miércoles, octubre 19, 2011

63

Es increíble cuánta felicidad puedo encontrar en limpiar cajones, expulsar cosas que ya no tienen por qué estar ahí y acomodar otras en los huecos. Sería genial que la vida fuera como un escritorio al que se le pueden poner, quitar y reacomodar cosas. Sería genial, pero así no es.

cosas que pasaron por mi mente mientras veía 3 primos y una boda



  • Soy fan del discurso de Diego en el templo, en la boda que no fue boda.
  • Soy fan de la intervención de Julián para salvar al primo.
  • Soy fan de las técnicas alternativas de José Miguel para agarrar valor y acompañar a sus primos.
  • Soy fan del hijo de Martina. Es adorable.
  • Ash, soy fan de la película. Puede que sea boba, pero qué más da.
  • Qué guapo es Diego o, más bien, Quim Gutiérrez.
  • Qué cínico, vulgar, coqueto y, a la vez, adorable, resulta Julián.
  • ¿Bachi es anfibio?
  • ¿Yolanda es idiota?
  • ¿Qué carajos hace José Miguel con Toña?
  • Los pechoboys son la onda.
  • "Es que no tienes que estar a la altura". Cuánta verdad en las palabras de Martina.
  • "Esta canción va dedicada a... a... a... al amor de mi vida". Vaya nivel de precisión, ja ja ja. Sospecho que conozco más de un Diego.
  • "Desayunar no es tan fácil como parece". Ash, yo también quiero desayunar y sé perfecto qué quiero desayunar, no porque sea el primer panecillo que pasó frente a mis ojitos, pero, pero...

martes, octubre 18, 2011

64

Hay semanas que veo la cartelera y nada se me antoja. Hay otras, como ésta, en que quiero ver la mayoría de las películas. Días de mucho y días de nada, diría mi mamá. Como sea, hoy vi 3 primos y una boda y he de decir que me ha fascinado. Por algún extraño motivo, tras ver una película que tiene que ver con el reencuentro con el pasado, me encontré también con parte de mi turbio pasado a la salida del imperio del café.

lunes, octubre 17, 2011

65

Bien dijo Bauman que donde hay dos no hay certezas. Uno nunca sabe cuánto puede cambiar la vida en 11 horas. Chale, ésta no soy yo.

domingo, octubre 16, 2011

66

Suelo hacer planes para romperlos. Planeaba dormir como nunca y descubrí que mi cuerpecillo se niega rotundamente, me acosté a las 2 y a las 6 ya estaba fresca como una lechuga, tomando fotos del amanecer desde el onceavo piso de un hotel. Planeaba dejar Sangüichito a la 1, pero me dejé convencer por el ala potosina de mi familia que lleva la fiesta en la sangre... me quedé a la tornaboda, pospuse la salida unas horas, aunque eso implicara dormir menos, para darle matarile a los pendientes. Y, en un episodio más de sorpresas de la vida, me sacó una sonrisa descubrir una cara conocida en el ciclista que casi me atropella, a unos metros de la puerta del hotel.

sábado, octubre 15, 2011

67

Las bodas no son mi hit, pero confieso que algunas me han fascinado hasta el extremo. La de mi sobrina potosina cabe en esa categoría de bodas extrañamente fascinantes.

Debería darnos pena, la invitación decía bien clarito 3:30 (y yo leí 3:45, no sé por qué). La familia del novio, puros españoles, estaba a tiempo. Mi familia no. ¡Aplausos! Como sea, la juez se puso platicadora y le dejó claro al pobre hombre que había aceptado someterse a las leyes mexicanas, qué fuerte. Gracias al cielo que no leyó la epístola de Melchor Ocampo, eso sí que me habría causado el patatús. Al final, un compañero del equipo de investigación de mi sobrina (sí, es bien ñoña, mucho más que yo) improvisó su más sentido mensaje y se vio muy académico. Mr. Sabe a pollo, muy atinadamente, me expresó su preocupación en torno a la revisión por pares.

Tras la ceremonia civil, vino la religiosa en versión resumen ejecutivo, es decir, hubo rito sin misa, con un sacerdote de una comunidad. He de decir que lo que hizo fue muy emotivo y hubo algunos destellos dignos de comedia romántica, como cuando ventaneó a mi ilustre sobrina, que alguna vez le dijo, acerca del que ahora es su esposo: "vino a verme desde España, yo creo que sí me quiere". En algún momento, nos dimos cuenta de que la novia mexicana se ha españolizado: "pues nada, que la ceremonia nos ha fascinado", dijo bien clarito.

La hora del mariachi fue otro episodio cómico-mágico-musical, entre las caras que uno de ellos hacía cuando cantaba y el pantalón de otro que, sospecho, muy incómodo era. A los europeos creo que les gustó. Yo reiteré que me encantan ciertas canciones y no consigo recordar las letras, así que canto de modo intermitente.

La comida fue casi tan excelsa como el nombre del negocio de banquetes de donde salió, Don Banquette se llama, así, con doble T. Por cierto, a quien se le ocurrió poner una mesa con dulces y panecillos para niños, no se le ocurrió que los primeros en asaltarla serían mis sobrinos que rondan los 20 años.

Quizás el baile fue lo mejor. Luego del vals con Under my skin, de la muy vil víbora de la mar y del lanzamiento de ramo del cual me pude escapar otra vez, vinieron las clásicas canciones de todas las bodas. Qué importa que uno aún no sepa si el cuello se ha recuperado de un esguince y que el otro no sepa si eso que siente es una costilla fisurada, si bailar como si nadie viera es tan divertido... casi tanto como descubrir, con los posteriores comentarios, que el pinche mundo sí estaba viendo. Qué importa haber conocido a la plana mayor de cierto equipo de investigación de la universidad del Gooooooooooya muy seriecitos en congresos, si resulta francamente divertido verlos bailando "de reversa, mami". Qué importa haber llegado a pensar que uno es bien alternativo gooooooooei, si termina bailando Rabiosa. Qué importa no saber bailar salsa y merengue, si es tan fácil dejarse llevar por el otro que sí baila. Qué importa... bueno, ya.

Lo más emotivo fue la sorpresa del novio a la novia: un espectáculo de pirotecnia, con los nombres de los novios y un corazoncito, al ritmo de Por ti me casaré. Creo que todos estábamos tan sorprendidos como la novia. Mi sorpresa fue mayor cuando me acerqué demasiado a la pólvora y sentí que me dio el golpe eso que respiré, fiu. En la categoría de lo emotivo caben también los recuerditos (almendras y tarros de miel) y los más sentidos mensajes de despedida.

He de decir que el ala potosina de mi familia lleva la fiesta por dentro... y por fuera. Desde el miércoles llevaban una por día y, habiendo terminado la boda, fuimos muchos (quesque los más jóvenes) a seguirla en el café de uno de ellos, con trova y así.

Gran noche. Amé los pequeños detalles, amé la calidez y la multiculturalidad, amé la compañía, muy feliz fui.

Notas pa mí: Aprender a bailar salsa y merengue. No acercarse tanto a la pólvora, aun cuando las fotos lo ameriten.

viernes, octubre 14, 2011

68

En un episodio más de "cosas que hacen que la vida valga la pena", esta mañana reí como loca al ver cómo intentaban las multitudes caben en sendos vagoncitos del tren ligero de tapatilandia. Hubo aventones, arrimones  e intentos desesperados por romper el récord Guiness de la mayor cantidad de personas coexistiendo en un espacio tan pequeño... lástima que nadie estaba ahí para registrarlo. Me aparté, preferí observar cómo se aplastaban entre ellos que ser víctima de los golpecillos. Al final, las puertas de los vagones no cerraban y, raudos y veloces, entraron agentes de la Policía Federal a cerrarlas a presión. Lo malo es que en su presencia no pude tomar fotos. Lo bueno es que la escenita me hizo el día y anduve contenta hora tras hora... lástima que se me olvidó la torta ahogada que alguien con tanta emoción me encargó.

jueves, octubre 13, 2011

69

Guadalajara no es Guadalajara sin lluvia y esta mañana me recibió con cielo gris y agua por doquier (aunque Agüitas se quedó también con agua por doquier, he de decirlo, vaya huracán). Ya lo he dicho miles de veces, pero algo tiene esta ciudad que me resucita cotidianamente. Qué importa haber tenido que cambiar las chanclas por botas de peluche, para resistir el combo de lluvias huracanadas y vientos de inicio de frentes fríos. Qué importa haber pagado el taxi más caro de la historia ($190 por ir de la central nueva tapatía hasta el sur, con la tarifa oficial autorizada por Tránsito... wtf?) si a cambio encontré al taxista más cuidadoso del mundo, que se encargó de que mi cuello llegara sano y salvo al otro lado de la ciudad. Qué importa descubrir por qué no fui ni seré economista, si entre todo creo que aprendí algo... y que sobreviví. Qué importa esperar eternidades para comer, si el chisme se pone tan divertido y uno llega a conclusiones como que la única certeza es que no hay certezas. Quizá lo que importa son esas incertidumbres (no las del saber, sorry, Wallerstein), ¿será que en verdad soy tan fría como mi temperatura corporal?, ¿será que ahí donde yo no veo posibilidades y otros sí, realmente las hay?, ¿será que me estoy acobardando antes de tiempo?, ¿será que soy tan boba como para no saberlo?, ¿será que me dejé llevar y empecé a construir telarañas mentales gracias a las elucubraciones de una amiga? No se pierdan los próximos capítulos.

miércoles, octubre 12, 2011

70

Hacer en unas horas el trabajo de días no es divertido, ni recomendable, ash. Odio que la desorganización se haya apoderado de mí, en medio de la montaña rusa emocional que parece continuar. Menos divertido es dormir tres horas y emprender la graciosa huída a la ciudad que ha sido invadida por los Panamericanos. He aquí una queja más en este blog que ahora es un perchero para colgar las frustraciones... bueno, eso había sido desde el principio, al menos dejaré de sentirme culpable por atrofiarlo.

martes, octubre 11, 2011

71

¿Quién iba a pensar que, de la nada, iba a salir uno de mis amigos a resolver las dudas que no dije sobre economía, sobre Stiglitz y Krugman? Todo parece tan claro ahora. Gracias, Jaime.