viernes, marzo 06, 2020
Ausencias
martes, febrero 04, 2020
Revelaciones de los días recientes II: No será fácil jamás decir adiós
Pese a todo, tengo mucho que agradecerte, el tiempo que pasamos juntos fue genial y quedan muchas cosas, no sólo las memorias. Sé que te hice daño y debes saber que me hiciste daño también, los egos son letales.
Dice la canción que "no será fácil jamás decir adiós". Lo sabemos, quizá por eso no lo hemos dicho.
miércoles, junio 26, 2019
¿Y se llevaron algo que te doliera? Mi tranquilidad
lunes, diciembre 31, 2018
Dosmildieciocho
Éste fue un año acelerado en unos sentidos y tranquilo en otros, acelerado por el ritmo de trabajo y porque no salía de una cosa cuando ya estaba en otras tres, tranquilo porque fue un año de sembrar cosas, de modo que el énfasis estuvo en lo cotidiano y no tanto en los grandes acontecimientos.
Precisamente lo cotidiano me hizo feliz, las cosas espontáneas, como caminar bajo la lluvia, bobear en los callejones de Guanajuato, tomar café y comer pastel en unas escaleras, salir del trabajo en la noche con harto cansancio y decidir a esas santas horas ir a tomar algo, escapar de una obra de teatro muy mala y descubrir en ese rato un lugar lindo para cenar, sonreír cuando llegan mensajes, hacer un equipo muégano en un congreso, salir de otro congreso y correr a la playa, reencontrarse con gente linda, ver que permanece otra gente linda.
Tal como fue previsto en el recuento del año pasado, ya tengo credencial leonesa. El depa ya me quedó chiquito, pero decidí quedarme más tiempo ahí por la ubicación, la vista, la comodidad... y, por supuesto, porque no hay alacranes. Este año sí logré que crecieran mis plantitas en el balcón. Fui a la ópera, a conciertos, a museos, a comer, a tomar café o unos vinos. Seguí estudiando francés y osé entrar a un coro. Hice trabajo de campo y conocí gente maravillosa en el camino. También me atrofié un tobillo (oh, sí, el izquierdo, por tercera vez) y eso me llevó a etnografiar el servicio médico gringo, pero ésa es otra historia.
Hubo momentos muy tristes también. La muerte de María Elena y Sabás en mayo, con tres días de diferencia, me pegó mucho. No pude ir al funeral de ella en Ciudad de México ni al de él en Aguascalientes, porque me tocaba estar en Monterrey. La vida es muy extraña: en Monterrey conocí a María Elena diez años antes, en Monterrey la vi con vida por última vez, aquel día que bobeamos en el aeropuerto. En 2017 me pasó algo similar, la muerte de Corina me sorprendió mientras yo estaba en Buenos Aires. A los tres los llevo en el corazón.
El recuento viajero cerró en 15 aviones, ya no sé cuántos camiones, Bla Bla Car y anexas. Fui a Guanajuato (tres o cuatro veces, de entrada por salida y no me deportaron, muajajá), San Luis Potosí, San Juan de los Lagos, Monterrey, Tetela, Pachuca, Ciudad de México (aunque fuera para hacer escalas) y, por supuesto, Guadalajara y Aguascalientes. Fuera del país esta vez sólo me moví hacia el norte: Los Angeles, San Francisco, Moraga, Eugene y Toronto. Conservé la bonita costumbre de cerrar la maleta cuando el Uber ya está afuera y el vuelo aparece on time. Me sentí diminuta frente a las cataratas del Niagara, como cuando fui a Barrancas del Cobre y al Grand Canyon. Los vuelos retrasados hicieron chicle bomba mis negras intenciones de ir a la playa para aprovechar una espera de 8 horas en un aeropuerto. El cansancio me hizo cancelar algunos viajes que había planeado (Cuernavaca, Ciudad de México, Minneapolis, Montreal... este último sí que me dolió), pero ya recuperé fuerzas y empecé a planear los de 2019 (habemus vuelo para las vacaciones de Semana Santa, habemus).
Las dos películas que más me impactaron en el año fueron The shape of water de Guillermo del Toro y Roma de Alfonso Cuarón. La primera por la capacidad de replantear una historia de fantasía, la segunda por la capacidad de articular una historia de la vida cotidiana con los cambios urbanos, las desigualdades sociales y los acontecimientos sociopolíticos de nuestro país. Coincidentemente, las dos son historias muy personales de mis dos directores mexicanos favoritos. Por supuesto que mantuve mi fascinación por las películas de superhéroes, me impactó la desaparición de tantos personajes con el chasquido de Thanos en Avengers: Infinity War y en estos últimos días me sorprendió gratamente Spiderman into the Spider Verse.
Según Spotify, escuché 58471 minutos de música (sorprendentemente, menos que el año pasado). La canción que más escuché fue "Mombasa", de la banda sonora de Inception que hizo Hans Zimmer. La que más anduve tarareando fue "You'll never know", de la banda sonora de The shape of water, en la voz de Renée Fleming.
Buena parte de mi año quedó registrada en Instagram. Éstas fueron mis #2018bestnine según la aplicación.
En realidad sólo fueron las más populares y, curiosamente, fue una selección muy Canadian, cuatro de las fotos son de aquellos rumbos. Sin embargo, yo hice #myalternative2018bestnine.
Más allá de los viajes, lo que más disfruto es regresar con mi familia, disfrutar a mi mamá, mis perros y gata, salir con los amigos que dejé en Aguascalientes... y eso es lo que he hecho en estos días.
Desde este humilde -y casi abandonado- blog, ¡feliz 2019 a todos!
sábado, diciembre 15, 2018
Con ellos yo veía los aviones
En aquel tiempo era terriblemente tímida. No tuve hermanos, así que mi vida transcurría con adultos. Los hijos de los amigos de mis papás eran mayores que yo, así que me resultaba fácil interactuar con mayores, pero muy difícil con los de mi edad. También era francamente soberbia. Aprendí a leer y escribir a los 4 años y eso me daba una sensación de superioridad frente a mis compañeros, que seguían haciendo líneas y bolitas. Viajábamos mucho, la mayoría de las veces a lugares cercanos y sin planes. En mi cabeza, Guadalajara era la ciudad de las casas grandotas (edificios, pues), Guanajuato era donde había callejones y Zacatecas era donde estaba la Bufa (yo ya odiaba la Bufa). El viaje que más representa la relación entre mis padres y yo fue uno a Vallarta: mi papá no veía peligro en que yo jugara en la playa, mientras mi mamá veía la zona de olas altas cual si fuera zona de tornados. Había tres cosas en las que sí coincidían: tenían personalidades muy fuertes, lo más importante para ellos era yo (o eso decían, jaja) y construyeron una idea del compromiso muy rara para los años 80. Ya he contado otras veces que nunca se casaron (pecado mortal para las sociedades conservadoras de aquel tiempo y para sus familias, auch), su compromiso era sólo de palabra y así duró 24 años, hasta que él murió. Tenían un ritual que yo entonces no entendía y ahora valoro mucho: todos los días a las 7 PM tomaban café y hablaban, el mundo podía caerse mientras tanto (y el mundo podía ser yo, por supuesto), pero ese momento era suyo y de nadie más.
Ésta que ven está hecha -entre otras cosas- de esa historia. Soy obsesiva con la puntualidad (que no siempre logre llegar a tiempo no significa que no me importe) y ñoña como mi padre. Me encanta salir, soy sociable y también canto, como mi madre. Amo viajar y tengo el superpoder de hacer y deshacer maletas en 10 minutos. Ya no soy tímida, pero por momentos sigo luchando contra la soberbia. Dicen los que me conocen que también tengo una personalidad tantito intensa, como ellos. La vida da muchas vueltas y esos lugares que recorrimos tantas veces se convirtieron en parte de mi vida adulta: mi primer trabajo académico fue en Zacatecas, estudié en Guadalajara y ahora trabajo en León. A veces todavía encuentro ese andar tan particular entre la gente, aunque murió hace 15 años. Hablo por teléfono todos los días con mi mamá. Y, cuando veo los aviones desde el balcón (no en el charco), siempre los recuerdo a ellos, MaryChuy y Luis.
viernes, septiembre 28, 2018
Mil veces
lunes, diciembre 04, 2017
Je voudrais simplement pouvoir te regarder
miércoles, enero 18, 2017
dosmildieciséis
2016 fue una montaña rusa en muchos sentidos. Recibí el año en el festejo multitudinario lleno de desconocidos y fuegos pirotécnicos en San Francisco, California, con hartas incertidumbres y esperanzas. Tan pronto aterricé de regreso, fue mi examen de grado, ese bonito rito de paso con el que se cerró un ciclo de cuatro años en el doctorado (cinco, si contamos los seis meses previos y los seis meses posteriores, de trabajo, trámites y anexas) y empezó otro lleno de retos, oportunidades e incertidumbres, why not?
Tenía muy claro que era el momento de cambiar de rumbo e ir a la aventura. En uno de los primeros viajes relámpago del año, me equivoqué de línea del metro en la Ciudad de México. Yo no lo sabía entonces, pero fue la metáfora perfecta de los meses siguientes, en que se me rompieron todas las seguridades y me inundaron todas las incertidumbres, me enfermé como nunca (seis semanas de gripe y otras cuantas de varicela... sí, a mi edad), entré en crisis y llegué a un punto climático en mayo. Después de aquella semana coyuntural, todo fue más claro, igualito que en la anécdota del metro.
Cerré un ciclo de 15 años en una universidad y vine a otra, pero antes me fui tres semanas a Europa. Casualmente, había un congreso de sociología en Viena y otro de comunicación en Leicester, con dos semanas de diferencia, así que fui a ambos y aproveché para turistear. Me hizo feliz volver a Ámsterdam (¿qué importa que sólo haya sido en una escala de 10 horas antes de volar a Viena?), también conocer Viena, Cracovia (me hizo más feliz encontrar accidentalmente dos salas dedicadas a Wislawa Szymborska en un museo que no pensaba visitar) y Budapest, me volví a enamorar de París (porque Paris toujours sera Paris) y, aunque la experiencia en el British border control en la era post Brexit fue fea, también me hizo feliz conocer Londres y Leicester. Los dos congresos fueron tan desafiantes como satisfactorios, me permitieron hacer redes académicas y afectivas, así como reconocer el camino que me llevó hasta ahí.
Tan pronto regresé, me mudé a León y empecé a trabajar en una universidad increíble (cuando digo "tan pronto", me refiero al combo mágico de aterrizar en Aguascalientes, encontrar una fiesta sorpresa de bienvenida, dormir dos horas, viajar a León, dejar la maleta en el depa del amigo que me dio asilo en las primeras semanas y correr a la universidad). El ritmo se mantuvo en el semestre: investigación / docencia en licenciatura, maestría, doctorado... y hasta un diplomado, why not? / cuatro congresos en cuatro semanas / la noticia de la entrada al SNI / la escritura contrarreloj.
Por otro lado, el recuento de viajes (que tan feliz me hace cada año) cerró en diez aviones, dos trenes y vayan ustedes a saber cuántos autobuses, que me trasladaron entre San Francisco, Guadalajara, la Ciudad de México, San Juan de los Lagos, Querétaro, Ámsterdam, Viena, Cracovia, Budapest, París, Londres, Leicester, Guanajuato, San Luis Potosí y Minneapolis. Al final del año, se agregó un viaje cómico mágico musical Aguascalientes - Guadalajara - Zamora - Tangancícuaro - Ocumicho y de retache. Se agregaron Nueva York a la lista de ciudades de las que sólo conozco el aeropuerto (en la lista ya estaban Houston, Dallas, Washington, Orange County, Panamá y Barcelona) y Zamora a la de ciudades de las que sólo conozco la terminal de autobuses (ahí sólo estaban Fresnillo y Saltillo). Por supuesto, se multiplicaron los viajes entre Aguascalientes y León.
La primera película que vi en 2016 fue Joy, la última fue Bailarina, pero quizá la más significativa fue Doctor Strange. También vi Begin again alguna vez en un camión y parte de su banda sonora, "Lost stars", bien podría ser mi canción del año. Mención aparte merece la resignificación de "A waltz for a night" :)
jueves, julio 16, 2015
dates on calendar are closer than they appear
domingo, julio 13, 2014
Creo que al fin nada tiene fin
Ese hombre tiene el superpoder de que me acuerde de ti y te extrañe harto.
jueves, abril 17, 2014
Juan Pablo
miércoles, marzo 12, 2014
Lights will guide you home...
jueves, junio 20, 2013
Al norte...
A mi padre le habría encantado hacer este viaje conmigo.
Tal vez sí lo hizo.
Tal vez por eso parecía tan presente todo el tiempo.
sábado, mayo 04, 2013
Hablamos del peligro de estar vivo
Algunos minutos después, esta otra, que por algún extraño motivo me recuerda a mi papá, irrumpió en la banda sonora de mi viaje en tren ligero.
Parece, a veces, que el iPod se conecta con los acontecimientos de la vida.
jueves, mayo 02, 2013
Las cosas son cosas
I.
El lunes, el trabajo de campo me llevó a una comuna. Más allá de los datos obtenidos, la experiencia fue dura, significó encontrarme frente a una lógica de vida cotidiana muy distinta a la mía. Y el encuentro con la diferencia obliga siempre a cuestionar lo que hay de este lado. Algo que no me resultaba tan evidente hasta que estuve ahí fue mi apego a las cosas.
II.
El martes fui a ver a Jorge Drexler en el Foro del Lago. El concierto fue maravilloso. Regresé a casa tarareando todas las canciones que cantó y alguna que otra que no entró en el repertorio. La canción que más he tarareado en estos días fue ésa que dice: "hay tantas cosas, yo sólo preciso dos, mi guitarra y vos, mi guitarra y vos". Cosas, cosas por doquier.
III.
Hoy jueves, en un descuido, perdí mi celular. Tardé varias horas en darme cuenta, pero cuando lo hice casi entré en pánico. Es increíble la cantidad de preguntas que se acumula cuando una pierde un objeto tan cotidiano y tan personal que, al final de cuentas, es una simple cosa. Chanfle, yo quería dejar poco a poco mi apego a las cosas, pero no así.
viernes, noviembre 09, 2012
No quiero llorar, que se me corre el maquillaje...
martes, octubre 30, 2012
A veces
viernes, mayo 04, 2012
las palabras dicen más de lo que dicen...
La semana pasada, Ricardo me contó que Juan Pablo tenía cáncer. Hoy supe que ha muerto y sigo sin poderlo creer. Nunca fuimos amigos de uña y mugre, por eso me da penita aparecer en su funeral, del cual, por cierto, quedan como 50 minutos. Como sea, recordaré siempre el episodio de la calle 5 de mayo, con esas palabras que se incrustaron en mi mentecilla retorcida. Recordaré también su gesto duro, su rebozo y su amor por los gatos.
Descanse en paz, Juan Pablo.
lunes, marzo 05, 2012
Una y otra vez
Decir que ya no soporto los funerales no es ya una novedad en este blog. Ir a uno y otro y otro y otro mueve muchas cosas entre mi mentecilla retorcida y eso que llaman corazón. Mi papá decía que todos tenemos que morir y asumía la muerte con mucha naturalidad. Siempre pensé que mi papá tenía razón, lo pienso aún. Cuando él murió eso que me enseñó sobre la muerte cobró otro sentido, tenía claro que, efectivamente, todos hemos de morir y que era lo mejor para él en ese momento; al mismo tiempo, me enfrenté por primera vez a un sentimiento de soledad (o tal vez desolación) realmente horrible, era como caminar sola y de prisa por una calle amarga, era necesitar la mirada y las palabras de alguien que se había ido. Cuando estoy en otro lado, tengo clarísimo que la muerte es parte de la vida y que es una experiencia que compartimos todos; cuando regreso a esta misma funeraria, me reencuentro con el dolor y la soledad, como si los hubiera dejado aquí ese 21 de diciembre de 2003, como si esperaran mi regreso una y otra vez.





