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domingo, diciembre 31, 2017

Dosmildiecisiete

Dejé de hacer propósitos de año nuevo desde 1997, porque pensé (y pienso) que los ciclos de la vida no dependen de las fechas en los calendarios. Sin embargo, siempre me ha gustado escribir recuentos. De hecho, desde 2005 he escrito recuentos en este bonito blog. Hoy regresé a leerlos todos y me dio gusto ver los cambios con cierta distancia. Cuando escribí tal o cual cosa, no sabía lo que vendría después, pero desde este punto miro atrás y creo entender cómo se han ido conectando unas cosas con otras, tanto en términos de mi propia vida como del contexto global.

2017 fue un año muy intenso y satisfactorio en muchos sentidos. Entre lo más relevante de mi año está que gané un premio por mi tesis doctoral y tuve que hacer un viaje relámpago a Valparaíso, Chile, para recibirlo. Fue un año de muchas satisfacciones profesionales, muchas. En ese sentido, el trabajo fue más que bien, aunque me absorbió más de lo necesario. Como sea, es un privilegio poder trabajar en algo que uno ama, con gente que uno aprecia y ése es mi caso.

En algún momento del año, supe que ya me había adaptado a León, mi ciudad de residencia desde agosto de 2016. Caí en la cuenta cuando comencé a comprar cositas para el depa y ya tenía lista de restaurantes favoritos, cuando entendí que mi círculo de amigos (y no sólo amigos) se amplió, cuando alguien se coló en mi vida cotidiana (y espero que no salga de ella) y se volvió tan simple pasar las pocas horas libres bobeando... lo único que falta es que cambie mi credencial de elector, cosa que haré en los próximos días.

Este año, o más bien, el semestre más reciente, decidí hacer un par de cosas para volver a ser la que fui sin renunciar a la que soy (dicho de otro modo, me gusta mucho la mujer que soy ahora, pero extraño muchas cosas de la que he sido antes): regresé a estudiar francés y canto. Las razones son muchas: soy una eterna estudiante y siempre tengo la necesidad de estudiar algo, amo el francés (aunque lo hable mal) y la música (aunque no me haya dedicado a ello), volver a clases significó regresar a algo que amo, ir a clases implicó obligarme a respetar tiempos para mí y no llenarlo todo de trabajo y vida social.

Aunque amo el cine, no fui tanto como de costumbre. De lo que logré ver, las películas que me resultaron más significativas fueron Wonder Woman y Your Name. Quienes me conocen saben que me encantan las historias de superhéroes, Wonder Woman me pareció increíble como tal, pero también como película más allá de los mundos de fantasía. Por supuesto, me encantó la fuerza de un personaje con el que me identifiqué de niña, pero que había dejado en el olvido. Todas las niñas deberían ver esta versión. Quienes me conocen también saben que no soy fan de las historias de adolescentes, pero Your Name es tan bonita, tan compleja, tan triste, tan profunda, tan todo a la vez, que me impactó. De hecho, parte de su banda sonora se instaló en mi mentecilla... y en mis playlists de Spotify, claro.

Por cierto, de acuerdo con el recuento de Spotify, escuché 108555 minutos de música, 5328 canciones diferentes, de 58 géneros musicales. Lo que más escuché fue de Ramin Djawadi, ha de ser porque mi playlist "Banda sonora para calificar" se compone de harta música de Game of Thrones. Por supuesto, mi canción del año es "Somewhere only we know". Ésa canté en mi presentación de canto. Ésa resume mucho de lo que viví este año.

De acuerdo con mis propias notas, este año hubo 16 aviones, pero perdí la cuenta de los viajes en autobús y Bla Bla Car. Estuve en San Luis Potosí (allá empecé el año, de hecho), la Ciudad de México (fui cuatro veces e hice escala seis veces en el aeropuerto), Querétaro, San Juan de los Lagos, Guanajuato, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Minneapolis, Valparaíso (Chile), Monterrey y Oaxaca. Se agregó Santiago a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto. Se agregaron otros lugares a la lista de "por visitar". Veremos a dónde van mis pasos luego.

Fue un año de reencuentros con gente maravillosa y de conocer también a otra gente maravillosa. Puedo decir que soy feliz, que he sido muy afortunada muchos años.

miércoles, febrero 01, 2017

Llueve afuera...

"Llueve afuera, sí... y también dentro de mí, lloro por ti, porque tú te has marchado y jamás volverás. Estás lejos de mí, sin tu amor, qué dolor, la tristeza me invade y no se marchará". Así decía una canción que cantamos alguna vez, en una clase de canto. Hoy la recordé, mientras viví un episodio cómico-mágico-musical en la oficina. Sucede que, justo a la hora que salgo a comer, estaba lloviendo, así que opté por esperar a que escampara un poco. Casi 40 minutos después, dejó de llover, casi hasta salió el sol y emprendí la caminata hacia casa... pero ni siquiera logré llegar a la puerta de la universidad, cuando la tormenta había regresado. Volví a guardarme y volvió a dejar de llover. Mientras tanto, esa canción estuvo en mi mente toda la tarde... y no es la primera vez que me pasa.

miércoles, enero 18, 2017

dosmildieciséis

Quienes me conocen saben que en la vida cotidiana suelo ser puntual, pero saben también que, por algún extraño motivo, siempre llego tarde cuando se trata de publicar algo, no importa si se trata de fotos de algún viaje (a veces las subo un año después) o de un recuento del año, como éste. Quizás es que necesito tiempo para pensar o tal vez es simplemente que la procrastinación es parte de mi vida.

2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?

Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.

Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.

Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.

Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.

La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)



En resumen, fue un gran año, lleno de cambios. Aquella vez, en San Francisco, compré una libreta muy interesante: tiene una pregunta para cada día del año, pero en cada una tiene cinco espacios para responder la misma pregunta durante cinco años seguidos, con el fin de hacer evidentes los cambios. En los días que van de enero, he visto tanto continuidades como cambios. Quizá por eso sigo haciendo recuentos, para hacer memoria de quién soy y cómo me voy transformando con el paso de los años.

domingo, julio 24, 2016

British border control

Siempre pensé que los border control de los gringos eran terribles, pero hoy conocí la versión British en suelo francés y extrañé a los gringos.

Debía tomar el Eurostar de las 12:13 horas de París a Londres y, según el boleto, era necesario estar ahí 30 minutos antes. En realidad sólo estuve 28 minutos antes, después de atravesar corriendo la Gare du Nord, pero no habría bastado ni con 45 minutos, sospecho.

Después de que los franceses pusieron en mi pasaporte el sello de salida del espacio Schengen, pasé al border control de los British. Había dos filas, as usual, la de European Union citizens y la de other passports, las dos igual de largas y de lentas, creo que avanzaban dos milímetros cada cinco minutos. Decidieron entonces abrir una tercera fila sólo para los pasajeros del tren de las 12:13, sin distinción de nacionalidades. ¡Gran idea! Casi todos íbamos a ese tren, así que había una sola agente para nosotros y cuatro agentes más para los pasajeros de trenes que salían más tarde, why not?

Esta fila era más lenta. Se fue el tren y al menos 20 personas seguíamos atoradas en la fila. A varios de nosotros nos regresaron porque no habíamos llenado la forma migratoria. Ah, claro, es que olvidaron dárnosla porque estaban ocupados cambiándonos de fila. Terminé de llenar mi forma justo cuando me tocó pasar con la agente. Ella intentó regresarme otra vez, porque dejé en blanco el número del tren en el que iba... pues, ¿cómo le explico que no sé, que el tren que debí tomar se fue mientras andaban con sus numeritos? Pero ella seguía instalada en el rechazo. Me salió la francesa que no soy y empecé a hacer esa expresión que hacen ellos cuando algo les molesta (es decir, casi siempre), que es simplemente un ruido con la boca. Parece que usé una varita mágica, porque a partir de eso, la actitud de la agente cambió, me siguió haciendo 40 millones de preguntas, pero en un tono más amable: que cuál es mi asunto en London, que por qué estaba en París, que a dónde iré después, que por qué el sello de entrada al Schengen que tiene mi pasaporte es de Amsterdam, que a qué me dedico en México, que por qué voy a dos congresos en vez de a divertirme. Total, que con tanta preguntadera casi pierdo el siguiente tren, el de las 12:43, why not?

domingo, junio 19, 2016

Let me sing you a waltz

Si todo el semestre había sido una montaña rusa, la última semana de mayo fue la parte más intensa: después de una subida que parecía lenta y dolorosa, siguió una bajada sorpresiva, rápida y casi violenta. La incertidumbre, el momento de la crisis, una conversación que atravesó el Pacífico, noticias de San Luis Potosí, noticias de León, noticias de Querétaro, un British en el momento menos esperado, un evento académico, look at the expert, la noche loca, un viaje relámpago nomás por no dejar, una sala de espera con música clásica en la madrugada, el regreso, las otras dudas, el fut, un paisaje increíble, una promesa de reencuentro. No quiero olvidar cada momento de esa semana, cada lágrima, cada momento de felicidad, cada sorpresa.

jueves, abril 07, 2016

Cosas que recuerdo, cosas que no recuerdo, cosas que recuerdo distinto, cosas que no sabía

No logré levantarme de inmediato cuando sonó el despertador, no sé si atribuirlo al horario de verano, a que ésta es mi semana post-convalescencia y me encuentro aún debilucha, o a ambos, el punto es que tardé casi una hora en salir de las sábanas para ir a la ducha. Después vino el pánico, había(hay) enemil pendientes para hoy. Puse a cargar el celular y vi que tenía montones de mensajes en Whatsapp, Telegram, Facebook, Gmail, hasta un mensaje de texto había, why not? Respondí lo que pude. En eso estaba cuando vi pasar un post de Aquiles en Facebook, Aquiles el que ya casi no entra a Facebook a menos que sea para enlazar un nuevo post en su blog. Hace algún tiempo que se propuso escribir sobre sus amigos, ya hubo un post para Alex Caldera, otro para el Chamuco Varela, otro para Guillermo (a quien, por cierto, no conozco en vivo). La sorpresa es que ahora me tocó. "Mis amigos. Dorix" se llama el texto. Me quedé como boba leyendo, hay cosas que recuerdo, otras no, otras las recuerdo distinto y otras no las sabía. 

No recuerdo, por ejemplo, la actividad con María Rojo, aunque ya me aclaró que, efectivamente, yo no estuve ahí, sino que después de esa actividad nos encontramos y Alex Caldera nos presentó. Debo tener problemas mucho más graves que Dory con la memoria, porque de todos modos no me acuerdo.

Recuerdo distinto la fiesta aquella que organizó Ricardo Chávez. Hasta donde sé, no era su casa, sino de Juan Pablo de Ávila. Y quien preparó cositas para picar fue Ricardo (a mí se me puede quemar el agua), pero Carolina y yo le ayudamos a servir. Si no mal recuerdo, les hice plática porque me gustaron los Converse rosa que traía quien iba con Aquiles y después me fui a seguir en el chisme con quien se dejara y también a seguir de achichincle del anfitrión. Muchos de los que ahí estábamos, discutíamos sobre los poemas que Juan Pablo había escrito en las paredes. A veces todavía me asomo a ver las fotos de esa reunión, que Alex Caldera subió a Facebook.

No sabía, por ejemplo, que en principio le caía mal... él no me caía mal, ni en el mundo lo hacía que es distinto (ah, es que por eso le caía mal, jajaja). Fuera de broma, unas partes del texto me sacaron una lagrimita, otras una que otra sonora carcajada. 

Recuerdo perfecto los encuentros en los seminarios del Colegio de Estudios Sociales y los encuentros virtuales en Facebook, Twitter, en Messenger (cuando todavía existía el Messenger de MSN) y ahora en Telegram. En alguno de ésos, no sé cómo, tuvimos la idea de hacer el blog Si un mediodía de cuasi-invierno unos lectores, que empezamos, dejamos abandonado unos años y recuperamos hace unas semanas.

Recuerdo que en distintos momentos hemos ido a La Saturnina, el St. James, el Hasta Atrás, el Café del Codo, el ClassiqT, Mesa Urbana, el Con.tempo y algunos otros lugares del centro (alguna vez hasta nos tocó el cerco policial de las vísperas del grito de Independencia, que hacía pensar que estábamos en estado de emergencia). Recuerdo los dramas, incertidumbres, bobadas y momentos felices que hemos compartido. Recuerdo, por supuesto, que en estos años me ha tocado ver la transición entre un Aquiles con dudas, uno devastado y uno recuperado. Por cierto, el Aquiles recuperado me ha hecho bulllying desde un día que me acompañó a la farmacia a comprar Dorixina relax, un medicamento que me recetaron cuando mi dentadura experimentó dos muelas que intentaban estar en el espacio de una (después el dentista quitó una de las muelas, para que no anduvieran peleándose). 

Sobre todo, recuerdo que viajó hasta Guadalajara para estar en mi examen de doctorado... dice que es Guadalajara, no Siberia, pero siempre es significativo que alguien emprenda el viaje para ser parte de un momento importante.

Yo no sé si soy todo lo que Aquiles dice que soy, pero es lindo que alguien piense eso de una (y sí, también es lindo que alguien sea honesto y diga que una le caía mal). Coincido con lo que dice: "no sé cuándo, en qué momento, cómo desarrollamos la complicidad y el cariño que nos tenemos". Yo tampoco sé. Sólo sé que admiro el valor que ha tenido para reconstruirse y para seguir en pie cuando las cosas parecen (o más bien, son) tan difíciles. Incluso admiro su entusiasmo por volver al blog, cuando tener uno ya no es mainstream... si es que alguna vez lo fue. En fin, lo único que puedo decir es GRACIAS.


PS. Esto originalmente era una respuesta en el post de Aquiles, pero se hizo tan larga, que mejor la publiqué acá #posiestabanconpendiente #porsialguienaúnseasomaalblog.

jueves, marzo 31, 2016

de nombres y nacionalidades

En la recepción de la Maison des Provinces de France, que fue mi hogar casi dos meses, un día de noviembre de 2014.
- Je n'avait jamais écouté ton prénom. Est-ce qu'il est très commun au Mexique ?
- No, il est rare aussi au Mexique.


En la recepción de un congreso en Brno, otro día de noviembre de 2014.
- I haven't heard your name before, I mean never. Sounds Russian, are you Russian?´


Varios lugares en París, después de mostrar mi credencial de estudiante o mi pasaporte, en 2014.
- Mexique ? Il semble que vous êtes de la Syrie ou du Liban.
Debí haber preguntado: ¿Cómo? ¿Es que acá no conocen los ojos tapatíos?

Un bar en Louvain la Neuve, diciembre de 2014.
Un polaco: Wow, Mexico, what language do people speak there?
Yo, nomás por joder: Mexican.
(Y pensaba: No mames, yo sí sé dónde está tu país y qué idioma hablan y hasta soy fan de la Szymborska).
Mi co-tutor de aquel lado del mundo: Spanish.
Yo, ya pa' componerle: Mexican Spanish, hahaha.

Brno, noviembre de 2014.
- Wow, Mexico. So exotic.
- Wow, Mexico. I'm so interested in Mayas and tequila.

Guadalajara, después de una breve conversación con un tipo interesante... tan interesante que ya olvidé su nombre, 2008.
- And where are you from, Doris?
- I'm from Mexico, and you?
- Mexico? Yo también soy mexicano, de Aguascalientes.
- ¿Neta? Yo también.
Resultó que el tipo era casi mi vecino.

Aeropuerto París Orly, después de mostrar mi pasaporte para abordar, 2014.
(Cantado al ritmo de samba).
- Mexico, Mexico, Mexico... samba, tango, tequila.

Grand Canyon, 2015.
- Why you come from Mexico? That is too far.
- If you go to the South of Arizona, you could find Mexico on the other side.
- Really?
- Actually, long time ago, Arizona was part of Mexico.
- Really?

San Francisco, 2015.
- Mexican, you're almost  local. Welcome!
:3

Atenas, 2014.
- Can you take us a pic please, miss?
- Sure.
- Thank you, where you come from?
- Mexico, and you?
- También somos mexicanos [...]. ¿Quieres unos chilitos?
Ya iba yo a pensar mal y que saca el señor una bolsa ziploc del saco, con chile de árbol, chile habanero y chile morita, quesque para no extrañar.

jueves, agosto 14, 2014

El final

No, el cuento aquel no tuvo el final que imaginé. Los otros cuentos tampoco. Tal vez porque no soy buena para imaginar finales. Como sea, vaya si la mente es traicionera, no se espera que a medio taller una recuerde los finales no esperados de los cuentos.

jueves, enero 02, 2014

Dosmiltrece

2013 fue un año de viajes. El recuento indica que usé 76 autobuses foráneos, nueve aviones, tres colectivos, dos trenes, dos ferries, dos lanchas y un velero para la vagancia por Guadalajara, León, San Juan de los Lagos, Nochistlán, Valparaíso, DF, Toluca, Puebla, Chihuahua, Creel, Los Mochis, Culiacán, Melaque, Cancún, Isla Mujeres, Playa del Carmen, Cozumel, Chetumal, Bacalar,  Mérida, Izamal, Campeche, Chichén Itzá y Denver. Nada mal para unos pocos 365 días. Adivinaron, el lugar al que más veces viajé (y regresaré 80 millones de veces más) fue Guadalajara. En una de esas vueltas encontré la cura para la depresión en un puente peatonal y, en otra, me regalé una tarde de diluvio tapatío. Tuve una sensación extraña, como si mi padre me hubiera acompañado en uno de los viajes, fue el de Chihuahua - Creel - Los Mochis - Culiacán. He de confesar que en el 100% de los viajes tuve complicaciones antes de salir: terminé la maleta para ir a Toluca un minuto antes de que el taxi llegara por mí, terminé la maleta para el viaje de fin de año a Cancún diez minutos después de que el taxi llegara por mí (oh, sí, vergüenza vil).

Gran parte de esos viajes fue por motivos académicos. En ese sentido, 2013 fue un año académicamente estimulante, sobre todo en octubre. Todavía no acabo de procesar lo que aprendí en todos los sentidos. Quizá lo mejor fue la lección de sencillez y humildad que vi en Alain Touraine himself, en medio de un mundo académico que a veces nos arrastra en la soberbia.

Hubo otros viajes, emprendidos desde butacas del cine, con maravillas como El gran secreto (algún genio tradujo así The words), NoCuatro notas de amor (otro genio tradujo así Quartet), Mucho ruido y pocas nueces (Much do about nothing), Before midnightGravityThor: The dark worldIntriga (algún genio tradujo Prisoners así) y El hobbit. Mi favorita del año fue Gravity. Con Before midnight cerré un ciclo en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 de conocido cine, meses después de que el pasado se me atravesó de golpe dos días seguidos.

A propósito de encuentros cercanos del tercer tipo, este año se registraron oportunidades de inversión no muy fiables. Volví a pensar en ciertos límites geográficos y me pregunté si los sortearé, pero la pregunta ha quedado nuevamente en el aire. Para cerrar el año, experimenté un extraño retorno a la adolescencia.

Seguí leyendo a la Szymborska (aunque sigo sin terminar los dos libros de ella que compré en la FIL en 2012) y me volvió a fascinar Italo Calvino con Si una noche de invierno un viajero. También me fascinó La invención de la soledad, de Paul Auster, me fascinó y me dolió: "Paul Auster comenzó a escribir La invención de la soledad cuando murió su padre de forma repentina", dice la contraportada. Ese libro no fue sólo mi primera lectura del autor, fue también la lectura más dolorosa que hice en 2013, fue como encontrarme con un dolor que yo sabía que estaba ahí pero de cuya dimensión no tenía idea. Los libros tienen sus momentos y éste llegó a mí, en una reedición que compré en Sanborns un día mientras hacía tiempo, justo cuando lo necesitaba.

Vi a Jorge Drexler en vivo y fui muy feliz. Eufemia llegó a mi vida (aunque tardó mil años en encontrar su nombre) y se unió al equipo animal de casa, con Lucas y Justina. Y cumplí 32, ¡aplausos!

lunes, diciembre 16, 2013

Sólo que por eso sea...

Debe haber una máquina del tiempo que me regresó a 1996, porque eso de titubear cuando un tipo guapo e interesante me regala chocolates sólo pasa cuando tengo 15 años. Sí, ha de ser eso.

lunes, noviembre 18, 2013

Casos de la vida real...

Sales a comer con alguien a quien no has visto en años.
Quiere quedar bien contigo.
Te lleva a un elegante restaurante de mariscos.
Eres alérgica.
Pides arrachera del menú infantil.

sábado, octubre 12, 2013

Cómo deprimirse y recuperarse en cinco pasos

Paso 1. Aborde usted el tren ligero de Guadalajara, en la estación Washington, con destino a Periférico Sur y advierta usted que hay gente suficiente para que el vagón califique como lata de sardinas.
Paso 2. Experimente usted la sensación de soledad más fuerte de los años recientes, en medio de la multitud.
Paso 3. Descubra que ha llegado a Periférico Sur, deje que todos salgan y camine despacio en un pasillo, luego otro y en la escalera. Continúe a ese paso para subir el puente que está justo afuera.
Paso 4. Note, a la mitad del puente, que el camioncito de su universidad ha llegado. Piense que, si lo pierde, tendrá que esperar 15 minutos más bajo el sol del mediodía. Reaccione y corra, haga señales para que el chofer no se vaya, saque como pueda la credencial que le acredita como estudiante y aborde el bendito camión. Encuentre una sensación de comunidad en el tipo que llegó atrás, después de vivir la misma experiencia de atravesar corriendo el puente.
Paso 5. Ría mientras el camioncito transita entre los baches hasta la universidad. No olvide dar las gracias al chofer.

sábado, julio 27, 2013

Esteeeeeeeeee, no...

Alguien 1: ¿Y sobre qué es tu tesis?
Yo: Sobre la expresión pública de los activistas en internet... bla bla bla...
Alguien 1: Mira, Alguien 2, ven, ella hace su tesis sobre redes sociales... porque sí es sobre redes sociales, ¿no?

sábado, mayo 25, 2013

Celeste

"¡El príncipe azul! -exclama Angelita-. Todavía no sé les destiñe? Yo ya lo tengo en celeste bien clarito". Lo leí en El albergue de las mujeres tristes, de Marcela Serrano y no puedo parar de reír.

sábado, marzo 09, 2013

Enemil cosas que hacen que la vida valga la pena...

Después de que el combo cansancio-hartazgo-agobio se hizo presente en estos días y luego de haber protagonizado el episodio el episodio cómico-mágico-musical de derramar lagrimitas en alguna sala de cine rebosante de gente, la vida se empeñó en hacerme sonreír. Bajé del autobús en la central de Aguascalientes y había flores por doquier... ash, no eran para mí, sino parte de algún envío, pero fue una belleza ver cajas y cajas llenas de flores de todos colores invadiendo el piso de los andenes. Después, en la ventanilla del taxi que me trajo a casa, se dibujaron algunas gotas de lluvia... todo un bálsamo para alguien que ama la lluvia. Hoy, una perrita hermosa que, según me contaron los vecinos, lleva días vagando por las calles, me miró y no pude evitar traerla a casa. Todavía he de pensar si se va a un albergue o si se queda para siempre, pero ver sus ojitos de felicidad después de comer me ha hecho poner también ojitos de felicidad. ¿Será que la vida se empeña en demostrar que vivirla vale la pena?

martes, febrero 05, 2013

Mejor subiré a YouTube esta canción...

Gracias a mi gran jefe di con este video de Los Tres Tristes Tigres. No puedo parar de reír.

lunes, enero 14, 2013

Dosmildoce

Mis problemas respecto al tiempo son cada vez más graves, escribo mi extraño recuento del 2012 cuando ya va medio mes del 2013. No dejo de pensar que la división por años es arbitraria, pero tampoco dejo de pensar que es divertido hacer recuentos... y tal vez también útil... o quizá sólo un poco ocioso.

Gran parte de mi vida este año (el año pasado, pues) ocurrió en carretera. Hice 23 viajes a Guadalajara, dos a Celaya, uno a San Miguel de Allende, dos a León, uno a San Luis Potosí y finalicé el año con una travesía que empezó en Cancún. Obvio, la mayor parte de los viajes fueron a las sesiones presenciales del doctorado. Eso me recuerda que, hasta el momento, he sobrevivido al doctorado, lo cual merece una fiesta o, al menos, un poquito de inspiración tras responder un mensaje a cierta tesista de la cual soy lectora. Por lo demás, ¿será que todos los caminos llevan a Guanajuato?, ¿será que debí haber hecho caso cuando, en agosto, la vida parecía querer que me quedara en San Miguel de Allende?

En fin, si hemos de creer en señales, un frapuchino me regaló una aparición extraña: un trozo de hielo con forma de corazón saltó de mi vaso. ¿Será acaso la confirmación de que la mujer de hielo que dicen que soy tiene corazón?



Hubo otras señales bastante más objetivas. El cansancio me dejó claro que los días de 72 horas no existen y que estaba forzando demasiado al cuerpecillo, así que renuncié a mi trabajo como asistonta de investigación, tras cinco años de labores. Fue una decisión complicada, fue también una decisión de la que no me arrepiento. Tal vez habría renunciado de todos modos, aunque el cansancio no me lo exigiera y a pesar de las enemil satisfacciones que tuve en ese lugar, simplemente porque pasar tanto tiempo en el mismo sitio hace que uno se aferre a la zona de confort. Volar siempre es necesario y siempre es desafiante.

Se me ocurrió la brillante idea de revisar dos o tres tonterías que he hecho. Pedí perdón, eso no ocurre todos los días. No sé si maduré un poquito, pero me sentí mucho mejor. Varias amistades se fortalecieron y eso me hace inmensamente feliz.

Fui mucho al cine. Me fascinaron El exótico hotel Marigold, Melancolía y Amigos. Amé los homenajes al cine en Hugo Cabret y El artista. Vi muchas películas también en carretera. Lloré en un camión cuando veía Comer, rezar y amar, como la mujercita cursi que juro que no soy. Me persiguió El amor de mi vida, cof cof, sí, hablo de Bright star, no de un amor de mi vida de verdad... de hecho, los amores fueron una cosa extraña en 2012. Más de una vez me pregunté si mi vida era un episodio de alguna serie gringa. Al final, me quedé como el perro de las dos tortas, ¿por qué no?

No leí tanta literatura como hubiera querido. Como sea, por fin leí a Dickens. Como siempre, compré libros como si tuviera tiempo de leerlos todos. Me colé en un intercambio poético, recibir letras viajantes, procedentes de España y Chile resultó magnífico.

Vi a Regina Orozco, Lila Downs, Carla Morrison, Jarabe de Palo y Kevin Johansen en vivo... y gratis. No era fan de Regina, pero me fascinó. Lila me sigue gustando, a pesar de que creo que ahora está demasiado producida. El concierto de Carla fue como escuchar muchas veces la misma canción. Jarabe de Palo me agradó, a pesar de sus chistes repetidos. Y el de Kevin Johansen, con la participación de Liniers, fue mi concierto favorito del año.

En asuntos cómico-mágico-musicales, descubrí que los celulares son más inteligentes de lo que aparentan, protagonicé una extraña intromisión en "la comunidad artística local" y quedé en shock cuando alguien respondió "cobertura universal" a mi grito de "¿qué es lo que quiere el Seguro Social?"

Por lo demás, no se acabó el mundo, sólo envejecí un poquito. Fue un año de gran cuestionamiento. Sé lo que quiero hacer, pero también sé como quién no quiero terminar. También sé lo que busco, pero a la vez me pregunto si toda la vida buscaré lo mismo. Sospecho que no. Sospecho que la vida me sorprenderá siempre.

miércoles, diciembre 26, 2012

Treinta y uno

Cumplí 31 años justo el 21 de diciembre. Esto puede prestarse a varias intepretaciones:

1) La multitud estaba tan pendiente del fin del mundo, que olvidó pequeñeces como el segundo escalón en los "tas" de quien esto escribe. Vaya manera de robarme la nota, ash.

2) En realidad, todo fue un magnífico plan para generar expectación en torno a la fecha y... taratatán, cumplir años ese día... como cada año, desde 1981, doble ash.

3) La coincidencia con el 13 Baktún y la nueva época y así resulta una gran oportunidad para convencer a todos de que soy la elegida y podré conducirlos a esa nueva época, entre divagaciones, chocolate y vino tinto.

4) Da lo mismo, el 22 de diciembre amaneció igual de frío, con harta desigualdad en el mundo y, además, la tos no me ha dejado en paz.

5) Será una nueva época, será el inicio del invierno, pero el cambio verdadero está en nuestras manos... ay, no, ése fue un lema de una campaña política... perdida.

6) Seamos escépticos, no hay conexión entre una cosa y otra.

7) Seamos claros, no sé si soy escéptica por mi santo patrono Tomás, si soy fría por haber llegado con el invierno o si estoy loca por haber cumplido años en el fin del mundo que al final no fue el final, sino el principio... de todos modos, soy un año mayor.

miércoles, diciembre 19, 2012

Ecenas cuasi surrealistas 2

"Y ahora comenzará la música electrónica", dijo en una fiesta cierta autoridad cuyo nombre no diré. No me pregunté si habrían llevado a Nortec o algo así, porque el presupuesto era bajísimo, pero pensé que habría algún DJ región 4. Sin embargo, la autoridad completó su frase: "es decir, grabada". Y fue así que Margarita, la diosa de la cumbia, fue música electrónica, por haber provenido de un CD o tal vez de un iPod.

jueves, diciembre 13, 2012

escenas cuasi surrealistas 1

"¿Qué es lo que quiere el Seguro Social?", vociferé en la fiesta.
"Cobertura universal", respondió otra voz.
Se me olvidó que en la mesa había economistas especialistas en regímenes de bienestar.