryl Streep (e igual que Linda, la prima de mi mamá, ji ji ji).
La Julie Powell real es tantito distinta a la de Amy Adams... y definitivamente habla más rápido.
El blog de Julie Powell, The Julie/Julia Project sigue en línea. Y, por cierto, los cortos de la película están acá.
sábado, enero 02, 2010
viernes, enero 01, 2010
me gusta abrir los ojos y estar viva...
2009 fue un año de navegar entre la felicidad y la incertidumbre. Lo inicié resolviendo los últimos detalles de mi tesis de maestría y en abril fue mi examen de grado ("el rito de paso en su más acuosa expresión" según Don Maus). Pasé el año también trabaje que trabaje en el empleo que ya tenía como asistonta y uno que se sumó, como pobresora; he de decir que hubo de todo, acción, suspenso, comedia romántica y algo parecido al terror en algún momento. Fue también un gran año de trabajo en el Colegio, uno que dejó claro que, como diría el presidente, "no somos flor de un día".
Quizá un momento cómico-mágico-musical vino en los tiempos de la influenza, me enteré justo cuando iba saliendo del cine y estaba segura de que era broma eso de que el gober había suspendido la Feria de San Marcos por la alerta sanitaria; pasé no sé cuánto tiempo contestando cosas muy bobas en Facebook, o bien haciendo el oso en la calle con mi cubrebocas modelo vende-caro-tu-amor-aventureeeera.
Empiezo a recuperar mis usos y costumbres de viajar con cualquier pretexto y definitivamente este año sí fui al cine tanto como me gusta... y vi de todo, hasta Volverte a ver, Wolverine y Terminator, oh, sí. Lo triste es que eso que llamamos "vida real" por momentos es más horrible aún que una mala película. Me ha tocado ver metralletas muy cerquita de mí, como parte de operativos en la ciudad; se me ha hecho cotidiano escuchar sirenas y saber de balaceras; supe a lo que sabe la impotencia cuando asaltaron a mi mamá y, aunque lo que se llevaron fue una bobada y a ella nada le pasó, sigo pensando que no se vale que enemil delincuentes tengan vía libre para hacer lo que les dé la gana, mientras nuestras valientes autoridades mantienen en los medios un estado ficticio donde todo va bien y está mejor que antes, ja.
Entre tanto, lo que de veras me hace feliz es que la gente que quiero sigue cerca de mí, no importa si hay kilómetros de por medio. Lo que más me sorprende es que esa categoría de "gente que quiero" ha sufrido algunas mutaciones, unos se han ido y otros sorpresivamente llegan. Y lo que más me agrada es encontrar maravillas en lo más simple. ¡Feliz 2010!
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viernes, diciembre 25, 2009
¡Feliz Navidad!
Antes que acabe el día, ahí les va un regalito.
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lunes, diciembre 21, 2009
veintiocho
No recuerdo con claridad cómo imaginaba los veintimuchos desde mi perspectiva de niña de kinder. Sólo me acuerdo que la gente de casi 30 me parecía taaaaaan grande y taaaaan experimentada.
Cuando tenía 14 (esto ya lo había contado), escribí como propósitos de año nuevo que aprendería a tocar el piano y a hablar japonés. ¡Aplausos! Ya dupliqué la edad y muy apenas sé decir konnichi wa.
Por fin empiezo a aparentar mi edad. Cuando tenía 12, me calculaban 20 (y en ningún lado me pedían credencial de elector, jo jo), a los 22 me veían de 30; ahora, de 27... damn, ¿soy Dorix Button?
Definitivamente no estoy tan buenona como a los 20 y, además, empiezo a ver canas, discretas arrugas y ojeras; pero esto es lo que soy y me encanta verme plena... he de envejecer dignamente.
Este año viví oleadas de todo lo imaginable, desde los momentos más felices hasta unos cuantos de vil frustración. La incertidumbre se volvió mi compañera y descubrí que no es del todo malo. Entre lo mejor de este año, he de recordar mi acuoso rito de paso y el extraño retorno de mis costumbres viajeras.
Cumplir años en lunes y en la recta final de un tratamiento que me priva de alcohol (y hasta del café), no es lo más pertinente para el festejo; pero también es divertido. Por cierto, cuando nací, el 21 de diciembre del 81, también era lunes y, sobra decirlo, también hacía frío.
Como sea, me queda claro que el tercer piso se ve cada vez más cerca y he de decir que entre los ires y venires, las presencias y las ausencias, las sonrisas y el dolor, entre tanto, soy muy feliz.
Cuando tenía 14 (esto ya lo había contado), escribí como propósitos de año nuevo que aprendería a tocar el piano y a hablar japonés. ¡Aplausos! Ya dupliqué la edad y muy apenas sé decir konnichi wa.
Por fin empiezo a aparentar mi edad. Cuando tenía 12, me calculaban 20 (y en ningún lado me pedían credencial de elector, jo jo), a los 22 me veían de 30; ahora, de 27... damn, ¿soy Dorix Button?
Definitivamente no estoy tan buenona como a los 20 y, además, empiezo a ver canas, discretas arrugas y ojeras; pero esto es lo que soy y me encanta verme plena... he de envejecer dignamente.
Este año viví oleadas de todo lo imaginable, desde los momentos más felices hasta unos cuantos de vil frustración. La incertidumbre se volvió mi compañera y descubrí que no es del todo malo. Entre lo mejor de este año, he de recordar mi acuoso rito de paso y el extraño retorno de mis costumbres viajeras.
Cumplir años en lunes y en la recta final de un tratamiento que me priva de alcohol (y hasta del café), no es lo más pertinente para el festejo; pero también es divertido. Por cierto, cuando nací, el 21 de diciembre del 81, también era lunes y, sobra decirlo, también hacía frío.
Como sea, me queda claro que el tercer piso se ve cada vez más cerca y he de decir que entre los ires y venires, las presencias y las ausencias, las sonrisas y el dolor, entre tanto, soy muy feliz.
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