martes, agosto 09, 2011
134
Ya sé que el mundo se está cayendo a pedazos, Londres, Siria, el Tec, la economía mundial, en fin. Sin embargo, en este escenario francamente desolador, dos o tres buenas noticias hacen que el día valga la pena: que ya está el contrato, que habemus asesora, que rojo mi cabello ha vuelto a ser (en mi grupo del doc, somos tres mujeres, una güera, una morena y una pelirroja... sospecho que finalizaremos el semestre las mismas tres, pero castañas... hagan sus apuestas), que la serendipia aparece por todos lados, que hay gente que confía en una a veces más que una misma, que el mensaje de una jefa generosa ose sacarle las lagrimitas a una, que el gato de Schöedinger puede que esté vivo, en fin, que la vida no es tan fea.
lunes, agosto 08, 2011
135
Los regresos suelen ser acontecimientos extraños, a veces llenos de expectativas, a veces llenos de incertidumbre, o quizá de todos los anteriores. Como sea, volver a mi alma máter resulta significativo en muchos sentidos, desde lo profesional hasta lo sentimentaloide. Si eso es aderezado con episodios de "muy pequeño el mundo es" y de "big brother is watching you", he de decir que el inicio cómico-mágico-musical promete. No se pierdan los siguientes capítulos, en los cuales, segurito, los alumnitos enloquecerán y, con ellos, su pobresora.
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domingo, agosto 07, 2011
136
La cocina estaba quedando rechinando de limpia, tras mis labores de ama de casa dominical que tan terapéuticas me resultan; de pronto, un vaso feo, muy feo, resbaló de mis manitas, chocó justo contra la llave del fregadero, se rompió y regresó al lugar de donde se había escapado... es decir, sí, a mis manitas... un fragmento del vaso se incrustó en mi dedo gordo de la mano derecha. ¡Aplausos! Qué bueno que el vaso feo se rompió, para no tener que desaparecerlo con estrategias no del todo transparentes; pero, ¿qué le da derecho a interrumpir mis labores domésticas -no todos los días amanezco con esos niveles de energía para hacerlas- y a dejar una herida curva -que tal vez termine como una fea cicatriz- en mi dedito?
sábado, agosto 06, 2011
137
Oh, por Dios. Es tan maravilloso encontrar conexiones donde parece que hay muchas y muy evidentes diferencias. Una abogada, una contadora y quien esto escribe, sentadas juntas en una mesa, con sobredosis de frapuchinos sin chantilly, mucho que contar y mucho más que planear. La abogada es la menor de las tres, su cara es expresiva a más no poder y es atrevida, divertida, práctica y radical. La contadora es la mayor, tras el look sexy, es la más tierna, romántica y bienintencionada de las tres, siempre piensa bien de la gente y trata de comprender a todos. Yo soy un bicho muy extraño y soy la persona menos indicada para describirme, pero, en el grupo, parece que soy la intelectual, medio idealista y tantito cínica. Quizá lo distintas que somos puede observarse en la boda de los sueños: la abogada se casará en menos de dos meses (sobra decir que tiene todo bajo control) y echará la casa por la ventana, todo estará perfecto; la contadora quiere unirse en santo matrimonio, en una ceremonia pequeña e íntima; yo quiero avisarle al mundo, quizá mediante un tuit, luego de haberme fugado con alguien y haber decidido vivir juntos sin contratos de por medio. Lo maravilloso de todo es que no importa cuán diferentes seamos, si nos queremos tanto y nos fascina estar juntas, aunque nuestra condición de workaholic no nos deje vernos tanto. La contadora y yo estaremos en la boda de la abogada y seremos muy felices cuando veamos su cara de felicidad. La encomienda es hacer que el cortejo, las ofrendas y esas cosas resulten perfectas en la ceremonia religiosa, todo está fríamente calculado: la contadora saludará con amabilidad a los participantes, yo seguramente levantaré la ceja y les diré cosas como "¿qué te hace pensar que puedes moverte?, aún no es tu turno" y entonces la contadora buena onda sonreirá para diluir la tensión. Ya cuento los días, muajajá.
PS. Ningún psicoanalista comprenderá el poder curativo de una rebanada de pastel de chocolate compartida en el camino.
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viernes, agosto 05, 2011
138
Puedo ser una mujer de hielo, casi sin corazón, pero cuando leí este post, algo dentro de mí se hizo pedazos y empecé a llorar cual Magdalena. Una y mil veces he dicho que la familia no se elige y los amigos sí; pero también mil veces me ha dolido no reconocerme en las caras de los que llevan la misma sangre que yo y saber que, cuando pienso en la mayoría de ellos, no siento que soy parte de algo... quizá somos simplemente una serie de islas que se apellidan igual, que tienen la barba partida o los ojos grandes o la nariz tantito larga; somos los que nos encontramos en los funerales, porque los que se van son quienes alguna vez nos unieron; en algunos casos muy concretos, somos los que jamás volveremos a vernos, porque no nos interesa y punto. Es complicado. Como sea, no se trata de provocar una inundación lacrimosa aquí (cosa complicada en un segundo piso); si dejo de pensar en lo que no tengo, para reconocer lo que sí tengo (damn it, ¿el espíritu de Paulo Coelho se ha apoderado de mí?), he de decir que mi familia pequeñita ha sido maravillosa. Esta mañana una desconocida y yo terminamos hablando de nuestras familias y ella quedó tan fascinada como yo con la historia de mis papás. Si el precio de esa historia loca e inexplicable que supera a la ficción es el alejamiento de los otros, ha valido la pena.
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jueves, agosto 04, 2011
139
La congruencia no abunda en este mundo. Ya lo sabía, pero me volvió a quedar claro. Me aparecí en la "función de gala" (lo que sea que eso signifique) del Festival Internacional del Medio Ambiente, en la universidad. No contaba con que, antes de la función, estaba programada una ceremonia de inauguración (¿a eso se referirían con "función de gala"?), que empezó tarde, por supuesto. Me dio ternurita ver el auditorio lleno de funcionarios públicos acarreados, se veían como cuando hay grupos completos de alumnos acarreados, que están en todas partes menos ahí. El documental de la noche fue Los días de la tierra, de Robert Stone... he de confesar que no me gustó, es una película demasiado gringa para mi gusto; pero presenta una serie de experiencias interesantes de activistas estadounidenses, en torno al movimiento ecologista y el inicio de la celebración del Día de la Tierra. Hay una reflexión no del todo acabada sobre el poder, la ausencia de políticas públicas y la cultura del consumo en Estados Unidos. He ahí el punto, a veces las ceremonias oficiales adolecen de congruencia: 1) los programas del Festival están impresos en papel couché, no muy ecológico, obvio; 2) a las honorables autoridades universitarias y de gobierno les dieron agua embotellada, ¿qué hay del impacto ecológico de las toneladas de plástico de las botellitas?; 3) al terminar la función se escuchaban comentarios de funcionarios maravillados con la reflexión sobre la ecología... metros más adelante, abordaban sus camionetones del año para regresar a casa... la mayoría, en la soledad de su auto. Qué complicado resulta a veces ser medianamente congruente.
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miércoles, agosto 03, 2011
140
El lunes, cuando desperté, caí en la cuenta de que agosto había llegado. Me apaniqué, confieso; algo presionó mi cabeza y exprimió mi estómago, mi cuerpecillo pretendió quedarse pegado a las sábanas y pensé, una vez más, que debería existir el equivalente de un reloj legislativo para simples mortales. El punto es que ya es miércoles y sigo resolviendo pendientes contrarreloj, como casi siempre, pero con más enjundia. Esta mañana dije que le faltan horas al día (y no, no me refería a esta canción). Muchas cosas deben estar resueltas antes del lunes. ¿Es mi imaginación o este bonito blog ha experimentado un viraje a un combo de angustia, nostalgia e incertidumbre?
martes, agosto 02, 2011
141
Las despedidas no suelen ser fáciles, pero siempre son necesarias. Hoy, El Cafecito, mi proyecto de años, tiene nueva editora, porque las horas del día ya no me son suficientes para atenderlo. Quizá, más fuerte que la nostalgia, es la felicidad de saber que ha quedado en buenas manos :D
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lunes, agosto 01, 2011
142
El reconocimiento del trabajo, sobre todo cuando es inesperado (el reconocimiento, no el trabajo), hace que muchas cosas valgan la pena, que otras se disipen, que otros tengan que cerrar la boca.
PS: Alguien parece estar muy pendiente de mi agenda, lo peor del caso (¿o lo mejor?) es que me agrada saberlo.
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mensajes teledirigidos
éstos sí son super héroes y no fregaderas
¿Quién necesita al Capitán América si existe Capitán México y resulta así de poderoso, fashion y "sepsi"?
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