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miércoles, enero 01, 2020

Dosmildiecinueve


Todos los años son interesantes, todos, también los que no nos encantan. He de decir que 2019 no me encantó. Emocionalmente, fue un año Exatlón —por si estaban con pendiente, es el programa favorito de mi mamá y ahora que vine un par de semanas empecé a verlo también— en el que salía de una tirolesa para entrar a una rastrera y después el lodo me tapaba los ojos, pero aún había que tirar pelotitas y atinar a cosas.


La mala noticia es que el desgaste fue mayúsculo. La buena noticia es que, como se veía venir, I won —por si también estaban con pendiente, soy más competitiva conmigo misma que con los otros, así que ese triunfo fue sobre mis propias expectativas—. Ya veremos cómo se siguen conectando las cosas.

Si el año anterior tuve que bajar el ritmo, en este no hubo manera. No pude, pero tampoco quise. Todavía no salía del drama por una carga institucional que no estuvo a discusión, cuando mi mamá se rompió la muñeca en ocho pedacitos y me tenía que partir en mil. Apenas se estaba resolviendo eso, cuando entraron a robar a mi departamento y eso abrió otra serie de problemas, unos más fuertes que otros. Ni siquiera había terminado de resolver eso, cuando ya estaba otra vez en la avalancha de viajes. Estaba al otro lado del mundo y seguía resolviendo cosas de acá. Regresé en modo Daenerys y, aunque en algún momento dudé si eso valía la pena, al final me quedó claro que valió cada maldito segundo.

Quizás el momento que mejor representa mi año fue el día que subí a la Montaña de Siete Colores. No fui yo quien decidió ir, pero acabé ahí y es algo que agradezco mucho. El punto es que, por una situación complicada que tampoco fue mi decisión, el guía del recorrido osó decirme que no iba a alcanzar a llegar a la cima. Apenas iba a empezar el drama de la vida —como acostumbro— cuando otra guía me dijo que sí podíamos llegar, pero que tendríamos que ir a su paso. Acepté el reto, fuimos y, por algún extraño motivo, estuve a nada de darme por vencida en el último tramo, estaba cansada y harta. Una vez que la guía se adelantó, no pasé ni cinco minutos ahí, vi alrededor gente tirada en el piso o vomitando porque les había pegado la altura —5mil metros sobre el nivel del mar no son cosa fácil— y caí en la cuenta de que a mí no me estaba pasando eso, así que volví a tomar los bastones de trekking y harto aire para terminar de subir. Lo logré. Llegué. Cuando la guía me vio, se puso más contenta que yo. Fue ella quien tomó esta foto, donde me veo fatal, pero que significa tanto para mí.



Hacia el fin del año hubo miles de cosas que quise aventar lejos, sólo que esta vez no eran bastones de trekking. No sé aún qué es lo que me mantiene en pie, pero heme aquí.
Hubo muchos viajes y, con ellos, mucho aprendizaje, reencuentros y gente nueva. El recuento cerró en 24 aviones, ya no sé cuántos camiones y viajes en Bla Bla Car. Fui enemil veces a Aguascalientes, seis a la Ciudad de México, cinco a Guadalajara y cinco a Guanajuato. También estuve en San Juan de los Lagos, Tetela, Zamora y Veracruz, así como en Lima, Cusco, Arequipa y otros lugares de Perú, Bogotá y Madrid. Si el año anterior fue muy anglo, éste fue muy iberoamericano. Honestamente, me cansé mucho, pero no me arrepiento. Tan no me arrepiento, que ya tengo los vuelos para las vacaciones de Semana Santa.

Me mudé por fin, aunque pronto empecé a extrañar el loftito aquel. Fui al teatro, a conciertos, museos, a comer, a tomar café o unos vinos. Me hizo feliz que alguien me donara un boleto para Sarabande en el Teatro del Bicentenario cuando estaba a nada de quedar fuera. Me embobé con “Un mundo” de Ángeles Santos, en el Museo Reina Sofía y me pregunté cuántas obras de mujeres pasan a segundo plano por la cultura machista que arrastramos.



Fui al cine un poco menos de lo que hubiera querido, pero vi cosas interesantes. Vi El artista anónimo (One last deal) —el mismo día que robaron mi depa, por cierto— y me emocionó mucho ver la pasión con la que el protagonista apuesta por algo que parece perdido. Vi En guerre y llegué a la conclusión de que soy la CGT, me enfrento a lo que sea, incluso si llevo las de perder. Vi A rainy day in New York de Woody Allen en medio de la crisis y me pregunté cuál es mi hábitat. También me impactaron otras historias, como Joker y TheTwo Popes. Por si estaban con pendiente, no me gustó Avengers Endgame. Volví a ver series, me eché —entre otras cosas— las tres temporadas de Thehandmaid’s tale, eso implicó maratones y desveladas, así como una obsesión de no sé cuántos días con la escena que abre la segunda temporada, con “Thiswoman’s work” de Kate Bush. Esta última se convirtió en una de las canciones que más escuché en Spotify. Por cierto, la estadística dice que este año escuché 47,691 minutos de música, de artistas de 73 países. Una de mis favoritas fue “AveMaria” de Krzysztof Janczak, en la voz de Dorota Szczepanska.

A propósito, volví a estudiar canto. Seguí estudiando francés. En ambos fui una pésima alumna, el tiempo no me permite ser suficientemente constante, pero es lo que hay. Para mí es importante seguir siendo alumna, aprender todo el tiempo, mantenerme en las cosas que me apasionan. Eso he hecho.

Dejé el pellejo en las clases, asesorías, el trabajo de campo—incluso en un proyecto que no era mío— y hasta en la burocracia. Fui sinodal varias veces y un par de tesistas mías se titularon. Viajé a seis congresos, cerré una importante responsabilidad y no quise asumir otra… o no esta vez, al menos. Escribí mucho, dictaminé mucho también, se fueron abriendo más oportunidades. Tuve la posibilidad de irme y me quedé, no sé si soy valiente o estúpida, pero mis razones tengo.

Cerca del final del año vino la crisis. Fue una mezcla de dudas, desilusión y otras curiosidades. No importaba qué hiciera, la crisis parecía crecer y crecer y crecer, nivel me fui al cine para distraerme y varios diálogos de la película parecían preguntarme cosas. La vida da muchas vueltas, la misma persona que me sostuvo tres —o quizá más— veces, cuando estuve fatal —y a quien, por cierto, yo también sostuve otras tantas— al final hizo un muro infranqueable. Ni modo, la vida es así, pero yo no merezco tan poquito. Como sea, resistí, “with a little help of my friends”, como dice la canción. Estas últimas dos semanas regresé a recargar fuerzas en mi ciudad, con mi mamá, mis amigos —los de siempre y los de los reencuentros—, mis perros y mi gata.

Cumplí 38, muy bien vividos. Dificultades hubo muchas, pero como dije en el post anterior, fue un buen año. Sigo convencida de que la esperanza es el motor que nos mueve —no importa si se habla del mundo, el país, la academia, el trabajo o la vida personal—, pero que ella no es suficiente sin acciones. Las cosas no se transforman por sí mismas, algo habrá que hacer… en todos los escenarios.

En suma, 2019 fue interesante. Algo de eso atestiguan las fotos.



En fin, que 2020 sea interesante, desafiante, emocionante. Como decía Tolkien en modo Gandalf en Lord of the rings: The fellowship of the ring, "all we have to decide is what to do with the time that is given us".

lunes, diciembre 31, 2018

Dosmildieciocho

2018 fue un año interesante, lleno de aprendizajes. Sigo viendo cómo se conectan las cosas y cómo van cobrando sentido con el tiempo.

Éste fue un año acelerado en unos sentidos y tranquilo en otros, acelerado por el ritmo de trabajo y porque no salía de una cosa cuando ya estaba en otras tres, tranquilo porque fue un año de sembrar cosas, de modo que el énfasis estuvo en lo cotidiano y no tanto en los grandes acontecimientos.


Precisamente lo cotidiano me hizo feliz, las cosas espontáneas, como caminar bajo la lluvia, bobear en los callejones de Guanajuato, tomar café y comer pastel en unas escaleras, salir del trabajo en la noche con harto cansancio y decidir a esas santas horas ir a tomar algo, escapar de una obra de teatro muy mala y descubrir en ese rato un lugar lindo para cenar, sonreír cuando llegan mensajes, hacer un equipo muégano en un congreso, salir de otro congreso y correr a la playa, reencontrarse con gente linda, ver que permanece otra gente linda.


Tal como fue previsto en el recuento del año pasado, ya tengo credencial leonesa. El depa ya me quedó chiquito, pero decidí quedarme más tiempo ahí por la ubicación, la vista, la comodidad... y, por supuesto, porque no hay alacranes. Este año sí logré que crecieran mis plantitas en el balcón. Fui a la ópera, a conciertos, a museos, a comer, a tomar café o unos vinos. Seguí estudiando francés y osé entrar a un coro. Hice trabajo de campo y conocí gente maravillosa en el camino. También me atrofié un tobillo (oh, sí, el izquierdo, por tercera vez) y eso me llevó a etnografiar el servicio médico gringo, pero ésa es otra historia.


Hubo momentos muy tristes también. La muerte de María Elena y Sabás en mayo, con tres días de diferencia, me pegó mucho. No pude ir al funeral de ella en Ciudad de México ni al de él en Aguascalientes, porque me tocaba estar en Monterrey. La vida es muy extraña: en Monterrey conocí a María Elena diez años antes, en Monterrey la vi con vida por última vez, aquel día que bobeamos en el aeropuerto. En 2017 me pasó algo similar, la muerte de Corina me sorprendió mientras yo estaba en Buenos Aires. A los tres los llevo en el corazón.


El recuento viajero cerró en 15 aviones, ya no sé cuántos camiones, Bla Bla Car y anexas. Fui a Guanajuato (tres o cuatro veces, de entrada por salida y no me deportaron, muajajá), San Luis Potosí, San Juan de los Lagos, Monterrey, Tetela, Pachuca, Ciudad de México (aunque fuera para hacer escalas) y, por supuesto, Guadalajara y Aguascalientes. Fuera del país esta vez sólo me moví hacia el norte: Los Angeles, San Francisco, Moraga, Eugene y Toronto. Conservé la bonita costumbre de cerrar la maleta cuando el Uber ya está afuera y el vuelo aparece on time. Me sentí diminuta frente a las cataratas del Niagara, como cuando fui a Barrancas del Cobre y al Grand Canyon. Los vuelos retrasados hicieron chicle bomba mis negras intenciones de ir a la playa para aprovechar una espera de 8 horas en un aeropuerto. El cansancio me hizo cancelar algunos viajes que había planeado (Cuernavaca, Ciudad de México, Minneapolis, Montreal... este último sí que me dolió), pero ya recuperé fuerzas y empecé a planear los de 2019 (habemus vuelo para las vacaciones de Semana Santa, habemus).


Las dos películas que más me impactaron en el año fueron The shape of water de Guillermo del Toro y Roma de Alfonso Cuarón. La primera por la capacidad de replantear una historia de fantasía, la segunda por la capacidad de articular una historia de la vida cotidiana con los cambios urbanos, las desigualdades sociales y los acontecimientos sociopolíticos de nuestro país. Coincidentemente, las dos son historias muy personales de mis dos directores mexicanos favoritos. Por supuesto que mantuve mi fascinación por las películas de superhéroes, me impactó la desaparición de tantos personajes con el chasquido de Thanos en Avengers: Infinity War y en estos últimos días me sorprendió gratamente Spiderman into the Spider Verse.


Según Spotify, escuché 58471 minutos de música (sorprendentemente, menos que el año pasado). La canción que más escuché fue "Mombasa", de la banda sonora de Inception que hizo Hans Zimmer. La que más anduve tarareando fue "You'll never know", de la banda sonora de The shape of water, en la voz de Renée Fleming.


Buena parte de mi año quedó registrada en Instagram. Éstas fueron mis #2018bestnine según la aplicación.





En realidad sólo fueron las más populares y, curiosamente, fue una selección muy Canadian, cuatro de las fotos son de aquellos rumbos. Sin embargo, yo hice #myalternative2018bestnine.




Más allá de los viajes, lo que más disfruto es regresar con mi familia, disfrutar a mi mamá, mis perros y gata, salir con los amigos que dejé en Aguascalientes... y eso es lo que he hecho en estos días.





Desde este humilde -y casi abandonado- blog, ¡feliz 2019 a todos!

sábado, diciembre 15, 2018

Con ellos yo veía los aviones

Ya que andamos todos memoriosos con  #MyROMA, les cuento: Mi papá era quien me llevaba y traía del kínder. Era un tipo muy alto, así que recuerdo dos cosas: que era muy fácil encontrarlo a la salida (la cabeza que sobresalía a cualquier otra) y que yo -en aquel tiempo chaparrita y flaquitita- parecía más una extensión de su brazo que una persona. Era obsesivo con la puntualidad, así que siempre estuve a tiempo. Sin embargo, un día tuvo un problema con su reloj y no estuvo ahí a las 12 del día. Lo que yo recuerdo es que todos se fueron y yo buscaba aquel andar tan particular entre la gente, pero no aparecía. Una de las asistentes me llevó a los juegos para entretenerme un poco. Mientras tanto, en casa, mi mamá estaba muy preocupada al ver que no llegábamos. Fue al kínder, encontró aquella escena de la niña y la asistente en una escuela casi vacía. Le agradeció por cuidarme y me llevó de regreso a casa. Ni les cuento cómo le fue a mi papá cuando volvió, dos horas tarde, con un reloj que se había parado a las 11:30 AM.

En aquel tiempo era terriblemente tímida. No tuve hermanos, así que mi vida transcurría con adultos. Los hijos de los amigos de mis papás eran mayores que yo, así que me resultaba fácil interactuar con mayores, pero muy difícil con los de mi edad. También era francamente soberbia. Aprendí a leer y escribir a los 4 años y eso me daba una sensación de superioridad frente a mis compañeros, que seguían haciendo líneas y bolitas. Viajábamos mucho, la mayoría de las veces a lugares cercanos y sin planes. En mi cabeza, Guadalajara era la ciudad de las casas grandotas (edificios, pues), Guanajuato era donde había callejones y Zacatecas era donde estaba la Bufa (yo ya odiaba la Bufa). El viaje que más representa la relación entre mis padres y yo fue uno a Vallarta: mi papá no veía peligro en que yo jugara en la playa, mientras mi mamá veía la zona de olas altas cual si fuera zona de tornados. Había tres cosas en las que sí coincidían: tenían personalidades muy fuertes, lo más importante para ellos era yo (o eso decían, jaja) y construyeron una idea del compromiso muy rara para los años 80. Ya he contado otras veces que nunca se casaron (pecado mortal para las sociedades conservadoras de aquel tiempo y para sus familias, auch), su compromiso era sólo de palabra y así duró 24 años, hasta que él murió. Tenían un ritual que yo entonces no entendía y ahora valoro mucho: todos los días a las 7 PM tomaban café y hablaban, el mundo podía caerse mientras tanto (y el mundo podía ser yo, por supuesto), pero ese momento era suyo y de nadie más.

Ésta que ven está hecha -entre otras cosas- de esa historia. Soy obsesiva con la puntualidad (que no siempre logre llegar a tiempo no significa que no me importe) y ñoña como mi padre. Me encanta salir, soy sociable y también canto, como mi madre. Amo viajar y tengo el superpoder de hacer y deshacer maletas en 10 minutos. Ya no soy tímida, pero por momentos sigo luchando contra la soberbia. Dicen los que me conocen que también tengo una personalidad tantito intensa, como ellos. La vida da muchas vueltas y esos lugares que recorrimos tantas veces se convirtieron en parte de mi vida adulta: mi primer trabajo académico fue en Zacatecas, estudié en Guadalajara y ahora trabajo en León. A veces todavía encuentro ese andar tan particular entre la gente, aunque murió hace 15 años. Hablo por teléfono todos los días con mi mamá. Y, cuando veo los aviones desde el balcón (no en el charco), siempre los recuerdo a ellos, MaryChuy y Luis.

domingo, diciembre 31, 2017

Dosmildiecisiete

Dejé de hacer propósitos de año nuevo desde 1997, porque pensé (y pienso) que los ciclos de la vida no dependen de las fechas en los calendarios. Sin embargo, siempre me ha gustado escribir recuentos. De hecho, desde 2005 he escrito recuentos en este bonito blog. Hoy regresé a leerlos todos y me dio gusto ver los cambios con cierta distancia. Cuando escribí tal o cual cosa, no sabía lo que vendría después, pero desde este punto miro atrás y creo entender cómo se han ido conectando unas cosas con otras, tanto en términos de mi propia vida como del contexto global.

2017 fue un año muy intenso y satisfactorio en muchos sentidos. Entre lo más relevante de mi año está que gané un premio por mi tesis doctoral y tuve que hacer un viaje relámpago a Valparaíso, Chile, para recibirlo. Fue un año de muchas satisfacciones profesionales, muchas. En ese sentido, el trabajo fue más que bien, aunque me absorbió más de lo necesario. Como sea, es un privilegio poder trabajar en algo que uno ama, con gente que uno aprecia y ése es mi caso.

En algún momento del año, supe que ya me había adaptado a León, mi ciudad de residencia desde agosto de 2016. Caí en la cuenta cuando comencé a comprar cositas para el depa y ya tenía lista de restaurantes favoritos, cuando entendí que mi círculo de amigos (y no sólo amigos) se amplió, cuando alguien se coló en mi vida cotidiana (y espero que no salga de ella) y se volvió tan simple pasar las pocas horas libres bobeando... lo único que falta es que cambie mi credencial de elector, cosa que haré en los próximos días.

Este año, o más bien, el semestre más reciente, decidí hacer un par de cosas para volver a ser la que fui sin renunciar a la que soy (dicho de otro modo, me gusta mucho la mujer que soy ahora, pero extraño muchas cosas de la que he sido antes): regresé a estudiar francés y canto. Las razones son muchas: soy una eterna estudiante y siempre tengo la necesidad de estudiar algo, amo el francés (aunque lo hable mal) y la música (aunque no me haya dedicado a ello), volver a clases significó regresar a algo que amo, ir a clases implicó obligarme a respetar tiempos para mí y no llenarlo todo de trabajo y vida social.

Aunque amo el cine, no fui tanto como de costumbre. De lo que logré ver, las películas que me resultaron más significativas fueron Wonder Woman y Your Name. Quienes me conocen saben que me encantan las historias de superhéroes, Wonder Woman me pareció increíble como tal, pero también como película más allá de los mundos de fantasía. Por supuesto, me encantó la fuerza de un personaje con el que me identifiqué de niña, pero que había dejado en el olvido. Todas las niñas deberían ver esta versión. Quienes me conocen también saben que no soy fan de las historias de adolescentes, pero Your Name es tan bonita, tan compleja, tan triste, tan profunda, tan todo a la vez, que me impactó. De hecho, parte de su banda sonora se instaló en mi mentecilla... y en mis playlists de Spotify, claro.

Por cierto, de acuerdo con el recuento de Spotify, escuché 108555 minutos de música, 5328 canciones diferentes, de 58 géneros musicales. Lo que más escuché fue de Ramin Djawadi, ha de ser porque mi playlist "Banda sonora para calificar" se compone de harta música de Game of Thrones. Por supuesto, mi canción del año es "Somewhere only we know". Ésa canté en mi presentación de canto. Ésa resume mucho de lo que viví este año.

De acuerdo con mis propias notas, este año hubo 16 aviones, pero perdí la cuenta de los viajes en autobús y Bla Bla Car. Estuve en San Luis Potosí (allá empecé el año, de hecho), la Ciudad de México (fui cuatro veces e hice escala seis veces en el aeropuerto), Querétaro, San Juan de los Lagos, Guanajuato, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Minneapolis, Valparaíso (Chile), Monterrey y Oaxaca. Se agregó Santiago a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto. Se agregaron otros lugares a la lista de "por visitar". Veremos a dónde van mis pasos luego.

Fue un año de reencuentros con gente maravillosa y de conocer también a otra gente maravillosa. Puedo decir que soy feliz, que he sido muy afortunada muchos años.

miércoles, enero 18, 2017

dosmildieciséis

Quienes me conocen saben que en la vida cotidiana suelo ser puntual, pero saben también que, por algún extraño motivo, siempre llego tarde cuando se trata de publicar algo, no importa si se trata de fotos de algún viaje (a veces las subo un año después) o de un recuento del año, como éste. Quizás es que necesito tiempo para pensar o tal vez es simplemente que la procrastinación es parte de mi vida.

2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?

Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.

Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.

Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.

Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.

La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)



En resumen, fue un gran año, lleno de cambios. Aquella vez, en San Francisco, compré una libreta muy interesante: tiene una pregunta para cada día del año, pero en cada una tiene cinco espacios para responder la misma pregunta durante cinco años seguidos, con el fin de hacer evidentes los cambios. En los días que van de enero, he visto tanto continuidades como cambios. Quizá por eso sigo haciendo recuentos, para hacer memoria de quién soy y cómo me voy transformando con el paso de los años.

domingo, julio 24, 2016

British border control

Siempre pensé que los border control de los gringos eran terribles, pero hoy conocí la versión British en suelo francés y extrañé a los gringos.

Debía tomar el Eurostar de las 12:13 horas de París a Londres y, según el boleto, era necesario estar ahí 30 minutos antes. En realidad sólo estuve 28 minutos antes, después de atravesar corriendo la Gare du Nord, pero no habría bastado ni con 45 minutos, sospecho.

Después de que los franceses pusieron en mi pasaporte el sello de salida del espacio Schengen, pasé al border control de los British. Había dos filas, as usual, la de European Union citizens y la de other passports, las dos igual de largas y de lentas, creo que avanzaban dos milímetros cada cinco minutos. Decidieron entonces abrir una tercera fila sólo para los pasajeros del tren de las 12:13, sin distinción de nacionalidades. ¡Gran idea! Casi todos íbamos a ese tren, así que había una sola agente para nosotros y cuatro agentes más para los pasajeros de trenes que salían más tarde, why not?

Esta fila era más lenta. Se fue el tren y al menos 20 personas seguíamos atoradas en la fila. A varios de nosotros nos regresaron porque no habíamos llenado la forma migratoria. Ah, claro, es que olvidaron dárnosla porque estaban ocupados cambiándonos de fila. Terminé de llenar mi forma justo cuando me tocó pasar con la agente. Ella intentó regresarme otra vez, porque dejé en blanco el número del tren en el que iba... pues, ¿cómo le explico que no sé, que el tren que debí tomar se fue mientras andaban con sus numeritos? Pero ella seguía instalada en el rechazo. Me salió la francesa que no soy y empecé a hacer esa expresión que hacen ellos cuando algo les molesta (es decir, casi siempre), que es simplemente un ruido con la boca. Parece que usé una varita mágica, porque a partir de eso, la actitud de la agente cambió, me siguió haciendo 40 millones de preguntas, pero en un tono más amable: que cuál es mi asunto en London, que por qué estaba en París, que a dónde iré después, que por qué el sello de entrada al Schengen que tiene mi pasaporte es de Amsterdam, que a qué me dedico en México, que por qué voy a dos congresos en vez de a divertirme. Total, que con tanta preguntadera casi pierdo el siguiente tren, el de las 12:43, why not?

viernes, julio 22, 2016

Paris sera toujours Paris

Nunca fue mi sueño de la vida venir a París, pero la vida me trajo aquí (y a Louvain la Neuve) en 2014, para hacer una estancia corta de investigación. Casi no hablaba francés (sigo hablando poco y mal, btw), tenía una beca en pesos mexicanos que se hacía increíblemente chiquita cuando se convertía a euros y no conocía gente por estos rumbos. Para colmo, me lastimé un tobillo en la segunda semana de estancia y me tuve que chutar una atención médica deficiente y dos semanas de la ecuación férula + escaleras y laberintos de las estaciones del metro + la poquísima o quizás inexistente solidaridad de los parisinos.

Mientras arrastraba mi patita bandola, empecé a ver a quienes iban a la misma velocidad que yo, es decir, a los viejitos. Alrededor de la CitéU que fue mi casa esas semanas, había muchos viejitos con la vida económicamente resuelta, pero con otras necesidades. Estaban solos, algunos enfermos, con problemas de movilidad... y yo, que he pasado mucho tiempo sola y he sido muy feliz sola, empecé a preguntarme si quería llegar sola a esa edad. Tuve que venir hasta acá para descubrir un miedo a la soledad que no sabía que tenía.

No sé si fue por todo lo que aprendí, por la gente linda que conocí o porque esta ciudad -a su modo- es adorable, pero se convirtió en mi casa. Ha pasado poco más de un año y medio y, al planear un viaje ñoñísimo a Viena y Leicester, sentí la necesidad de estar aquí, como si se tratara de volver a casa. Paris sera toujours Paris...

jueves, marzo 31, 2016

de nombres y nacionalidades

En la recepción de la Maison des Provinces de France, que fue mi hogar casi dos meses, un día de noviembre de 2014.
- Je n'avait jamais écouté ton prénom. Est-ce qu'il est très commun au Mexique ?
- No, il est rare aussi au Mexique.


En la recepción de un congreso en Brno, otro día de noviembre de 2014.
- I haven't heard your name before, I mean never. Sounds Russian, are you Russian?´


Varios lugares en París, después de mostrar mi credencial de estudiante o mi pasaporte, en 2014.
- Mexique ? Il semble que vous êtes de la Syrie ou du Liban.
Debí haber preguntado: ¿Cómo? ¿Es que acá no conocen los ojos tapatíos?

Un bar en Louvain la Neuve, diciembre de 2014.
Un polaco: Wow, Mexico, what language do people speak there?
Yo, nomás por joder: Mexican.
(Y pensaba: No mames, yo sí sé dónde está tu país y qué idioma hablan y hasta soy fan de la Szymborska).
Mi co-tutor de aquel lado del mundo: Spanish.
Yo, ya pa' componerle: Mexican Spanish, hahaha.

Brno, noviembre de 2014.
- Wow, Mexico. So exotic.
- Wow, Mexico. I'm so interested in Mayas and tequila.

Guadalajara, después de una breve conversación con un tipo interesante... tan interesante que ya olvidé su nombre, 2008.
- And where are you from, Doris?
- I'm from Mexico, and you?
- Mexico? Yo también soy mexicano, de Aguascalientes.
- ¿Neta? Yo también.
Resultó que el tipo era casi mi vecino.

Aeropuerto París Orly, después de mostrar mi pasaporte para abordar, 2014.
(Cantado al ritmo de samba).
- Mexico, Mexico, Mexico... samba, tango, tequila.

Grand Canyon, 2015.
- Why you come from Mexico? That is too far.
- If you go to the South of Arizona, you could find Mexico on the other side.
- Really?
- Actually, long time ago, Arizona was part of Mexico.
- Really?

San Francisco, 2015.
- Mexican, you're almost  local. Welcome!
:3

Atenas, 2014.
- Can you take us a pic please, miss?
- Sure.
- Thank you, where you come from?
- Mexico, and you?
- También somos mexicanos [...]. ¿Quieres unos chilitos?
Ya iba yo a pensar mal y que saca el señor una bolsa ziploc del saco, con chile de árbol, chile habanero y chile morita, quesque para no extrañar.

miércoles, enero 27, 2016

Dosmilquince

Casi se acaba el primer mes del 2016 y apenas he aparecido por estos lugares a hacer mi recuento de 2015. ¡Aplausos!

2015 fue un año interesante, lleno de trabajo, pero también lleno de incertidumbres. Terminé el doctorado y la tesis, todo un ciclo, no sin antes pasar buena parte del verano en crisis, con la sensación de que caminaba hacia Mordor (la sensación no se ha ido, por cierto).

Me pregunté qué hubiera sido si..., me encontré con historias pasadas y hasta me quedó claro cuáles no tendría por qué haber resucitado... o quizá sí.

El recuento de viajes incluyó Guadalajara (as usual), Querétaro, Puerto Vallarta, Phoenix y San Francisco. Oh, sí, por fin vi el Grand Canyon con mis propios ojitos y fui también a jugar con la nieve en Yosemite. ¿Qué vendrá en 2016?

Hace un año escribí que 2014 había sido el año con menos entradas en este blog (14). Tristemente, puedo decir que 2015 fue peor, sólo cinco entradas.

sábado, enero 03, 2015

Dosmilcatorce

2014 pasará a la historia (a mi historia) como el año en que menos he escrito en este blog. Fue un año complicado, de claroscuros.

Me enfrenté al horror de la página en blanco... ¡con la tesis! En el mismo semestre, viví una de las experiencias más complicadas de mis años en la docencia y otra increíblemente emocionante. Fui de congresos y de estancia de investigación. Hubo cosas que se reconectaron hacia el final del año.

Hubo viajes, comida, libros y cine. Hubo relaciones de amistad y de familia que se fortalecieron. En casa, mis bestias peludas Justina, Lucas y Eufemia siguieron siendo grandes alegrías.

El recuento de viajes cerró en 37 autobuses, 19 aviones y 14 trenes, que me llevaron a Guadalajara, la Ciudad de México, León, Irapuato, San Luis Potosí, Dolores Hidalgo, San Miguel de Allende, Bogotá, París, Lisboa, Brujas, Gante, Bruselas, Louvain la Neuve, Brno, Praga, Berlín, Atenas, Roma, Zaragoza y Ámsterdam. Not bad! ¿A dónde iré en 2015?

martes, julio 08, 2014

De intrascendencias se construye la vida

Cuando han pasado algunos años y se han acumulado tantas cosas que contar, lo más fácil es no contarlas y optar por hablar de intrascendencias que terminan por resultar profundas. Algo se transformó en este tiempo, algo que ni siquiera sé explicar. Recuerdo tantas pláticas nuestras y no puedo recordar una como ésta, así de entrañable y divertida y todo a la vez.

miércoles, marzo 12, 2014

Lights will guide you home...

Y cuando escuché la parte que dice "lights will guide you home" vi las luces que anunciaban la llegada a la ciudad y lloré cual Magdalena.

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jueves, febrero 06, 2014

3B

¿Será que 2014 es el año de las tres B?

jueves, enero 02, 2014

Dosmiltrece

2013 fue un año de viajes. El recuento indica que usé 76 autobuses foráneos, nueve aviones, tres colectivos, dos trenes, dos ferries, dos lanchas y un velero para la vagancia por Guadalajara, León, San Juan de los Lagos, Nochistlán, Valparaíso, DF, Toluca, Puebla, Chihuahua, Creel, Los Mochis, Culiacán, Melaque, Cancún, Isla Mujeres, Playa del Carmen, Cozumel, Chetumal, Bacalar,  Mérida, Izamal, Campeche, Chichén Itzá y Denver. Nada mal para unos pocos 365 días. Adivinaron, el lugar al que más veces viajé (y regresaré 80 millones de veces más) fue Guadalajara. En una de esas vueltas encontré la cura para la depresión en un puente peatonal y, en otra, me regalé una tarde de diluvio tapatío. Tuve una sensación extraña, como si mi padre me hubiera acompañado en uno de los viajes, fue el de Chihuahua - Creel - Los Mochis - Culiacán. He de confesar que en el 100% de los viajes tuve complicaciones antes de salir: terminé la maleta para ir a Toluca un minuto antes de que el taxi llegara por mí, terminé la maleta para el viaje de fin de año a Cancún diez minutos después de que el taxi llegara por mí (oh, sí, vergüenza vil).

Gran parte de esos viajes fue por motivos académicos. En ese sentido, 2013 fue un año académicamente estimulante, sobre todo en octubre. Todavía no acabo de procesar lo que aprendí en todos los sentidos. Quizá lo mejor fue la lección de sencillez y humildad que vi en Alain Touraine himself, en medio de un mundo académico que a veces nos arrastra en la soberbia.

Hubo otros viajes, emprendidos desde butacas del cine, con maravillas como El gran secreto (algún genio tradujo así The words), NoCuatro notas de amor (otro genio tradujo así Quartet), Mucho ruido y pocas nueces (Much do about nothing), Before midnightGravityThor: The dark worldIntriga (algún genio tradujo Prisoners así) y El hobbit. Mi favorita del año fue Gravity. Con Before midnight cerré un ciclo en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 de conocido cine, meses después de que el pasado se me atravesó de golpe dos días seguidos.

A propósito de encuentros cercanos del tercer tipo, este año se registraron oportunidades de inversión no muy fiables. Volví a pensar en ciertos límites geográficos y me pregunté si los sortearé, pero la pregunta ha quedado nuevamente en el aire. Para cerrar el año, experimenté un extraño retorno a la adolescencia.

Seguí leyendo a la Szymborska (aunque sigo sin terminar los dos libros de ella que compré en la FIL en 2012) y me volvió a fascinar Italo Calvino con Si una noche de invierno un viajero. También me fascinó La invención de la soledad, de Paul Auster, me fascinó y me dolió: "Paul Auster comenzó a escribir La invención de la soledad cuando murió su padre de forma repentina", dice la contraportada. Ese libro no fue sólo mi primera lectura del autor, fue también la lectura más dolorosa que hice en 2013, fue como encontrarme con un dolor que yo sabía que estaba ahí pero de cuya dimensión no tenía idea. Los libros tienen sus momentos y éste llegó a mí, en una reedición que compré en Sanborns un día mientras hacía tiempo, justo cuando lo necesitaba.

Vi a Jorge Drexler en vivo y fui muy feliz. Eufemia llegó a mi vida (aunque tardó mil años en encontrar su nombre) y se unió al equipo animal de casa, con Lucas y Justina. Y cumplí 32, ¡aplausos!

miércoles, enero 01, 2014

Treinta y dos

Los treinta y dos llegaron mientras volaba escapando del frío. Celebré con una botella de tinto, en algún hotel de un lugar donde el invierno se vive a 28ºC. Perdí la batalla contra el sol, comprobé que mi capacidad de asombro sigue viva, le di la vuelta a la península, comí como si no hubiera mañana, tomé como 1500 fotos y regresé a casa. En suma, los treinta y dos llegaron mientras hacía lo que me gusta: viajar. Qué felicidad.

domingo, febrero 17, 2013

En algún lugar...

No puedo creer que estemos más allá de la mitad del segundo mes de este año. Como sea, mis pies ya han caminado por Cancún, Mérida, Izamal, Campeche, Chichén Itzá, Guadalajara, San Juan de los Lagos, León, la Ciudad de México y mi adorada Aguascalientes... nada mal para tan poco tiempo.

domingo, enero 08, 2012

De las intensidades de 2011 y esas cosas...

El Inventario general del mundo que hace un loco personaje de Eduardo Galeano, incluye un montón de cosas usadas, gastadas y olvidadas, porque... "Toda basura era vida vivida, y de la basura venía todo lo que en el mundo era o había sido. Nada de lo intacto merecía figurar. Lo intacto había muerto sin nacer. La vida sólo latía en lo que tenía cicatrices". En el inventario de mi vida, 2011 fue un año muy intenso, mucho, mucho, mucho.

Físicamente, me fue de la fregada. Tuve salmonelosis, los medicamentos me causaron gastritis, una mugre bacteria me provocó una infección en un ojo y terminé el año con gripe. Además, tengo una muela menos, un choque me dejó con un esguince cervical y en el tiempo que estuve bien, me tocó cuidar a mi mamá, en los días de la férula. Como sea, alguna buena noticia debía haber, 10 kilos desaparecieron de este cuerpecillo con algo de esfuerzo.

En fin, esas minucias no evitaron que cumpliera algunos planes. Estudié solfeo y francés y se me cruzaron los idiomas (ha de ser una maldición por burlarme de López Dóriga... aunque ahora también puedo burlarme de Peña Nieto). Sobre todo, llegaron muy buenas noticias y lo hicieron todas juntas, regresé a dar clases a mi alma mater y comencé el doctorado. El inicio fue rudo, no quiero imaginarme el final. De momento, mis horas de sueño han disminuido considerablemente, pero eso no importa, porque he encontrado ene cosas que hacen que la vida vale la pena. Un gran proyecto se quedó en stand by. Además, estuve a nada de dejar de publicar El Cafecito, pero Arlette accedió a coordinarlo por los próximos años.

Dije que viajaría más y lo cumplí parcialmente. Estuve en Mazamitla, en algunos lugares en Michoacán, en la Huasteca hidalguense en algún momento y en Pachuca en otro. Por supuesto, nuevamente hay viajes regulares a Guadalajara. En esos viajes, se han fortalecido algunas amistades y han surgido otras.

Hubo momentos espectaculares, como el reencuentro con mis compañeros de secundaria y algunos episodios del equipo de rescate animal. Hubo también momentos muy tristes, cuando tres de mis (ex)alumnos murieron: una de cáncer y dos más en accidentes. También cuando perdí una amiga... o alguien que pensé que era mi amiga.

Muchas películas me hicieron feliz: Baaria127 horasLa mujer que cantabaDe hombres y de dioses y, por supuesto, Medianoche en París. Y muchas canciones también me han acompañado, pero tal vez las más recurrentes han sido Pequeño vals de Marlango, Felicidade de Marcelo Jeneci, Silencio de Los Tipitos y Al lado del camino de Fito Páez.

Los hombres de mi vida merecen un capítulo aparte. Alguien que en 2010 me pidió que confiara, ha estado presente en mi vida hace muchos meses ("ha estado", en presente perfecto). Viví el romance más rápido de occidente, en abril. Tiempo después, sentí feíto decir que no, pero es mejor hablar con la verdad. Me enamoré, "como se enamoran siempre las mujeres inteligentes, como una idiota" por ahí de octubre (aunque se veía venir desde algunos meses antes) y en noviembre abrí los ojitos. Encontré los ojos más bonitos del mundo en una noche de ñoñez y, aunque hay muchos kilómetros de por medio, espero volver a verlos algún día.

En asuntos aparentemente menos trascendentes: me mudé al lado oscuro de las compras compulsivas, quedó claro que soy una cursi de clósetno encontré días de 48 horas por más que los busqué, experimenté algunas señales del Apocalipsistomé vino tinto en taza (vergüenza vil), mi capacidad de asombro fue puesta a prueba por la verdad revelada y otras maravillas, entré a presión en el tren ligero, experimenté dificultades técnicas para llegar a dormir tras un episodio de aventuras culturosas y mezcaleras y tras otro de borrachera postcoloquial, quise que mi cabello fuese rojo caramelo y terminó en algo como tangerine Clementine. La frase del año, sin duda, es "primero recoge del suelo los pedacitos de tu corazón", fue dicha por un amigo mío en un bar y, lo más importante, no fui destinataria de ese bonito pensamiento.

En suma, me cayeron muchos veintes y mucho empezó a tomar sentido. Divagué sobre la condición de las mujeres y sobre la mía en ese contexto. Me quedó claro que ya no me preocupa equivocarme, porque equivocarse también es vivir. La cuenta regresiva, 365para30, valió la pena. He llegado al tercer piso y la vida se ve maravillosa desde aquí. Como sea, no he llegado sola, sino con un montón de gente hermosa (como la gente bonita que nos acompaña).

martes, diciembre 20, 2011

1

Siempre ha sido un misterio para mí cómo es que se construyen las amistades. Uno puede formular enemil hipótesis en torno a los gustos compartidos, los amigos en común, los momentos, en fin, pero no hay mucho que pueda explicar qué hace que unas relaciones sean más fuertes que otras ni cómo es que algunas parecen salidas de la nada. Como sea, compartir tanto estos días, con alguien que hasta hace dos semanas era una perfecta desconocida y que, en pocos días, estará de regreso en su casa, al otro lado del Atlántico, es algo tan loco como agradable. Merci et bon voyage, Lien.

miércoles, diciembre 14, 2011

7

Éste ha de pasar a la historia como un día surreal, que incluyó el inicio de una película semi-porno en un autobús lleno de señoras, un chofer apenadísimo que cambió la película por otra ultra-religiosa sobre el matrimonio, una señora mayor que vociferó "hubiera dejado la otra", una fiesta corporativa donde el 90% de la asistencia se componía de mujeres que se convirtió (como todos los años) en una lucha se señoras desesperadas por atrapar a los tres güeyes que bailan, un grupo de 17 gerentes vestidos de smoking para bailar Poker Face, ene llamadas de mi trabajo que no podía contestar decentemente por el exceso de ruido, un intento de atropello a mi persona por parte de un tipo que iba dentro de una avioneta de cartón, unas escaleras que supuestamente conducían a un cajero automático y llegaban a la nada, una borrachera marca diablo (eso ya no es tan surreal), una extraña confusión y un japonés que baila una de Enrique Iglesias. Mi capacidad de asombro fue puesta a prueba... y, pensándolo bien, quizá desde ayer fue un día tantito surreal.

viernes, diciembre 09, 2011

12

Pensaba ir de compras por la mañana, pero el inexplicable dolor de cabeza me sugirió que era mejor idea regresar a casa. Con este viaje de regreso, en condiciones no apropiadas, se cierra un semestre (de ocho) de esta extraña aventura que me ha dejado hartas canas nuevas, ojeras enormes tras dormir 20 horas por semana,  una palidez acentuada, grandes retos, nuevos amigos - compañeros de aventuras y también nuevos amigos, de los que se conocen inesperadamente al desempacar, al desayunar o cuando una puerta se atora.