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jueves, septiembre 03, 2020

Yo no sé mañana

 A algún vecino le pareció buena idea saltar de una playlist de pop de los 80 a "Yo no sé mañana". Mi mente explotó. Me trasladé a los recuerdos borrosos del tiempo en que esa canción era el vínculo entre cierto hombre y yo. En aquel tiempo sonaba lejano el "mañana" en el que no sabíamos si estaríamos juntos o si se acabaría el mundo. Pues nada, hace mucho que no estamos juntos y 2020 hace pensar que el mundo se acaba. No es alguien que extrañe, a pesar de todos los buenos momentos que hubo. Tampoco es una historia a la que quiera regresar, no quiero y, si quisiera, tampoco sería posible. Sin embargo, la mente es traicionera.


viernes, marzo 06, 2020

Ausencias

Yo tenía unos aretes muy lindos que compré en algún ranchito de Creel, eran unas flores de barro y eran únicos. Un día, cuando vivía en la CitéU, tocó simulacro de evacuación (nota al pie: yo pensé que era una emergencia real y osé salir sin suéter, casi me congelo, pero ésa, como diría la nana Goya, es otra historia). En medio de la multitud, perdí un arete y no me di cuenta. Lo noté cuando regresé a mi estudio, lo busqué en todas partes y nada, mi arete único se esfumó. Durante algunos meses, me ponía algo y pensaba "esto combina con los aretes de barro", pero ya no tenía uno. Pues nada, que así me ha pasado con gente. Hubo alguien que se volvió casi imprescindible en mi vida cotidiana y ya no está y -aunque a diferencia del arete, yo quise que no estuviera- a veces se me olvida que se acabó y pienso tal o cual cosa, pero entonces me acuerdo. Se acabó, no volverá a ser, no tiene por qué ser, la vida es así.

lunes, diciembre 31, 2018

Dosmildieciocho

2018 fue un año interesante, lleno de aprendizajes. Sigo viendo cómo se conectan las cosas y cómo van cobrando sentido con el tiempo.

Éste fue un año acelerado en unos sentidos y tranquilo en otros, acelerado por el ritmo de trabajo y porque no salía de una cosa cuando ya estaba en otras tres, tranquilo porque fue un año de sembrar cosas, de modo que el énfasis estuvo en lo cotidiano y no tanto en los grandes acontecimientos.


Precisamente lo cotidiano me hizo feliz, las cosas espontáneas, como caminar bajo la lluvia, bobear en los callejones de Guanajuato, tomar café y comer pastel en unas escaleras, salir del trabajo en la noche con harto cansancio y decidir a esas santas horas ir a tomar algo, escapar de una obra de teatro muy mala y descubrir en ese rato un lugar lindo para cenar, sonreír cuando llegan mensajes, hacer un equipo muégano en un congreso, salir de otro congreso y correr a la playa, reencontrarse con gente linda, ver que permanece otra gente linda.


Tal como fue previsto en el recuento del año pasado, ya tengo credencial leonesa. El depa ya me quedó chiquito, pero decidí quedarme más tiempo ahí por la ubicación, la vista, la comodidad... y, por supuesto, porque no hay alacranes. Este año sí logré que crecieran mis plantitas en el balcón. Fui a la ópera, a conciertos, a museos, a comer, a tomar café o unos vinos. Seguí estudiando francés y osé entrar a un coro. Hice trabajo de campo y conocí gente maravillosa en el camino. También me atrofié un tobillo (oh, sí, el izquierdo, por tercera vez) y eso me llevó a etnografiar el servicio médico gringo, pero ésa es otra historia.


Hubo momentos muy tristes también. La muerte de María Elena y Sabás en mayo, con tres días de diferencia, me pegó mucho. No pude ir al funeral de ella en Ciudad de México ni al de él en Aguascalientes, porque me tocaba estar en Monterrey. La vida es muy extraña: en Monterrey conocí a María Elena diez años antes, en Monterrey la vi con vida por última vez, aquel día que bobeamos en el aeropuerto. En 2017 me pasó algo similar, la muerte de Corina me sorprendió mientras yo estaba en Buenos Aires. A los tres los llevo en el corazón.


El recuento viajero cerró en 15 aviones, ya no sé cuántos camiones, Bla Bla Car y anexas. Fui a Guanajuato (tres o cuatro veces, de entrada por salida y no me deportaron, muajajá), San Luis Potosí, San Juan de los Lagos, Monterrey, Tetela, Pachuca, Ciudad de México (aunque fuera para hacer escalas) y, por supuesto, Guadalajara y Aguascalientes. Fuera del país esta vez sólo me moví hacia el norte: Los Angeles, San Francisco, Moraga, Eugene y Toronto. Conservé la bonita costumbre de cerrar la maleta cuando el Uber ya está afuera y el vuelo aparece on time. Me sentí diminuta frente a las cataratas del Niagara, como cuando fui a Barrancas del Cobre y al Grand Canyon. Los vuelos retrasados hicieron chicle bomba mis negras intenciones de ir a la playa para aprovechar una espera de 8 horas en un aeropuerto. El cansancio me hizo cancelar algunos viajes que había planeado (Cuernavaca, Ciudad de México, Minneapolis, Montreal... este último sí que me dolió), pero ya recuperé fuerzas y empecé a planear los de 2019 (habemus vuelo para las vacaciones de Semana Santa, habemus).


Las dos películas que más me impactaron en el año fueron The shape of water de Guillermo del Toro y Roma de Alfonso Cuarón. La primera por la capacidad de replantear una historia de fantasía, la segunda por la capacidad de articular una historia de la vida cotidiana con los cambios urbanos, las desigualdades sociales y los acontecimientos sociopolíticos de nuestro país. Coincidentemente, las dos son historias muy personales de mis dos directores mexicanos favoritos. Por supuesto que mantuve mi fascinación por las películas de superhéroes, me impactó la desaparición de tantos personajes con el chasquido de Thanos en Avengers: Infinity War y en estos últimos días me sorprendió gratamente Spiderman into the Spider Verse.


Según Spotify, escuché 58471 minutos de música (sorprendentemente, menos que el año pasado). La canción que más escuché fue "Mombasa", de la banda sonora de Inception que hizo Hans Zimmer. La que más anduve tarareando fue "You'll never know", de la banda sonora de The shape of water, en la voz de Renée Fleming.


Buena parte de mi año quedó registrada en Instagram. Éstas fueron mis #2018bestnine según la aplicación.





En realidad sólo fueron las más populares y, curiosamente, fue una selección muy Canadian, cuatro de las fotos son de aquellos rumbos. Sin embargo, yo hice #myalternative2018bestnine.




Más allá de los viajes, lo que más disfruto es regresar con mi familia, disfrutar a mi mamá, mis perros y gata, salir con los amigos que dejé en Aguascalientes... y eso es lo que he hecho en estos días.





Desde este humilde -y casi abandonado- blog, ¡feliz 2019 a todos!

domingo, diciembre 31, 2017

Dosmildiecisiete

Dejé de hacer propósitos de año nuevo desde 1997, porque pensé (y pienso) que los ciclos de la vida no dependen de las fechas en los calendarios. Sin embargo, siempre me ha gustado escribir recuentos. De hecho, desde 2005 he escrito recuentos en este bonito blog. Hoy regresé a leerlos todos y me dio gusto ver los cambios con cierta distancia. Cuando escribí tal o cual cosa, no sabía lo que vendría después, pero desde este punto miro atrás y creo entender cómo se han ido conectando unas cosas con otras, tanto en términos de mi propia vida como del contexto global.

2017 fue un año muy intenso y satisfactorio en muchos sentidos. Entre lo más relevante de mi año está que gané un premio por mi tesis doctoral y tuve que hacer un viaje relámpago a Valparaíso, Chile, para recibirlo. Fue un año de muchas satisfacciones profesionales, muchas. En ese sentido, el trabajo fue más que bien, aunque me absorbió más de lo necesario. Como sea, es un privilegio poder trabajar en algo que uno ama, con gente que uno aprecia y ése es mi caso.

En algún momento del año, supe que ya me había adaptado a León, mi ciudad de residencia desde agosto de 2016. Caí en la cuenta cuando comencé a comprar cositas para el depa y ya tenía lista de restaurantes favoritos, cuando entendí que mi círculo de amigos (y no sólo amigos) se amplió, cuando alguien se coló en mi vida cotidiana (y espero que no salga de ella) y se volvió tan simple pasar las pocas horas libres bobeando... lo único que falta es que cambie mi credencial de elector, cosa que haré en los próximos días.

Este año, o más bien, el semestre más reciente, decidí hacer un par de cosas para volver a ser la que fui sin renunciar a la que soy (dicho de otro modo, me gusta mucho la mujer que soy ahora, pero extraño muchas cosas de la que he sido antes): regresé a estudiar francés y canto. Las razones son muchas: soy una eterna estudiante y siempre tengo la necesidad de estudiar algo, amo el francés (aunque lo hable mal) y la música (aunque no me haya dedicado a ello), volver a clases significó regresar a algo que amo, ir a clases implicó obligarme a respetar tiempos para mí y no llenarlo todo de trabajo y vida social.

Aunque amo el cine, no fui tanto como de costumbre. De lo que logré ver, las películas que me resultaron más significativas fueron Wonder Woman y Your Name. Quienes me conocen saben que me encantan las historias de superhéroes, Wonder Woman me pareció increíble como tal, pero también como película más allá de los mundos de fantasía. Por supuesto, me encantó la fuerza de un personaje con el que me identifiqué de niña, pero que había dejado en el olvido. Todas las niñas deberían ver esta versión. Quienes me conocen también saben que no soy fan de las historias de adolescentes, pero Your Name es tan bonita, tan compleja, tan triste, tan profunda, tan todo a la vez, que me impactó. De hecho, parte de su banda sonora se instaló en mi mentecilla... y en mis playlists de Spotify, claro.

Por cierto, de acuerdo con el recuento de Spotify, escuché 108555 minutos de música, 5328 canciones diferentes, de 58 géneros musicales. Lo que más escuché fue de Ramin Djawadi, ha de ser porque mi playlist "Banda sonora para calificar" se compone de harta música de Game of Thrones. Por supuesto, mi canción del año es "Somewhere only we know". Ésa canté en mi presentación de canto. Ésa resume mucho de lo que viví este año.

De acuerdo con mis propias notas, este año hubo 16 aviones, pero perdí la cuenta de los viajes en autobús y Bla Bla Car. Estuve en San Luis Potosí (allá empecé el año, de hecho), la Ciudad de México (fui cuatro veces e hice escala seis veces en el aeropuerto), Querétaro, San Juan de los Lagos, Guanajuato, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Minneapolis, Valparaíso (Chile), Monterrey y Oaxaca. Se agregó Santiago a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto. Se agregaron otros lugares a la lista de "por visitar". Veremos a dónde van mis pasos luego.

Fue un año de reencuentros con gente maravillosa y de conocer también a otra gente maravillosa. Puedo decir que soy feliz, que he sido muy afortunada muchos años.

lunes, diciembre 04, 2017

Je voudrais simplement pouvoir te regarder

No tuve ni tengo el valor para decir 80 millones de cosas. Cuando di la media vuelta, algo cambió. Después, al algoritmo de Spotify le pareció buena idea acribillarme con canciones como "La vie en rose". Quizá no sé cómo decir tantas cosas, pero esta canción lo dice mejor: "Je voudrais simplement pouvoir te regarder".





jueves, marzo 09, 2017

Esa noche

Parece haber estado ahí, durante meses, en espera de ser encontrada en los archivos para atacar con un torrente de recuerdos. La rutina de respaldar en el disco duro externo, en la nube y en todo lugar, me llevó a una foto que tomé esa noche. Tomo fotos todo el tiempo y hay unas muy buenas, ésa no es una de las buenas, pero, ¿qué más da, si tiene el superpoder de trasladarme a aquella noche increíble?

miércoles, enero 25, 2017

Para después reconocernos otra vez...

A veces me asusta cuando alguien del "pasado" reaparece. Alguien de mayo se hizo presente el 1 de enero... y el 2 y el 3... y mucho más... y esta vez me dio gusto la reaparición. Él estuvo conmigo en un momento clave de mi vida (al menos, de la parte de mi vida que viví en 2016), en el cual muchos cambios se concentraron en unas horas, e hizo magia. Quiero recordar siempre ese encuentro como un momento feliz. No importa si volvemos a vernos o si no, haber coincidido aquella vez fue maravilloso.

miércoles, enero 18, 2017

dosmildieciséis

Quienes me conocen saben que en la vida cotidiana suelo ser puntual, pero saben también que, por algún extraño motivo, siempre llego tarde cuando se trata de publicar algo, no importa si se trata de fotos de algún viaje (a veces las subo un año después) o de un recuento del año, como éste. Quizás es que necesito tiempo para pensar o tal vez es simplemente que la procrastinación es parte de mi vida.

2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?

Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.

Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.

Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.

Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.

La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)



En resumen, fue un gran año, lleno de cambios. Aquella vez, en San Francisco, compré una libreta muy interesante: tiene una pregunta para cada día del año, pero en cada una tiene cinco espacios para responder la misma pregunta durante cinco años seguidos, con el fin de hacer evidentes los cambios. En los días que van de enero, he visto tanto continuidades como cambios. Quizá por eso sigo haciendo recuentos, para hacer memoria de quién soy y cómo me voy transformando con el paso de los años.

domingo, junio 19, 2016

Let me sing you a waltz

Si todo el semestre había sido una montaña rusa, la última semana de mayo fue la parte más intensa: después de una subida que parecía lenta y dolorosa, siguió una bajada sorpresiva, rápida y casi violenta. La incertidumbre, el momento de la crisis, una conversación que atravesó el Pacífico, noticias de San Luis Potosí, noticias de León, noticias de Querétaro, un British en el momento menos esperado, un evento académico, look at the expert, la noche loca, un viaje relámpago nomás por no dejar, una sala de espera con música clásica en la madrugada, el regreso, las otras dudas, el fut, un paisaje increíble, una promesa de reencuentro. No quiero olvidar cada momento de esa semana, cada lágrima, cada momento de felicidad, cada sorpresa.

domingo, marzo 01, 2015

Never trust me...

Pon en una cajita todas las cosas que no te gustan de mí, como ese extraño sueño de justicia social y mi incapacidad de producir bienes o servicios comercializables. Olvídate de las cosas que sí te gustan de mí, como la pasión por viajar y comer y esas cosas bonitas. Súmale el "no" del otro día. Mezcla todo, vuelve a abrir la cajita y decide si quieres volver a hablar conmigo. Yo, mientras tanto, escribiré 200 planas de "no me arrepiento de nada, pero prometo no volver a resucitar historias que ya estaban cerradas".

sábado, febrero 21, 2015

El pasaro irrumpe sin protección y sin presentarse

"Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño", dice una canción que alguien puso para mí alguna vez.

En un lugar muy frío, hubo alguien que me enseñó lo que significa renunciar a algo para que el otro lo tenga.

Aquel año interesante, él me dejó claro que se enamoró de mí por quien soy, no por cómo me veo.

Quizá febrero de 2015 pase a la historia como un tiempo en que el pasado parece empeñarse en aparecerse en el presente.

jueves, febrero 19, 2015

Silencio que no es silencio

Nunca me ha gustado preguntarme "¿qué hubiera sido?" y durante muchos años he repetido ese lugar común de que el "hubiera" no existe. No nos hagamos tarugos, sí existe, al menos como tiempo verbal y como acto de imaginación. Como sea, prefiero imaginar el futuro, que imaginar cómo hubiera sido el presente de haber tomado decisiones distintas. Tampoco nos hagamos tarugos, las preguntas como ésa no se planean, simplemente surgen en el momento menos esperado... diez años después, por ejemplo. Ya me ocurrió, entre la cercanía y el silencio, recordé que no me gusta preguntarme "¿qué hubiera sido?", pero, ¿qué hubiera sido si aquellos tres cafés se hubieran convertido en algo más? Quizá no hubieran pasado de cuatro, jajaja. Quizá sólo estoy envejeciendo y por eso me pregunto cosas absurdas.

jueves, agosto 14, 2014

El final

No, el cuento aquel no tuvo el final que imaginé. Los otros cuentos tampoco. Tal vez porque no soy buena para imaginar finales. Como sea, vaya si la mente es traicionera, no se espera que a medio taller una recuerde los finales no esperados de los cuentos.

martes, julio 08, 2014

De intrascendencias se construye la vida

Cuando han pasado algunos años y se han acumulado tantas cosas que contar, lo más fácil es no contarlas y optar por hablar de intrascendencias que terminan por resultar profundas. Algo se transformó en este tiempo, algo que ni siquiera sé explicar. Recuerdo tantas pláticas nuestras y no puedo recordar una como ésta, así de entrañable y divertida y todo a la vez.

martes, febrero 11, 2014

There is music in the streets...

Tengo una extraña fascinación por las calles de las ciudades, siempre he pensado que estas últimas se conocen mejor a pie o en transporte público. Ayer llevé a alguien a conocer el centro de mi ciudad y, mientras caminábamos, todo me pareció tan lleno de vida, tan sorprendente, algo como el descubrimiento cotidiano de las calles que siempre han estado ahí.


There is music in the streets, and harmony in machines. 
There's everything i need to do, a little dance for me.

jueves, enero 02, 2014

Dosmiltrece

2013 fue un año de viajes. El recuento indica que usé 76 autobuses foráneos, nueve aviones, tres colectivos, dos trenes, dos ferries, dos lanchas y un velero para la vagancia por Guadalajara, León, San Juan de los Lagos, Nochistlán, Valparaíso, DF, Toluca, Puebla, Chihuahua, Creel, Los Mochis, Culiacán, Melaque, Cancún, Isla Mujeres, Playa del Carmen, Cozumel, Chetumal, Bacalar,  Mérida, Izamal, Campeche, Chichén Itzá y Denver. Nada mal para unos pocos 365 días. Adivinaron, el lugar al que más veces viajé (y regresaré 80 millones de veces más) fue Guadalajara. En una de esas vueltas encontré la cura para la depresión en un puente peatonal y, en otra, me regalé una tarde de diluvio tapatío. Tuve una sensación extraña, como si mi padre me hubiera acompañado en uno de los viajes, fue el de Chihuahua - Creel - Los Mochis - Culiacán. He de confesar que en el 100% de los viajes tuve complicaciones antes de salir: terminé la maleta para ir a Toluca un minuto antes de que el taxi llegara por mí, terminé la maleta para el viaje de fin de año a Cancún diez minutos después de que el taxi llegara por mí (oh, sí, vergüenza vil).

Gran parte de esos viajes fue por motivos académicos. En ese sentido, 2013 fue un año académicamente estimulante, sobre todo en octubre. Todavía no acabo de procesar lo que aprendí en todos los sentidos. Quizá lo mejor fue la lección de sencillez y humildad que vi en Alain Touraine himself, en medio de un mundo académico que a veces nos arrastra en la soberbia.

Hubo otros viajes, emprendidos desde butacas del cine, con maravillas como El gran secreto (algún genio tradujo así The words), No, Cuatro notas de amor (otro genio tradujo así Quartet), Mucho ruido y pocas nueces (Much do about nothing), Before midnight, Gravity, Thor: The dark world, Intriga (algún genio tradujo Prisoners así) y El hobbit. Mi favorita del año fue Gravity. Con Before midnight cerré un ciclo en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 de conocido cine, meses después de que el pasado se me atravesó de golpe dos días seguidos.

A propósito de encuentros cercanos del tercer tipo, este año se registraron oportunidades de inversión no muy fiables. Volví a pensar en ciertos límites geográficos y me pregunté si los sortearé, pero la pregunta ha quedado nuevamente en el aire. Para cerrar el año, experimenté un extraño retorno a la adolescencia.

Seguí leyendo a la Szymborska (aunque sigo sin terminar los dos libros de ella que compré en la FIL en 2012) y me volvió a fascinar Italo Calvino con Si una noche de invierno un viajero. También me fascinó La invención de la soledad, de Paul Auster, me fascinó y me dolió: "Paul Auster comenzó a escribir La invención de la soledad cuando murió su padre de forma repentina", dice la contraportada. Ese libro no fue sólo mi primera lectura del autor, fue también la lectura más dolorosa que hice en 2013, fue como encontrarme con un dolor que yo sabía que estaba ahí pero de cuya dimensión no tenía idea. Los libros tienen sus momentos y éste llegó a mí, en una reedición que compré en Sanborns un día mientras hacía tiempo, justo cuando lo necesitaba.

Vi a Jorge Drexler en vivo y fui muy feliz. Eufemia llegó a mi vida (aunque tardó mil años en encontrar su nombre) y se unió al equipo animal de casa, con Lucas y Justina. Y cumplí 32, ¡aplausos!

lunes, diciembre 16, 2013

Sólo que por eso sea...

Debe haber una máquina del tiempo que me regresó a 1996, porque eso de titubear cuando un tipo guapo e interesante me regala chocolates sólo pasa cuando tengo 15 años. Sí, ha de ser eso.

sábado, septiembre 07, 2013

7F7 / Un beso dura lo que dura un beso...

Muchas veces he experimentado una necesidad increíble de expresar algo y ni sé por dónde empezar—ahora, por ejemplo—. Podría empezar por el principio, pero no se me da eso de la narración lineal. Podría empezar también por el final, pero uno nunca sabe cuándo algo es el final, es más, tal vez eso en lo que estoy pensando fue como el quinto final y —espero— el último y definitivo para siempre jamás. Podría incluso volver a preguntarme qué y por qué escribo en este blog, si abuso del recurso de escribir las cosas en clave y después ni yo misma sé a qué o a quién me refería. Probablemente ocurra eso con este post… o tal vez no. El punto es que muchas veces tomé la decisión de poner punto final a los restos de una historia que arrastro hace muchos años —hey, podríamos cuestionar ahora mismo mi capacidad de decisión, jaja—. A veces las historias terminan y a una le queda el complejo de Adele —por aquello del “for me, it isn’t over”— y no termina de dejar ir algunas cosas. El gran problema viene cuando una toma conciencia del paso del tiempo en el momento menos pensado. Me ocurrió el jueves, en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 del cine más cercano a mi casa, mientras veía Before midnight. Recordé Before sunset y lo que pasaba en mi vida en aquel tiempo. Pensé que nueve años son demasiado, pero me acordé también de dos encuentros este año en el lugar menos esperado y pensé que no hay razones para tirarse al drama. Tal vez la vida habría sido muy distinta si yo hubiera decidido seguir en 2004, pero preferí no hacerlo. Tal vez la vida habría sido muy distinta si yo no hubiera fingido que todo estaba bien en 2005, pero lo hice. Y tal vez la vida habría sido muy distinta si yo hubiera asumido que esa ausencia presente continuaba escondida, haciendo daño desde dentro, todos estos años. A veces una mantiene los fantasmas en casa. A veces, una necesita una película cursi para decidir echarlos. Un beso dura lo que dura un beso y Jarabe de Palo no lo dice, pero un drama dura lo que dura un drama (de algún modo había que justificar la inclusión de este vídeo en el post).

viernes, septiembre 06, 2013

Just passing through...

Fui a ver Before sunset el 12 de marzo de 2005. Fui a ver Before midnight el 5 de septiembre de 2013. Las fechas importan, significan cosas. Aquel fue un día complicado. Éste no. Aquel día, una parte de mí se estaba muriendo, mientras veía a Celine y Jesse pasear por París. Este día me llevó más de una hora caer en la cuenta de lo que ha cambiado en este tiempo y de lo significativas que resultan a veces las fechas. Sin planearlo, este día, en que tuve que correr para alcanzar a ver la película antes de que saliera de cartelera, se ha convertido en el día de dejar ir.

martes, agosto 20, 2013

Puedo ponerme digno y decir...

"Toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos, de un rato, me llamas", me dijo. ¡Plop y más plop!