domingo, diciembre 31, 2017
Dosmildiecisiete
2017 fue un año muy intenso y satisfactorio en muchos sentidos. Entre lo más relevante de mi año está que gané un premio por mi tesis doctoral y tuve que hacer un viaje relámpago a Valparaíso, Chile, para recibirlo. Fue un año de muchas satisfacciones profesionales, muchas. En ese sentido, el trabajo fue más que bien, aunque me absorbió más de lo necesario. Como sea, es un privilegio poder trabajar en algo que uno ama, con gente que uno aprecia y ése es mi caso.
En algún momento del año, supe que ya me había adaptado a León, mi ciudad de residencia desde agosto de 2016. Caí en la cuenta cuando comencé a comprar cositas para el depa y ya tenía lista de restaurantes favoritos, cuando entendí que mi círculo de amigos (y no sólo amigos) se amplió, cuando alguien se coló en mi vida cotidiana (y espero que no salga de ella) y se volvió tan simple pasar las pocas horas libres bobeando... lo único que falta es que cambie mi credencial de elector, cosa que haré en los próximos días.
Este año, o más bien, el semestre más reciente, decidí hacer un par de cosas para volver a ser la que fui sin renunciar a la que soy (dicho de otro modo, me gusta mucho la mujer que soy ahora, pero extraño muchas cosas de la que he sido antes): regresé a estudiar francés y canto. Las razones son muchas: soy una eterna estudiante y siempre tengo la necesidad de estudiar algo, amo el francés (aunque lo hable mal) y la música (aunque no me haya dedicado a ello), volver a clases significó regresar a algo que amo, ir a clases implicó obligarme a respetar tiempos para mí y no llenarlo todo de trabajo y vida social.
Aunque amo el cine, no fui tanto como de costumbre. De lo que logré ver, las películas que me resultaron más significativas fueron Wonder Woman y Your Name. Quienes me conocen saben que me encantan las historias de superhéroes, Wonder Woman me pareció increíble como tal, pero también como película más allá de los mundos de fantasía. Por supuesto, me encantó la fuerza de un personaje con el que me identifiqué de niña, pero que había dejado en el olvido. Todas las niñas deberían ver esta versión. Quienes me conocen también saben que no soy fan de las historias de adolescentes, pero Your Name es tan bonita, tan compleja, tan triste, tan profunda, tan todo a la vez, que me impactó. De hecho, parte de su banda sonora se instaló en mi mentecilla... y en mis playlists de Spotify, claro.
Por cierto, de acuerdo con el recuento de Spotify, escuché 108555 minutos de música, 5328 canciones diferentes, de 58 géneros musicales. Lo que más escuché fue de Ramin Djawadi, ha de ser porque mi playlist "Banda sonora para calificar" se compone de harta música de Game of Thrones. Por supuesto, mi canción del año es "Somewhere only we know". Ésa canté en mi presentación de canto. Ésa resume mucho de lo que viví este año.
De acuerdo con mis propias notas, este año hubo 16 aviones, pero perdí la cuenta de los viajes en autobús y Bla Bla Car. Estuve en San Luis Potosí (allá empecé el año, de hecho), la Ciudad de México (fui cuatro veces e hice escala seis veces en el aeropuerto), Querétaro, San Juan de los Lagos, Guanajuato, Buenos Aires, Córdoba, Rosario, Minneapolis, Valparaíso (Chile), Monterrey y Oaxaca. Se agregó Santiago a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto. Se agregaron otros lugares a la lista de "por visitar". Veremos a dónde van mis pasos luego.
Fue un año de reencuentros con gente maravillosa y de conocer también a otra gente maravillosa. Puedo decir que soy feliz, que he sido muy afortunada muchos años.
miércoles, febrero 01, 2017
Llueve afuera...
miércoles, enero 18, 2017
dosmildieciséis
2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?
Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.
Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.
Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.
Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.
La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)
domingo, julio 24, 2016
British border control
domingo, junio 19, 2016
Let me sing you a waltz
jueves, abril 07, 2016
Cosas que recuerdo, cosas que no recuerdo, cosas que recuerdo distinto, cosas que no sabía
jueves, marzo 31, 2016
de nombres y nacionalidades
- Je n'avait jamais écouté ton prénom. Est-ce qu'il est très commun au Mexique ?
- No, il est rare aussi au Mexique.
- I haven't heard your name before, I mean never. Sounds Russian, are you Russian?´
- Mexique ? Il semble que vous êtes de la Syrie ou du Liban.
Debí haber preguntado: ¿Cómo? ¿Es que acá no conocen los ojos tapatíos?
Un polaco: Wow, Mexico, what language do people speak there?
Yo, nomás por joder: Mexican.
(Y pensaba: No mames, yo sí sé dónde está tu país y qué idioma hablan y hasta soy fan de la Szymborska).
Mi co-tutor de aquel lado del mundo: Spanish.
Yo, ya pa' componerle: Mexican Spanish, hahaha.
- Wow, Mexico. So exotic.
- Wow, Mexico. I'm so interested in Mayas and tequila.
- And where are you from, Doris?
- I'm from Mexico, and you?
- Mexico? Yo también soy mexicano, de Aguascalientes.
- ¿Neta? Yo también.
Resultó que el tipo era casi mi vecino.
(Cantado al ritmo de samba).
- Mexico, Mexico, Mexico... samba, tango, tequila.
- Why you come from Mexico? That is too far.
- If you go to the South of Arizona, you could find Mexico on the other side.
- Really?
- Actually, long time ago, Arizona was part of Mexico.
- Really?
- Mexican, you're almost local. Welcome!
:3
- Can you take us a pic please, miss?
- Sure.
- Thank you, where you come from?
- Mexico, and you?
- También somos mexicanos [...]. ¿Quieres unos chilitos?
Ya iba yo a pensar mal y que saca el señor una bolsa ziploc del saco, con chile de árbol, chile habanero y chile morita, quesque para no extrañar.
jueves, agosto 14, 2014
El final
jueves, enero 02, 2014
Dosmiltrece
Gran parte de esos viajes fue por motivos académicos. En ese sentido, 2013 fue un año académicamente estimulante, sobre todo en octubre. Todavía no acabo de procesar lo que aprendí en todos los sentidos. Quizá lo mejor fue la lección de sencillez y humildad que vi en Alain Touraine himself, en medio de un mundo académico que a veces nos arrastra en la soberbia.
Hubo otros viajes, emprendidos desde butacas del cine, con maravillas como El gran secreto (algún genio tradujo así The words), No, Cuatro notas de amor (otro genio tradujo así Quartet), Mucho ruido y pocas nueces (Much do about nothing), Before midnight, Gravity, Thor: The dark world, Intriga (algún genio tradujo Prisoners así) y El hobbit. Mi favorita del año fue Gravity. Con Before midnight cerré un ciclo en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 de conocido cine, meses después de que el pasado se me atravesó de golpe dos días seguidos.
A propósito de encuentros cercanos del tercer tipo, este año se registraron oportunidades de inversión no muy fiables. Volví a pensar en ciertos límites geográficos y me pregunté si los sortearé, pero la pregunta ha quedado nuevamente en el aire. Para cerrar el año, experimenté un extraño retorno a la adolescencia.
Seguí leyendo a la Szymborska (aunque sigo sin terminar los dos libros de ella que compré en la FIL en 2012) y me volvió a fascinar Italo Calvino con Si una noche de invierno un viajero. También me fascinó La invención de la soledad, de Paul Auster, me fascinó y me dolió: "Paul Auster comenzó a escribir La invención de la soledad cuando murió su padre de forma repentina", dice la contraportada. Ese libro no fue sólo mi primera lectura del autor, fue también la lectura más dolorosa que hice en 2013, fue como encontrarme con un dolor que yo sabía que estaba ahí pero de cuya dimensión no tenía idea. Los libros tienen sus momentos y éste llegó a mí, en una reedición que compré en Sanborns un día mientras hacía tiempo, justo cuando lo necesitaba.
Vi a Jorge Drexler en vivo y fui muy feliz. Eufemia llegó a mi vida (aunque tardó mil años en encontrar su nombre) y se unió al equipo animal de casa, con Lucas y Justina. Y cumplí 32, ¡aplausos!
lunes, diciembre 16, 2013
Sólo que por eso sea...
lunes, noviembre 18, 2013
Casos de la vida real...
Quiere quedar bien contigo.
Te lleva a un elegante restaurante de mariscos.
Eres alérgica.
Pides arrachera del menú infantil.
sábado, octubre 12, 2013
Cómo deprimirse y recuperarse en cinco pasos
Paso 1. Aborde usted el tren ligero de Guadalajara, en la estación Washington, con destino a Periférico Sur y advierta usted que hay gente suficiente para que el vagón califique como lata de sardinas.
Paso 2. Experimente usted la sensación de soledad más fuerte de los años recientes, en medio de la multitud.
Paso 3. Descubra que ha llegado a Periférico Sur, deje que todos salgan y camine despacio en un pasillo, luego otro y en la escalera. Continúe a ese paso para subir el puente que está justo afuera.
Paso 4. Note, a la mitad del puente, que el camioncito de su universidad ha llegado. Piense que, si lo pierde, tendrá que esperar 15 minutos más bajo el sol del mediodía. Reaccione y corra, haga señales para que el chofer no se vaya, saque como pueda la credencial que le acredita como estudiante y aborde el bendito camión. Encuentre una sensación de comunidad en el tipo que llegó atrás, después de vivir la misma experiencia de atravesar corriendo el puente.
Paso 5. Ría mientras el camioncito transita entre los baches hasta la universidad. No olvide dar las gracias al chofer.
sábado, julio 27, 2013
Esteeeeeeeeee, no...
Yo: Sobre la expresión pública de los activistas en internet... bla bla bla...
Alguien 1: Mira, Alguien 2, ven, ella hace su tesis sobre redes sociales... porque sí es sobre redes sociales, ¿no?
sábado, mayo 25, 2013
Celeste
"¡El príncipe azul! -exclama Angelita-. Todavía no sé les destiñe? Yo ya lo tengo en celeste bien clarito". Lo leí en El albergue de las mujeres tristes, de Marcela Serrano y no puedo parar de reír.
sábado, marzo 09, 2013
Enemil cosas que hacen que la vida valga la pena...
martes, febrero 05, 2013
Mejor subiré a YouTube esta canción...
lunes, enero 14, 2013
Dosmildoce
Gran parte de mi vida este año (el año pasado, pues) ocurrió en carretera. Hice 23 viajes a Guadalajara, dos a Celaya, uno a San Miguel de Allende, dos a León, uno a San Luis Potosí y finalicé el año con una travesía que empezó en Cancún. Obvio, la mayor parte de los viajes fueron a las sesiones presenciales del doctorado. Eso me recuerda que, hasta el momento, he sobrevivido al doctorado, lo cual merece una fiesta o, al menos, un poquito de inspiración tras responder un mensaje a cierta tesista de la cual soy lectora. Por lo demás, ¿será que todos los caminos llevan a Guanajuato?, ¿será que debí haber hecho caso cuando, en agosto, la vida parecía querer que me quedara en San Miguel de Allende?
En fin, si hemos de creer en señales, un frapuchino me regaló una aparición extraña: un trozo de hielo con forma de corazón saltó de mi vaso. ¿Será acaso la confirmación de que la mujer de hielo que dicen que soy tiene corazón?

Hubo otras señales bastante más objetivas. El cansancio me dejó claro que los días de 72 horas no existen y que estaba forzando demasiado al cuerpecillo, así que renuncié a mi trabajo como asistonta de investigación, tras cinco años de labores. Fue una decisión complicada, fue también una decisión de la que no me arrepiento. Tal vez habría renunciado de todos modos, aunque el cansancio no me lo exigiera y a pesar de las enemil satisfacciones que tuve en ese lugar, simplemente porque pasar tanto tiempo en el mismo sitio hace que uno se aferre a la zona de confort. Volar siempre es necesario y siempre es desafiante.
Se me ocurrió la brillante idea de revisar dos o tres tonterías que he hecho. Pedí perdón, eso no ocurre todos los días. No sé si maduré un poquito, pero me sentí mucho mejor. Varias amistades se fortalecieron y eso me hace inmensamente feliz.
Fui mucho al cine. Me fascinaron El exótico hotel Marigold, Melancolía y Amigos. Amé los homenajes al cine en Hugo Cabret y El artista. Vi muchas películas también en carretera. Lloré en un camión cuando veía Comer, rezar y amar, como la mujercita cursi que juro que no soy. Me persiguió El amor de mi vida, cof cof, sí, hablo de Bright star, no de un amor de mi vida de verdad... de hecho, los amores fueron una cosa extraña en 2012. Más de una vez me pregunté si mi vida era un episodio de alguna serie gringa. Al final, me quedé como el perro de las dos tortas, ¿por qué no?
No leí tanta literatura como hubiera querido. Como sea, por fin leí a Dickens. Como siempre, compré libros como si tuviera tiempo de leerlos todos. Me colé en un intercambio poético, recibir letras viajantes, procedentes de España y Chile resultó magnífico.
Vi a Regina Orozco, Lila Downs, Carla Morrison, Jarabe de Palo y Kevin Johansen en vivo... y gratis. No era fan de Regina, pero me fascinó. Lila me sigue gustando, a pesar de que creo que ahora está demasiado producida. El concierto de Carla fue como escuchar muchas veces la misma canción. Jarabe de Palo me agradó, a pesar de sus chistes repetidos. Y el de Kevin Johansen, con la participación de Liniers, fue mi concierto favorito del año.
En asuntos cómico-mágico-musicales, descubrí que los celulares son más inteligentes de lo que aparentan, protagonicé una extraña intromisión en "la comunidad artística local" y quedé en shock cuando alguien respondió "cobertura universal" a mi grito de "¿qué es lo que quiere el Seguro Social?"
Por lo demás, no se acabó el mundo, sólo envejecí un poquito. Fue un año de gran cuestionamiento. Sé lo que quiero hacer, pero también sé como quién no quiero terminar. También sé lo que busco, pero a la vez me pregunto si toda la vida buscaré lo mismo. Sospecho que no. Sospecho que la vida me sorprenderá siempre.
miércoles, diciembre 26, 2012
Treinta y uno
miércoles, diciembre 19, 2012
Ecenas cuasi surrealistas 2
"Y ahora comenzará la música electrónica", dijo en una fiesta cierta autoridad cuyo nombre no diré. No me pregunté si habrían llevado a Nortec o algo así, porque el presupuesto era bajísimo, pero pensé que habría algún DJ región 4. Sin embargo, la autoridad completó su frase: "es decir, grabada". Y fue así que Margarita, la diosa de la cumbia, fue música electrónica, por haber provenido de un CD o tal vez de un iPod.
jueves, diciembre 13, 2012
escenas cuasi surrealistas 1
"Cobertura universal", respondió otra voz.
Se me olvidó que en la mesa había economistas especialistas en regímenes de bienestar.