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domingo, enero 03, 2021

Dosmilveinte

Se acaba el 2020 y puedo decir, como la canción de Ingrid Michaelson, que “all that I know is I’m breathing”. En el recuento de hace un año dije que había vivido un año Exatlón, porque sentí que había muchas experiencias —algunas muy duras, btw— a gran velocidad. Diría que este año fue lo contrario, pero también fue intenso, así que ya no sé, jaja.

Es un lugar común decir que 2020 fue un año difícil para el mundo, con la pandemia sin control y el confinamiento y las desigualdades y enemil cosas que estaban ahí latentes para explotar en el momento menos esperado. Sin embargo, en lo personal, fue un año de crecimiento… a trancazos, quizá, pero crecimiento.

El año inició con cambios bobos, pero interesantes, cambié de corte de pelo —de color no, por supuesto, que el rojo no está a discusión— y de perfume. También dejé de comer alrededor de la universidad y me hice el propósito de ir diario a comer a casa. Esto fue acompañado por el esfuerzo de no quedarme tiempo extra en la oficina, siempre he pensado que el hecho de que uno ame su trabajo no implica que tenga que traerlo encima 24X7. Si he de ser honesta, los cambios no empezaron con el año nuevo: seis meses antes había cambiado de departamento, después hubo una crisis y hasta hubo una ruptura. Quizá solamente fue un efecto dominó.


Todo cambió en marzo, con la pandemia y la cuarentena que, en principio, duraría hasta finales del mes, después hasta mayo y, en algún momento, ya no le vimos fin. La idea de comer en casa fue más fácil, pero aquella de no llevar trabajo ahí se colapsó por completo. El never ending home-office se coló a mi departamento —tuve que comprar un escritorio, btw— y hasta a la casa de mi mamá —donde hace varios años que solamente iba de visita, en fines de semana o en vacaciones—. Si bien me mantuve cuerda, el encierro y las horas frente a la pantalla se multiplicaron y tuvieron efectos físicos, como resequedad en los ojos, manchas en la cara y más cansancio que nunca.

El olor a cloro, Lysol y gel antibacterial se volvieron cotidianos en mi vida. Mis usos y costumbres que incluían salir dos o tres veces por semana —al café, al cine, a comer, a bobear— y viajar por lo menos tres veces en el año —a veces de vacaciones, a veces a congresos, reuniones, exámenes de grado— se transformaron por un encierro casi total, aderezado con el temor a ser un arma bacteriológica cada vez que llegaba a casa de mi mamá.

 

Reconozco que estuve en el lado del privilegio, porque mi empleo se mantuvo y mi salario también, pero estuve muy lejos de esas imágenes del encierro con tiempo para hacer ejercicio, leer y cocinar. Acá todo se volvió caos, saltar de una clase a otra y después a una asesoría, una junta y/o un congreso. Honestamente, prefiero correr de un edificio a otro —o hasta de una ciudad a otra— que saltar de Teams a Zoom a Meet a Jitsi a Webex.

Lo peor fue dobletear: si era posible estar en dos actividades al mismo tiempo, con el poder de dos compus, una al lado de la otra, no había necesidad de cancelar o mover cosas. Al principio parecía divertido, porque era una cosa de un día, pero cuando se cruzaron ALAIC y AMIC con reuniones importantes y/o con las últimas semanas de clases, se volvió algo cotidiano… y agotador, muy agotador. No quiero volver a hacerlo jamás. Quizá por eso terminé el semestre y cerré compus casi dos semanas para dedicarme a la contemplación.


 

Estas dos semanas de vacaciones sí que fueron regeneradoras, con el combo mágico de terraza, viento frío, sol calientito, perros, lectura. Ahí encontré la calma que necesitaba después del caos. Si en todo el semestre apenas había logrado leer un libro —muy bueno, por cierto, fue En estado de viaje de Clarice Lispector—, en dos semanas de vacaciones me eché dos y medio: La vida de los elfos de Muriel Barbery, Viajes por el scriptorium de Paul Auster y La chica de la Leica de Helena Janeczek.

Casi no fui al cine, creo que la última película que vi en pantallota fue Star Wars: Episode IX, The Rise of Skywalker. A cambio, esta vez sí desquité la suscripción de Netflix y vi, entre otras tantas cosas, 15 temporadas de Grey’s Anatomy en los primeros tres meses de encierro; la temporada 16 la vi con calma y ahora espero que llegue la 17. Nota al pie: Las primeras tres temporadas de esta serie las vi hace años, cuando vivía en Guadalajara y había que ver un capítulo por semana, creo que en Sony. Reencontrarme con ella tantos años después fue muy interesante.

Según Spotify, entre las canciones que más escuché están “Keep breathing” de Ingrid Michaelson, “Si” de Zaz, “Deséame suerte” de Vetusta Morla, “If I be wrong” de Wolf Larsen y “Nekojarashi” de RADWIMPS.

Este año, mi recuento de viajes incluye solamente aquellos que fueron cancelados: Helsinki y San Petersburgo, Medellín, Cancún, Colima, Beijing —que después iba a ser Tampere—, Porto Alegre, Ciudad de México, Guadalajara y otra vuelta en el Chepe. El año anterior había cerrado el recuento diciendo que ya tenía los vuelos para las vacaciones de Semana Santa, muy ilusa fui.

Creo que la última vez que fui con alguien al chisme de café fue con mi jefe, al Punta del Cielo que hay abajo de la oficina, el último fin de semana antes del caos. Lo demás han sido cafés y alcoholes en Zoom… que los ojos no necesitan más horas de pantalla, pero la vida sí necesita reencontrarse con la gente que uno ama.

 


En medio de todo lo terrible, puedo decir que la pandemia me obligó a encerrarme, pero me permitió ocuparme de lo importante: mi mamá, mis perros, mi gata y yo misma. Hice cambios, tomé decisiones y, a diferencia del año pasado que cerró con tantas dudas, esta vez hay algo de claridad.

Quizá los momentos que mejor representan mi año son las pláticas en la banqueta a un metro de distancia con mi amiga de toda la vida, el encuentro de menos de dos minutos con alguien en la esquina de mi edificio para adelantar mi regalo de cumpleaños y la cara de mi mamá cuando —aprovechando que tuvimos que ir al médico— vio las luces de Navidad en la plaza, en su primera salida en casi nueve meses.

El año pasado cerré el recuento con una frase de Tolkien —de quien, por cierto, hoy es aniversario de nacimiento— y creo que seguirá por aquí como un mantra: “all we have to decide is what to do with the time that is given us”.

domingo, diciembre 31, 2017

Dosmildiecisiete

Dejé de hacer propósitos de año nuevo desde 1997, porque pensé (y pienso) que los ciclos de la vida no dependen de las fechas en los calendarios. Sin embargo, siempre me ha gustado escribir recuentos. De hecho, desde 2005 he escrito recuentos en este bonito blog. Hoy regresé a leerlos todos y me dio gusto ver los cambios con cierta distancia. Cuando escribí tal o cual cosa, no sabía lo que vendría después, pero desde este punto miro atrás y creo entender cómo se han ido conectando unas cosas con otras, tanto en términos de mi propia vida como del contexto global.

2017 fue un año muy intenso y satisfactorio en muchos sentidos. Entre lo más relevante de mi año está que gané un premio por mi tesis doctoral y tuve que hacer un viaje relámpago a Valparaíso, Chile, para recibirlo. Fue un año de muchas satisfacciones profesionales, muchas. En ese sentido, el trabajo fue más que bien, aunque me absorbió más de lo necesario. Como sea, es un privilegio poder trabajar en algo que uno ama, con gente que uno aprecia y ése es mi caso.

En algún momento del año, supe que ya me había adaptado a León, mi ciudad de residencia desde agosto de 2016. Caí en la cuenta cuando comencé a comprar cositas para el depa y ya tenía lista de restaurantes favoritos, cuando entendí que mi círculo de amigos (y no sólo amigos) se amplió, cuando alguien se coló en mi vida cotidiana (y espero que no salga de ella) y se volvió tan simple pasar las pocas horas libres bobeando... lo único que falta es que cambie mi credencial de elector, cosa que haré en los próximos días.

Este año, o más bien, el semestre más reciente, decidí hacer un par de cosas para volver a ser la que fui sin renunciar a la que soy (dicho de otro modo, me gusta mucho la mujer que soy ahora, pero extraño muchas cosas de la que he sido antes): regresé a estudiar francés y canto. Las razones son muchas: soy una eterna estudiante y siempre tengo la necesidad de estudiar algo, amo el francés (aunque lo hable mal) y la música (aunque no me haya dedicado a ello), volver a clases significó regresar a algo que amo, ir a clases implicó obligarme a respetar tiempos para mí y no llenarlo todo de trabajo y vida social.

Aunque amo el cine, no fui tanto como de costumbre. De lo que logré ver, las películas que me resultaron más significativas fueron Wonder Woman y Your Name. Quienes me conocen saben que me encantan las historias de superhéroes, Wonder Woman me pareció increíble como tal, pero también como película más allá de los mundos de fantasía. Por supuesto, me encantó la fuerza de un personaje con el que me identifiqué de niña, pero que había dejado en el olvido. Todas las niñas deberían ver esta versión. Quienes me conocen también saben que no soy fan de las historias de adolescentes, pero Your Name es tan bonita, tan compleja, tan triste, tan profunda, tan todo a la vez, que me impactó. De hecho, parte de su banda sonora se instaló en mi mentecilla... y en mis playlists de Spotify, claro.

Por cierto, de acuerdo con el recuento de Spotify, escuché 108555 minutos de música, 5328 canciones diferentes, de 58 géneros musicales. Lo que más escuché fue de Ramin Djawadi, ha de ser porque mi playlist "Banda sonora para calificar" se compone de harta música de Game of Thrones. Por supuesto, mi canción del año es "Somewhere only we know". Ésa canté en mi presentación de canto. Ésa resume mucho de lo que viví este año.

De acuerdo con mis propias notas, este año hubo 16 aviones, pero perdí la cuenta de los viajes en autobús y Bla Bla Car. Estuve en San Luis Potosí (allá empecé el año, de hecho), la Ciudad de México (fui cuatro veces e hice escala seis veces en el aeropuerto), Querétaro, San Juan de los Lagos, Guanajuato, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Minneapolis, Valparaíso (Chile), Monterrey y Oaxaca. Se agregó Santiago a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto. Se agregaron otros lugares a la lista de "por visitar". Veremos a dónde van mis pasos luego.

Fue un año de reencuentros con gente maravillosa y de conocer también a otra gente maravillosa. Puedo decir que soy feliz, que he sido muy afortunada muchos años.

miércoles, enero 18, 2017

dosmildieciséis

Quienes me conocen saben que en la vida cotidiana suelo ser puntual, pero saben también que, por algún extraño motivo, siempre llego tarde cuando se trata de publicar algo, no importa si se trata de fotos de algún viaje (a veces las subo un año después) o de un recuento del año, como éste. Quizás es que necesito tiempo para pensar o tal vez es simplemente que la procrastinación es parte de mi vida.

2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?

Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.

Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.

Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.

Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.

La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)



En resumen, fue un gran año, lleno de cambios. Aquella vez, en San Francisco, compré una libreta muy interesante: tiene una pregunta para cada día del año, pero en cada una tiene cinco espacios para responder la misma pregunta durante cinco años seguidos, con el fin de hacer evidentes los cambios. En los días que van de enero, he visto tanto continuidades como cambios. Quizá por eso sigo haciendo recuentos, para hacer memoria de quién soy y cómo me voy transformando con el paso de los años.

martes, enero 07, 2014

Interrumpimos la (des)programación...

... para contar que hay novedades en Cosas que pasaron por mi mente mientras veía... El hobbit: La desolación de Smaug, Los juegos del hambre: En llamas y Thor 2: Un mundo oscuro, es decir, sí, puras segundas partes.

jueves, enero 02, 2014

Dosmiltrece

2013 fue un año de viajes. El recuento indica que usé 76 autobuses foráneos, nueve aviones, tres colectivos, dos trenes, dos ferries, dos lanchas y un velero para la vagancia por Guadalajara, León, San Juan de los Lagos, Nochistlán, Valparaíso, DF, Toluca, Puebla, Chihuahua, Creel, Los Mochis, Culiacán, Melaque, Cancún, Isla Mujeres, Playa del Carmen, Cozumel, Chetumal, Bacalar,  Mérida, Izamal, Campeche, Chichén Itzá y Denver. Nada mal para unos pocos 365 días. Adivinaron, el lugar al que más veces viajé (y regresaré 80 millones de veces más) fue Guadalajara. En una de esas vueltas encontré la cura para la depresión en un puente peatonal y, en otra, me regalé una tarde de diluvio tapatío. Tuve una sensación extraña, como si mi padre me hubiera acompañado en uno de los viajes, fue el de Chihuahua - Creel - Los Mochis - Culiacán. He de confesar que en el 100% de los viajes tuve complicaciones antes de salir: terminé la maleta para ir a Toluca un minuto antes de que el taxi llegara por mí, terminé la maleta para el viaje de fin de año a Cancún diez minutos después de que el taxi llegara por mí (oh, sí, vergüenza vil).

Gran parte de esos viajes fue por motivos académicos. En ese sentido, 2013 fue un año académicamente estimulante, sobre todo en octubre. Todavía no acabo de procesar lo que aprendí en todos los sentidos. Quizá lo mejor fue la lección de sencillez y humildad que vi en Alain Touraine himself, en medio de un mundo académico que a veces nos arrastra en la soberbia.

Hubo otros viajes, emprendidos desde butacas del cine, con maravillas como El gran secreto (algún genio tradujo así The words), NoCuatro notas de amor (otro genio tradujo así Quartet), Mucho ruido y pocas nueces (Much do about nothing), Before midnightGravityThor: The dark worldIntriga (algún genio tradujo Prisoners así) y El hobbit. Mi favorita del año fue Gravity. Con Before midnight cerré un ciclo en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 de conocido cine, meses después de que el pasado se me atravesó de golpe dos días seguidos.

A propósito de encuentros cercanos del tercer tipo, este año se registraron oportunidades de inversión no muy fiables. Volví a pensar en ciertos límites geográficos y me pregunté si los sortearé, pero la pregunta ha quedado nuevamente en el aire. Para cerrar el año, experimenté un extraño retorno a la adolescencia.

Seguí leyendo a la Szymborska (aunque sigo sin terminar los dos libros de ella que compré en la FIL en 2012) y me volvió a fascinar Italo Calvino con Si una noche de invierno un viajero. También me fascinó La invención de la soledad, de Paul Auster, me fascinó y me dolió: "Paul Auster comenzó a escribir La invención de la soledad cuando murió su padre de forma repentina", dice la contraportada. Ese libro no fue sólo mi primera lectura del autor, fue también la lectura más dolorosa que hice en 2013, fue como encontrarme con un dolor que yo sabía que estaba ahí pero de cuya dimensión no tenía idea. Los libros tienen sus momentos y éste llegó a mí, en una reedición que compré en Sanborns un día mientras hacía tiempo, justo cuando lo necesitaba.

Vi a Jorge Drexler en vivo y fui muy feliz. Eufemia llegó a mi vida (aunque tardó mil años en encontrar su nombre) y se unió al equipo animal de casa, con Lucas y Justina. Y cumplí 32, ¡aplausos!

sábado, septiembre 07, 2013

7F7 / Un beso dura lo que dura un beso...

Muchas veces he experimentado una necesidad increíble de expresar algo y ni sé por dónde empezar—ahora, por ejemplo—. Podría empezar por el principio, pero no se me da eso de la narración lineal. Podría empezar también por el final, pero uno nunca sabe cuándo algo es el final, es más, tal vez eso en lo que estoy pensando fue como el quinto final y —espero— el último y definitivo para siempre jamás. Podría incluso volver a preguntarme qué y por qué escribo en este blog, si abuso del recurso de escribir las cosas en clave y después ni yo misma sé a qué o a quién me refería. Probablemente ocurra eso con este post… o tal vez no. El punto es que muchas veces tomé la decisión de poner punto final a los restos de una historia que arrastro hace muchos años —hey, podríamos cuestionar ahora mismo mi capacidad de decisión, jaja—. A veces las historias terminan y a una le queda el complejo de Adele —por aquello del “for me, it isn’t over”— y no termina de dejar ir algunas cosas. El gran problema viene cuando una toma conciencia del paso del tiempo en el momento menos pensado. Me ocurrió el jueves, en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 del cine más cercano a mi casa, mientras veía Before midnight. Recordé Before sunset y lo que pasaba en mi vida en aquel tiempo. Pensé que nueve años son demasiado, pero me acordé también de dos encuentros este año en el lugar menos esperado y pensé que no hay razones para tirarse al drama. Tal vez la vida habría sido muy distinta si yo hubiera decidido seguir en 2004, pero preferí no hacerlo. Tal vez la vida habría sido muy distinta si yo no hubiera fingido que todo estaba bien en 2005, pero lo hice. Y tal vez la vida habría sido muy distinta si yo hubiera asumido que esa ausencia presente continuaba escondida, haciendo daño desde dentro, todos estos años. A veces una mantiene los fantasmas en casa. A veces, una necesita una película cursi para decidir echarlos. Un beso dura lo que dura un beso y Jarabe de Palo no lo dice, pero un drama dura lo que dura un drama (de algún modo había que justificar la inclusión de este vídeo en el post).

viernes, septiembre 06, 2013

Just passing through...

Fui a ver Before sunset el 12 de marzo de 2005. Fui a ver Before midnight el 5 de septiembre de 2013. Las fechas importan, significan cosas. Aquel fue un día complicado. Éste no. Aquel día, una parte de mí se estaba muriendo, mientras veía a Celine y Jesse pasear por París. Este día me llevó más de una hora caer en la cuenta de lo que ha cambiado en este tiempo y de lo significativas que resultan a veces las fechas. Sin planearlo, este día, en que tuve que correr para alcanzar a ver la película antes de que saliera de cartelera, se ha convertido en el día de dejar ir.

domingo, diciembre 23, 2012

viernes, diciembre 21, 2012

Que comience la fiesta...

¿Fin del mundo? Pues entonces, que comience la fiesta...

sábado, noviembre 17, 2012

cosas que pasaron y no pasaron por mi mente mientras veía...

Hay películas de las que no puedo hacer notitas tipo "cosas que pasaron por mi mente mientras veía...", porque ha sido tan fuerte el impacto que mi mente ha estado al borde del colapso. De éstas, por ejemplo...










Quizá no pude escribir "cosas que pasaron por mi mente mientras veía...", porque hay cosas que no sólo pasan por la mente, sino por las vísceras.



domingo, octubre 14, 2012

Cosas que pasaron por mi mente mientras veía Ted


  • Cuidado con lo que deseas.
  • No hay nada más grande que los amigos... bueno sí.
  • Vaya que los recuerdos son subjetivos.
  • Y por eso, gente, no bauticen a sus hijas como Britney o Kendra.
  • Medio mundo puede ser feliz con un oso suavecito y abrazable.
  • ¿Quién le subió al aire acondicionado? ¿Ted?
  • "I love you". La esencia siempre traiciona.
  • ¿Cómo es que Lori conserva el maquillaje hasta en los peores momentos?
  • ¿Así que el soldado de Basic se traumó tanto, pero tanto, que tuvo un hijo nefasto al que heredó la obsesión por un oso que habla?
  • Ted podría ser apodado "el Lazca". Ok, ya, mal chiste.
  • Debería haber terapia para osos mal cosidos.
  • Flash tiene superpoderes. Los patos también.
  • Si tu novio tiene 35 años y no se ha dignado a madurar, no lo hará jamás.

sábado, octubre 06, 2012

Cosas que pasaron por mi mente mientras veía Hugo Cabret

Siete u ocho meses después...


  • Es increíble tanta belleza. Eso sí que es lenguaje cinematográfico.
  • Las niñas tienen más valor que los niños, ¿edá?
  • “That’s how you know it’s an adventure”, dice Hugo.
  • El pasado siempre aparece.
  • La clave está en la llave.
  • Los grandes no pueden permanecer ocultos por tanto tiempo.
  • La vendedora de flores, la gente que toma café, el perro del guardia, todos son maravillosos.
  • Qué odioso y qué divertido resulta el guardia.
  • En resumen, el cine viene de Francia, pero se le homenajea en inglés.
  • “If you’ve ever wondered where your dreams come from, you look around. This is where thery’re made”, dice George.
  • Por eso amamos al cine, por eso.

sábado, marzo 24, 2012

cosas que pasaron por mi mente mientras veía Sherlock Holmes

  • Puedo leer el futuro se Sherlock Holmes: se meterá en problemas, se disfrazará de algo, pensaremos que ha muerto y sobrevivirá extrañamente. Mis capacidades de adivinación son maravillosas.
  • Amo la telaraña de conspiraciones.
  • Yo también estoy de acuerdo, el de mujer no es su mejor disfraz, pero los otros son geniales.
  • Muy perverso resulta el doctor Moriarty.
  • Si algo me fascina de las historias de Sherlock Holmes son los detalles.
  • Oh, pero qué oportuno resulta el inhalador.
  • Eso sí que es contar con grandes habilidades de camuflaje.
  • The end... the end?

jueves, marzo 22, 2012

cosas que pasaron por mi mente mientras veía Año nuevo

Notas, por supuesto, que datan del año nuevo.

  • Sí, debe ser mágico.
  • Casi tan mágico como ver... Valentine's day.
  • "Check"... soy fan.
  • "And this is not Girls gone wild"... doña Sarah Jessica Parker en versión mamá es más divertida que en versión cuarentona en busca de aventuras.
  • ¿Cómo es que traducen serendipity como casualidad?
  • Yo también quiero una rebanada de pizza.
  • Ese tipo se parece a Bon Jovi, pero se ve poquito más joven... wait, es Bon Jovi.
  • ¿Qué onda con el inglés de Sofía Vergara?
  • Katherine Heigl siempre cocina. Hornea panecillos en Grey's anatomy, tiene un local de comida gourmet en Life as we know it y hace banquetes en New year's eve.
  • Bonito golpe le ha dado Laura (Katherine Heigl) a Jensen (Bon Jovi)... wait, bonito segundo golpe, el segundo es más divertido.
  • Quiero el vestido fucsia de Halle Berry... y, como siempre, quiero que se me vea igual.
  • Que el amarguetas de Randy (Ashton Kutcher) encuentra el espíritu de la Navidad... ¡patrañas!
  • Ay, sí, la fulanita de Glee debe cantar.
  • Muy predecible es que corran Claire (Hilary Swank) y el otro (Josh Duhamel) a la vez... OMG, no se encuentran. Spoilers!
  • El papá de Claire (Robert de Niro) sí que me ha hecho llorar.

lunes, marzo 19, 2012

cosas que pasaron por mi mente mientras veía Qué más quiero



  • ¿Llamará? ¿No llamará? ¿Llamará? ¿No llamará? Llamó.
  • La expresión que más dijo quien fue conmigo a ver la película fue "pinche vieja". "Pinches ambos", diría yo.
  • Guau, a ese gordito simpático deberían apodarlo "milusos": instala equipamiento de baño, cocina y arregla zapatos.
  • ¡50 euros por cuatro horas!
  • Si lo que vas a hacer te hará sentir culpable y lo sabes, ¿para qué carajos lo haces?
  • Sí, ¿qué más quiere?
  • ¿Qué más quiero?

Notas de enero, abandonadas en Evernote.

sábado, marzo 17, 2012

cosas que pasaron por mi mente mientras veía Coco & Igor

Bendito sea Evernote, donde reposan mis notas de enero.



  • Qué belleza de imágenes.
  • Qué belleza de música.
  • Qué bonita es Coco.
  • Qué feo y reprimido luce Igor.
  • ¿Así que por eso el Chanel número 5 se llama Chanel número 5?
  • Quiero un labial rojo como el de Coco.
  • Damn it, eso sí que es cruzar límites.
  • Bah, como si dos mentes así de enormes tuvieran los límites como referente.
  • Pinche Igor, vaya manera de minimizar el trabajo de Coco.
  • Como sea, es un buen punto: ¿La moda puede considerarse arte?
  • La historia daba para más, sospecho que no la supieron resolver.

cosas que pasaron por mi mente mientras veía MI4

He aquí más notitas rescatadas de mi celular.



  • Bonitas locaciones.
  • Qué bonito, Ethan encuentra ropa de su talla estratégicamente colocada en el camino de su huída.
  • ¿Así que ahora intentan demostrarnos que el equipo de agentes sí tiene cerebro y sí logrará sobrevivir sin (tanta) tecnología?
  • Quiero el vestido verde de la agente Jane... y quiero que se me vea igual.
  • Los trajes segurito son el atuendo más cómodo para correr.
  • Por lo demás, sí que corre rápido Tom Cruise... digo, Ethan.
  • ¿Por qué Tom Cruise aún se viste como en Top Gun?
  • No podía faltar el momento sentimentaloide de las confesiones.
  • Tampoco podía faltar el momento sentimentaloide del hombre sacrificado que prefiere estar lejos de su familia, para que estén bien.
  • Una nunca espera que Mission Impossible sea la gran cosa, pero la 4 sí que podría no existir. La 2 me gusta, con todo y las peleas coreografiadas.

cosas que pasaron por mi mente mientras veía Labios rojos

Esto sobrevivió de mis notitas de diciembre.



  • ¿Eso es lo que anunciaban como ultra-sexy?
  • ¿Será que pensaron que toda película mexicana debe tener sexo y balazos?
  • Jorge Salinas dio el viejazo, hasta panza tiene.
  • ¿Quién pensó que el acentito pseudo-español de Fernando Luján sonaba bien?
  • "Chostomito", ja.
  • "La vida es maravillosa... aun sin sexo"... ja, suenan tan conviencentes #not.

domingo, enero 08, 2012

De las intensidades de 2011 y esas cosas...

El Inventario general del mundo que hace un loco personaje de Eduardo Galeano, incluye un montón de cosas usadas, gastadas y olvidadas, porque... "Toda basura era vida vivida, y de la basura venía todo lo que en el mundo era o había sido. Nada de lo intacto merecía figurar. Lo intacto había muerto sin nacer. La vida sólo latía en lo que tenía cicatrices". En el inventario de mi vida, 2011 fue un año muy intenso, mucho, mucho, mucho.

Físicamente, me fue de la fregada. Tuve salmonelosis, los medicamentos me causaron gastritis, una mugre bacteria me provocó una infección en un ojo y terminé el año con gripe. Además, tengo una muela menos, un choque me dejó con un esguince cervical y en el tiempo que estuve bien, me tocó cuidar a mi mamá, en los días de la férula. Como sea, alguna buena noticia debía haber, 10 kilos desaparecieron de este cuerpecillo con algo de esfuerzo.

En fin, esas minucias no evitaron que cumpliera algunos planes. Estudié solfeo y francés y se me cruzaron los idiomas (ha de ser una maldición por burlarme de López Dóriga... aunque ahora también puedo burlarme de Peña Nieto). Sobre todo, llegaron muy buenas noticias y lo hicieron todas juntas, regresé a dar clases a mi alma mater y comencé el doctorado. El inicio fue rudo, no quiero imaginarme el final. De momento, mis horas de sueño han disminuido considerablemente, pero eso no importa, porque he encontrado ene cosas que hacen que la vida vale la pena. Un gran proyecto se quedó en stand by. Además, estuve a nada de dejar de publicar El Cafecito, pero Arlette accedió a coordinarlo por los próximos años.

Dije que viajaría más y lo cumplí parcialmente. Estuve en Mazamitla, en algunos lugares en Michoacán, en la Huasteca hidalguense en algún momento y en Pachuca en otro. Por supuesto, nuevamente hay viajes regulares a Guadalajara. En esos viajes, se han fortalecido algunas amistades y han surgido otras.

Hubo momentos espectaculares, como el reencuentro con mis compañeros de secundaria y algunos episodios del equipo de rescate animal. Hubo también momentos muy tristes, cuando tres de mis (ex)alumnos murieron: una de cáncer y dos más en accidentes. También cuando perdí una amiga... o alguien que pensé que era mi amiga.

Muchas películas me hicieron feliz: Baaria127 horasLa mujer que cantabaDe hombres y de dioses y, por supuesto, Medianoche en París. Y muchas canciones también me han acompañado, pero tal vez las más recurrentes han sido Pequeño vals de Marlango, Felicidade de Marcelo Jeneci, Silencio de Los Tipitos y Al lado del camino de Fito Páez.

Los hombres de mi vida merecen un capítulo aparte. Alguien que en 2010 me pidió que confiara, ha estado presente en mi vida hace muchos meses ("ha estado", en presente perfecto). Viví el romance más rápido de occidente, en abril. Tiempo después, sentí feíto decir que no, pero es mejor hablar con la verdad. Me enamoré, "como se enamoran siempre las mujeres inteligentes, como una idiota" por ahí de octubre (aunque se veía venir desde algunos meses antes) y en noviembre abrí los ojitos. Encontré los ojos más bonitos del mundo en una noche de ñoñez y, aunque hay muchos kilómetros de por medio, espero volver a verlos algún día.

En asuntos aparentemente menos trascendentes: me mudé al lado oscuro de las compras compulsivas, quedó claro que soy una cursi de clósetno encontré días de 48 horas por más que los busqué, experimenté algunas señales del Apocalipsistomé vino tinto en taza (vergüenza vil), mi capacidad de asombro fue puesta a prueba por la verdad revelada y otras maravillas, entré a presión en el tren ligero, experimenté dificultades técnicas para llegar a dormir tras un episodio de aventuras culturosas y mezcaleras y tras otro de borrachera postcoloquial, quise que mi cabello fuese rojo caramelo y terminó en algo como tangerine Clementine. La frase del año, sin duda, es "primero recoge del suelo los pedacitos de tu corazón", fue dicha por un amigo mío en un bar y, lo más importante, no fui destinataria de ese bonito pensamiento.

En suma, me cayeron muchos veintes y mucho empezó a tomar sentido. Divagué sobre la condición de las mujeres y sobre la mía en ese contexto. Me quedó claro que ya no me preocupa equivocarme, porque equivocarse también es vivir. La cuenta regresiva, 365para30, valió la pena. He llegado al tercer piso y la vida se ve maravillosa desde aquí. Como sea, no he llegado sola, sino con un montón de gente hermosa (como la gente bonita que nos acompaña).

viernes, diciembre 30, 2011

cosas que pasaron por mi mente mientras veía Contagio



  • A ver, ya pasaron no sé cuántos minutos, ya entendimos que se trata de una epidemia y que los contagios se multiplican... and?
  • OMG, vaya manera de enterarse que la esposa le ponía el cuerno.
  • Anda, Mitch (Matt Damon versión papá), arruínale la vida a tu hija por salvársela.
  • ¿Cómo pasó el tiempo? ¿En qué momento Matt Damon dejó de ser el galán para ser el padre de una adolescente?
  • "Blogging is not writing. It's just graffiti with punctuation", le dijo un funcionario a un periodista. ¡Maldito!
  • Anda, Soderbergh, asústanos a todos, ¿nos vamos a morir?
  • ¿Será que es un documental de la OMS? Eso parece.
  • Awwww, la escena donde la doctora Mears (Kate Winslet) moribunda extiende la mano para darle su abrigo a otro moribundo sí que me hizo llorar.
  • Las fosas comunes y las flores lanzadas por el jefe de Mears también me han conmovido hasta las lágrimas.
  • A media película, ¿se les olvidó que existe el personaje de Marion Cotillard?
  • Ha reaparecido Marion Cotillard... oh, se ha ido, ¿qué hará?
  • ¿Y si resucita Marx y hace un estudio de clases sociales a partir de la distribución inequitativa de vacunas?
  • ¿Así que la culpa de todo es del cerdo?
  • Soderbergh es Soderbergh, pero Contagio me ha parecido... inconsistente.
  • Post scriptum: Como sea, Contagio ha de ser muy efectiva, porque unas horas después de verla, caí enferma de gripe, ash.