Mostrando las entradas con la etiqueta snif snif. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta snif snif. Mostrar todas las entradas

viernes, marzo 06, 2020

Ausencias

Yo tenía unos aretes muy lindos que compré en algún ranchito de Creel, eran unas flores de barro y eran únicos. Un día, cuando vivía en la CitéU, tocó simulacro de evacuación (nota al pie: yo pensé que era una emergencia real y osé salir sin suéter, casi me congelo, pero ésa, como diría la nana Goya, es otra historia). En medio de la multitud, perdí un arete y no me di cuenta. Lo noté cuando regresé a mi estudio, lo busqué en todas partes y nada, mi arete único se esfumó. Durante algunos meses, me ponía algo y pensaba "esto combina con los aretes de barro", pero ya no tenía uno. Pues nada, que así me ha pasado con gente. Hubo alguien que se volvió casi imprescindible en mi vida cotidiana y ya no está y -aunque a diferencia del arete, yo quise que no estuviera- a veces se me olvida que se acabó y pienso tal o cual cosa, pero entonces me acuerdo. Se acabó, no volverá a ser, no tiene por qué ser, la vida es así.

martes, febrero 04, 2020

Revelaciones de los días recientes II: No será fácil jamás decir adiós

Aunque las señales ya estaban, supe que aquello había terminado un día que quise enviarte un mensaje y pensé "¿para qué?" No se acabó cuando nuestras agendas se complicaron o cuando crecieron los desacuerdos, se acabó cuando dejaste de ser mi primera opción para hablar, cuando dejó de preocuparme que no me encontraras, cuando dejé de confiar en ti. No me lo has dicho, pero supongo que te pasó lo mismo.

Pese a todo, tengo mucho que agradecerte, el tiempo que pasamos juntos fue genial y quedan muchas cosas, no sólo las memorias. Sé que te hice daño y debes saber que me hiciste daño también, los egos son letales.

Dice la canción que "no será fácil jamás decir adiós". Lo sabemos, quizá por eso no lo hemos dicho.

miércoles, junio 26, 2019

¿Y se llevaron algo que te doliera? Mi tranquilidad


Ya pasó un mes. Ese domingo iba maravilloso. Avancé en un artículo que era para el jueves, salí a hacer trabajo de campo, regresé, limpié un poco el depa, escribí otro poco y quedé para ir a comer. La comida estuvo deliciosa, la película que vimos —El artista anónimo— estuvo increíble y la compañía más. Mientras caminábamos de regreso, veíamos la ciudad cuasi-desolada, con unos cuantos leoneses viendo la final del fut en restaurantes y bares. Nos despedimos, entré al depa y me quedé en shock, alguien había entrado. Tardé en identificar qué cosas se habían robado, quizá todavía no lo sepa del todo. En medio del caos, vi que desaparecieron dos laptops y dinero. Después vi que se llevaron también una alcancía y hasta un Funko de Guillermo del Toro. Hice lo que humanamente se podía, presenté la denuncia ante el Ministerio Público —y comprobé que sólo sirve para sumarse a las estadísticas—, cambié chapas y me fui de ahí por unos días.

La primera noche no podía parar de llorar. Nunca, en 37 años, había sido víctima de algo así. Puedo decir que no fue tan grave, que yo no estaba y —por lo tanto— no sufrí algún daño, que sólo fueron cosas y que el valor de lo robado ni siquiera es tan grande. Sin embargo, yo no tendría que haber pasado por eso. No tenemos por qué naturalizar el delito y consolarnos con que estamos bien, porque no lo estamos. La seguridad en nuestro país y, particularmente, en esta ciudad, es una broma.

Al mismo tiempo, creo que tampoco tenemos por qué ir al extremo contrario y criminalizar a medio mundo. En estos días he escuchado cualquier cantidad de preguntas sobre posibles sospechosos, casi siempre acompañadas por hipótesis estúpidas: que si los albañiles, que si el novio de la vecina, que si alguno de los vecinos, que si alguien random, que si alguien muy cercano a mí, que si yo misma (WTF?). Parece haber muchas personas con una necesidad increíble de encontrar culpables, incluso sin conocer el contexto, sin el más mínimo interés de ayudar y quizá con muchos episodios vistos de CSI. A estas alturas ya no me importa quién fue. Me niego a ir por la vida desconfiando de todos y teniendo miedo de todo.

Dije esa vez que, más allá de lo material, lo que se robaron fue mi tranquilidad. Un mes después, creo que la he ido recuperando poco a poco, aunque es difícil. Dije también que lo único rescatable de esa semana fue la gente que estuvo conmigo de múltiples maneras. Ustedes saben quiénes son. Ustedes saben cuánto agradezco lo que han hecho por mí.

lunes, diciembre 31, 2018

Dosmildieciocho

2018 fue un año interesante, lleno de aprendizajes. Sigo viendo cómo se conectan las cosas y cómo van cobrando sentido con el tiempo.

Éste fue un año acelerado en unos sentidos y tranquilo en otros, acelerado por el ritmo de trabajo y porque no salía de una cosa cuando ya estaba en otras tres, tranquilo porque fue un año de sembrar cosas, de modo que el énfasis estuvo en lo cotidiano y no tanto en los grandes acontecimientos.


Precisamente lo cotidiano me hizo feliz, las cosas espontáneas, como caminar bajo la lluvia, bobear en los callejones de Guanajuato, tomar café y comer pastel en unas escaleras, salir del trabajo en la noche con harto cansancio y decidir a esas santas horas ir a tomar algo, escapar de una obra de teatro muy mala y descubrir en ese rato un lugar lindo para cenar, sonreír cuando llegan mensajes, hacer un equipo muégano en un congreso, salir de otro congreso y correr a la playa, reencontrarse con gente linda, ver que permanece otra gente linda.


Tal como fue previsto en el recuento del año pasado, ya tengo credencial leonesa. El depa ya me quedó chiquito, pero decidí quedarme más tiempo ahí por la ubicación, la vista, la comodidad... y, por supuesto, porque no hay alacranes. Este año sí logré que crecieran mis plantitas en el balcón. Fui a la ópera, a conciertos, a museos, a comer, a tomar café o unos vinos. Seguí estudiando francés y osé entrar a un coro. Hice trabajo de campo y conocí gente maravillosa en el camino. También me atrofié un tobillo (oh, sí, el izquierdo, por tercera vez) y eso me llevó a etnografiar el servicio médico gringo, pero ésa es otra historia.


Hubo momentos muy tristes también. La muerte de María Elena y Sabás en mayo, con tres días de diferencia, me pegó mucho. No pude ir al funeral de ella en Ciudad de México ni al de él en Aguascalientes, porque me tocaba estar en Monterrey. La vida es muy extraña: en Monterrey conocí a María Elena diez años antes, en Monterrey la vi con vida por última vez, aquel día que bobeamos en el aeropuerto. En 2017 me pasó algo similar, la muerte de Corina me sorprendió mientras yo estaba en Buenos Aires. A los tres los llevo en el corazón.


El recuento viajero cerró en 15 aviones, ya no sé cuántos camiones, Bla Bla Car y anexas. Fui a Guanajuato (tres o cuatro veces, de entrada por salida y no me deportaron, muajajá), San Luis Potosí, San Juan de los Lagos, Monterrey, Tetela, Pachuca, Ciudad de México (aunque fuera para hacer escalas) y, por supuesto, Guadalajara y Aguascalientes. Fuera del país esta vez sólo me moví hacia el norte: Los Angeles, San Francisco, Moraga, Eugene y Toronto. Conservé la bonita costumbre de cerrar la maleta cuando el Uber ya está afuera y el vuelo aparece on time. Me sentí diminuta frente a las cataratas del Niagara, como cuando fui a Barrancas del Cobre y al Grand Canyon. Los vuelos retrasados hicieron chicle bomba mis negras intenciones de ir a la playa para aprovechar una espera de 8 horas en un aeropuerto. El cansancio me hizo cancelar algunos viajes que había planeado (Cuernavaca, Ciudad de México, Minneapolis, Montreal... este último sí que me dolió), pero ya recuperé fuerzas y empecé a planear los de 2019 (habemus vuelo para las vacaciones de Semana Santa, habemus).


Las dos películas que más me impactaron en el año fueron The shape of water de Guillermo del Toro y Roma de Alfonso Cuarón. La primera por la capacidad de replantear una historia de fantasía, la segunda por la capacidad de articular una historia de la vida cotidiana con los cambios urbanos, las desigualdades sociales y los acontecimientos sociopolíticos de nuestro país. Coincidentemente, las dos son historias muy personales de mis dos directores mexicanos favoritos. Por supuesto que mantuve mi fascinación por las películas de superhéroes, me impactó la desaparición de tantos personajes con el chasquido de Thanos en Avengers: Infinity War y en estos últimos días me sorprendió gratamente Spiderman into the Spider Verse.


Según Spotify, escuché 58471 minutos de música (sorprendentemente, menos que el año pasado). La canción que más escuché fue "Mombasa", de la banda sonora de Inception que hizo Hans Zimmer. La que más anduve tarareando fue "You'll never know", de la banda sonora de The shape of water, en la voz de Renée Fleming.


Buena parte de mi año quedó registrada en Instagram. Éstas fueron mis #2018bestnine según la aplicación.





En realidad sólo fueron las más populares y, curiosamente, fue una selección muy Canadian, cuatro de las fotos son de aquellos rumbos. Sin embargo, yo hice #myalternative2018bestnine.




Más allá de los viajes, lo que más disfruto es regresar con mi familia, disfrutar a mi mamá, mis perros y gata, salir con los amigos que dejé en Aguascalientes... y eso es lo que he hecho en estos días.





Desde este humilde -y casi abandonado- blog, ¡feliz 2019 a todos!

sábado, diciembre 15, 2018

Con ellos yo veía los aviones

Ya que andamos todos memoriosos con  #MyROMA, les cuento: Mi papá era quien me llevaba y traía del kínder. Era un tipo muy alto, así que recuerdo dos cosas: que era muy fácil encontrarlo a la salida (la cabeza que sobresalía a cualquier otra) y que yo -en aquel tiempo chaparrita y flaquitita- parecía más una extensión de su brazo que una persona. Era obsesivo con la puntualidad, así que siempre estuve a tiempo. Sin embargo, un día tuvo un problema con su reloj y no estuvo ahí a las 12 del día. Lo que yo recuerdo es que todos se fueron y yo buscaba aquel andar tan particular entre la gente, pero no aparecía. Una de las asistentes me llevó a los juegos para entretenerme un poco. Mientras tanto, en casa, mi mamá estaba muy preocupada al ver que no llegábamos. Fue al kínder, encontró aquella escena de la niña y la asistente en una escuela casi vacía. Le agradeció por cuidarme y me llevó de regreso a casa. Ni les cuento cómo le fue a mi papá cuando volvió, dos horas tarde, con un reloj que se había parado a las 11:30 AM.

En aquel tiempo era terriblemente tímida. No tuve hermanos, así que mi vida transcurría con adultos. Los hijos de los amigos de mis papás eran mayores que yo, así que me resultaba fácil interactuar con mayores, pero muy difícil con los de mi edad. También era francamente soberbia. Aprendí a leer y escribir a los 4 años y eso me daba una sensación de superioridad frente a mis compañeros, que seguían haciendo líneas y bolitas. Viajábamos mucho, la mayoría de las veces a lugares cercanos y sin planes. En mi cabeza, Guadalajara era la ciudad de las casas grandotas (edificios, pues), Guanajuato era donde había callejones y Zacatecas era donde estaba la Bufa (yo ya odiaba la Bufa). El viaje que más representa la relación entre mis padres y yo fue uno a Vallarta: mi papá no veía peligro en que yo jugara en la playa, mientras mi mamá veía la zona de olas altas cual si fuera zona de tornados. Había tres cosas en las que sí coincidían: tenían personalidades muy fuertes, lo más importante para ellos era yo (o eso decían, jaja) y construyeron una idea del compromiso muy rara para los años 80. Ya he contado otras veces que nunca se casaron (pecado mortal para las sociedades conservadoras de aquel tiempo y para sus familias, auch), su compromiso era sólo de palabra y así duró 24 años, hasta que él murió. Tenían un ritual que yo entonces no entendía y ahora valoro mucho: todos los días a las 7 PM tomaban café y hablaban, el mundo podía caerse mientras tanto (y el mundo podía ser yo, por supuesto), pero ese momento era suyo y de nadie más.

Ésta que ven está hecha -entre otras cosas- de esa historia. Soy obsesiva con la puntualidad (que no siempre logre llegar a tiempo no significa que no me importe) y ñoña como mi padre. Me encanta salir, soy sociable y también canto, como mi madre. Amo viajar y tengo el superpoder de hacer y deshacer maletas en 10 minutos. Ya no soy tímida, pero por momentos sigo luchando contra la soberbia. Dicen los que me conocen que también tengo una personalidad tantito intensa, como ellos. La vida da muchas vueltas y esos lugares que recorrimos tantas veces se convirtieron en parte de mi vida adulta: mi primer trabajo académico fue en Zacatecas, estudié en Guadalajara y ahora trabajo en León. A veces todavía encuentro ese andar tan particular entre la gente, aunque murió hace 15 años. Hablo por teléfono todos los días con mi mamá. Y, cuando veo los aviones desde el balcón (no en el charco), siempre los recuerdo a ellos, MaryChuy y Luis.

viernes, septiembre 28, 2018

Mil veces


La última vez que vi a una amiga muy querida le dije que había visto Mil veces buenas noches y que todo en esa historia me recordaba a ella. Me dijo que la vería. No sé si alcanzó. Hoy buscaba otra cosa y di con este trailer la volví a recordar. Mil veces hasta siempre, querida.


lunes, diciembre 04, 2017

Je voudrais simplement pouvoir te regarder

No tuve ni tengo el valor para decir 80 millones de cosas. Cuando di la media vuelta, algo cambió. Después, al algoritmo de Spotify le pareció buena idea acribillarme con canciones como "La vie en rose". Quizá no sé cómo decir tantas cosas, pero esta canción lo dice mejor: "Je voudrais simplement pouvoir te regarder".





miércoles, enero 18, 2017

dosmildieciséis

Quienes me conocen saben que en la vida cotidiana suelo ser puntual, pero saben también que, por algún extraño motivo, siempre llego tarde cuando se trata de publicar algo, no importa si se trata de fotos de algún viaje (a veces las subo un año después) o de un recuento del año, como éste. Quizás es que necesito tiempo para pensar o tal vez es simplemente que la procrastinación es parte de mi vida.

2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?

Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.

Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.

Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.

Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.

La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)



En resumen, fue un gran año, lleno de cambios. Aquella vez, en San Francisco, compré una libreta muy interesante: tiene una pregunta para cada día del año, pero en cada una tiene cinco espacios para responder la misma pregunta durante cinco años seguidos, con el fin de hacer evidentes los cambios. En los días que van de enero, he visto tanto continuidades como cambios. Quizá por eso sigo haciendo recuentos, para hacer memoria de quién soy y cómo me voy transformando con el paso de los años.

jueves, julio 16, 2015

dates on calendar are closer than they appear

Un ciclo está por terminar y muchos sentimientos encontrados vienen a mí (y, como vi Inside out, me pregunto cómo estará la lucha de emociones dentro de mi cabeza). De pronto, me encuentro sola, a veces incluso con la sensación de que camino hacia Mordor y, peor, de que ni siquiera sé por dónde llegar. Supongo que es tiempo de ser Frodo y pensar que "no vale la pena preocuparse por el mañana, lo más probable es que no llegue".

domingo, julio 13, 2014

Creo que al fin nada tiene fin

Ese hombre tiene el superpoder de que me acuerde de ti y te extrañe harto.

jueves, abril 17, 2014

Juan Pablo

Mi padre estimaba mucho a su primo Juan Pablo. Los dos eran hombres de pocas palabras, pero extrañamente lograban hablar por teléfono y saber el uno del otro. También hacían viajes entre Aguascalientes e Irapuato para visitarse. Cuando murió mi padre, me quedó la costumbre de llamar a Juan Pablo en año nuevo. Este año no lo llamé, por razones que se resumen en una faringitis marca diablo tras la vacación y en esa mala costumbre mía de posponer cosas. El viernes mi mamá me preguntó si le había llamado después de tanto posponer, le dije que lo haría el domingo, pero el sábado me avisaron que el hombre había muerto. Algo dentro de mí lloró. Sabía que tenía que hacer esa llamada, fue muy triste caer en la cuenta de que no la hice y ya no habría modo de hacerla. Después supe que, aunque la hubiera hecho, no habría podido hablar con él, porque ya estaba muy mal. De cualquier modo, Juan Pablo siempre supo que le agradecí mucho todo el aprecio por mi papá. Lo que Juan Pablo no supo fue que no haber hablado con él antes de que se fuera, me dio la sacudida que necesitaba para dejar de posponer cosas.

miércoles, marzo 12, 2014

Lights will guide you home...

Y cuando escuché la parte que dice "lights will guide you home" vi las luces que anunciaban la llegada a la ciudad y lloré cual Magdalena.

)

jueves, junio 20, 2013

Al norte...

A mi padre le habría encantado hacer este viaje conmigo.
Tal vez sí lo hizo.
Tal vez por eso parecía tan presente todo el tiempo.

sábado, mayo 04, 2013

Hablamos del peligro de estar vivo

La primera canción que el iPod me recetó hoy fue ésta que dice "me gusta abrir los ojos y estar vivo".


Algunos minutos después, esta otra, que por algún extraño motivo me recuerda a mi papá, irrumpió en la banda sonora de mi viaje en tren ligero.


Parece, a veces, que el iPod se conecta con los acontecimientos de la vida.





jueves, mayo 02, 2013

Las cosas son cosas

I.
El lunes, el trabajo de campo me llevó a una comuna. Más allá de los datos obtenidos, la experiencia fue dura, significó encontrarme frente a una lógica de vida cotidiana muy distinta a la mía. Y el encuentro con la diferencia obliga siempre a cuestionar lo que hay de este lado. Algo que no me resultaba tan evidente hasta que estuve ahí fue mi apego a las cosas.

II.
El martes fui a ver a Jorge Drexler en el Foro del Lago. El concierto fue maravilloso. Regresé a casa tarareando todas las canciones que cantó y alguna que otra que no entró en el repertorio. La canción que más he tarareado en estos días fue ésa que dice: "hay tantas cosas, yo sólo preciso dos, mi guitarra y vos, mi guitarra y vos". Cosas, cosas por doquier.

III.
Hoy jueves, en un descuido, perdí mi celular. Tardé varias horas en darme cuenta, pero cuando lo hice casi entré en pánico. Es increíble la cantidad de preguntas que se acumula cuando una pierde un objeto tan cotidiano y tan personal que, al final de cuentas, es una simple cosa. Chanfle, yo quería dejar poco a poco mi apego a las cosas, pero no así.

viernes, noviembre 09, 2012

No quiero llorar, que se me corre el maquillaje...

Descubrí que soy bien burra para decir una mentira y, al tratar de explicarme a mí misma por qué mentía, se abrió una puertecilla del pasado que no tenía por qué abrirse. Algo quedó pendiente aquella vez. Mientras tanto, otras preguntas se agolparon en esta mentecilla retorcida, unas que incorporan el elemento "qué hubiera sido si...?" y cuestionan los ocho años más recientes. Es increíble cómo en unas pocas semanas puedan visibilizarse tantas cosas que permanecían ocultas y presuntamente resueltas. Como sea, no quiero llorar, que se me corre el maquillaje... sí, el poquitito que hay sobre esta cara.

martes, octubre 30, 2012

A veces

A veces una hace nudos innecesarios, ha de ser la condición humana, la necesidad de un poquito de drama en la vida o las puras ganas de complicarse la existencia. El asunto es que hay una cuenta regresiva que no me entusiasma en lo más mínimo, sino que más bien me tiene llena de tensión. Y a veces quiero que se acabe para liberarme del brete, pero a la vez no quiero que llegue para no enfrentarme otra vez a eso que no me quiero enfrentar. A veces el mayor problema es que, cuando todo parece ir de maravilla, ocurre algo que obliga a una a volver a ver hacia el interior... y eso es genial, de no ser porque a veces duele encontrarse con que las heridas que parecían cerradas siguen abiertas y sangrantes. A veces, la mayor intranquilidad lleva al mayo consuelo: que sólo faltan unos días.

viernes, mayo 04, 2012

las palabras dicen más de lo que dicen...

Una de las poquititas veces que hablé con Juan Pablo de Ávila, hice un comentario muy estúpido en tono de broma que no le simpatizó en lo más mínimo, el Justes fue testigo. Me dejó clarísimo que el clasismo se cuela en las palabras que usamos cotidianamente, que las palabras dicen más de lo que dicen. Nunca se lo conté, pero desde entonces cuido más mis palabras... o, al menos, eso intento.

La semana pasada, Ricardo me contó que Juan Pablo tenía cáncer. Hoy supe que ha muerto y sigo sin poderlo creer. Nunca fuimos amigos de uña y mugre, por eso me da penita aparecer en su funeral, del cual, por cierto, quedan como 50 minutos. Como sea, recordaré siempre el episodio de la calle 5 de mayo, con esas palabras que se incrustaron en mi mentecilla retorcida. Recordaré también su gesto duro, su rebozo y su amor por los gatos.

Descanse en paz, Juan Pablo.

Me robé esta foto del muro de Irving Figueroa.

lunes, marzo 05, 2012

Una y otra vez

Decir que ya no soporto los funerales no es ya una novedad en este blog. Ir a uno y otro y otro y otro mueve muchas cosas entre mi mentecilla retorcida y eso que llaman corazón. Mi papá decía que todos tenemos que morir y asumía la muerte con mucha naturalidad. Siempre pensé que mi papá tenía razón, lo pienso aún. Cuando él murió eso que me enseñó sobre la muerte cobró otro sentido, tenía claro que, efectivamente, todos hemos de morir y que era lo mejor para él en ese momento; al mismo tiempo, me enfrenté por primera vez a un sentimiento de soledad (o tal vez desolación) realmente horrible, era como caminar sola y de prisa por una calle amarga, era necesitar la mirada y las palabras de alguien que se había ido. Cuando estoy en otro lado, tengo clarísimo que la muerte es parte de la vida y que es una experiencia que compartimos todos; cuando regreso a esta misma funeraria, me reencuentro con el dolor y la soledad, como si los hubiera dejado aquí ese 21 de diciembre de 2003, como si esperaran mi regreso una y otra vez.

lunes, febrero 06, 2012

el mundo puede estallar en dos putos segundos

Eso dijo la comadre Kari alguna vez, que "el mundo puede estallar en dos putos segundos". Para mí no estalló, pero sí se transformó con una simple llamada. Dicen que mi sobrina cada día se parece más a mí, que habla como yo, se ríe como yo, es amante de los libros y odia que la interrumpan, es demasiado sincera, es caprichosa, pero es buena persona, es inteligente, ama la música y el cine, quiere viajar (quiere una casa de campaña) y demás. Considerando que no nos hemos visto en años, todo eso que dicen que se parece a mí, no lo hace por imitación. He de confesar que lloré, como la cursi de clóset que soy. Sí, el mundo puede cambiar en dos putos segundos.