martes, marzo 19, 2013

Dramas posmodernos

[Enemil intentos]
Su contraseña es incorrecta.
¿Olvidó su contraseña?
Restaure su contraseña.
[Primer intento de nueva contraseña]
Su contraseña debe tener al menos un número.
[Segundo intento de nueva contraseña]
Su contraseña debe tener al menos una mayúscula.
[Tercer intento de nueva contraseña]
Su contraseña debe tener al menos una minúscula.
[Cuarto intento de nueva contraseña]
Su contraseña no puede ser igual a la que ya tenía.
[Chingá, ¿ése era el problema? ¿O sea que la contraseña no era incorrecta, sólo había caducado y el sistema "perfecto" no fue capaz de informarlo?]

sábado, marzo 09, 2013

Enemil cosas que hacen que la vida valga la pena...

Después de que el combo cansancio-hartazgo-agobio se hizo presente en estos días y luego de haber protagonizado el episodio el episodio cómico-mágico-musical de derramar lagrimitas en alguna sala de cine rebosante de gente, la vida se empeñó en hacerme sonreír. Bajé del autobús en la central de Aguascalientes y había flores por doquier... ash, no eran para mí, sino parte de algún envío, pero fue una belleza ver cajas y cajas llenas de flores de todos colores invadiendo el piso de los andenes. Después, en la ventanilla del taxi que me trajo a casa, se dibujaron algunas gotas de lluvia... todo un bálsamo para alguien que ama la lluvia. Hoy, una perrita hermosa que, según me contaron los vecinos, lleva días vagando por las calles, me miró y no pude evitar traerla a casa. Todavía he de pensar si se va a un albergue o si se queda para siempre, pero ver sus ojitos de felicidad después de comer me ha hecho poner también ojitos de felicidad. ¿Será que la vida se empeña en demostrar que vivirla vale la pena?

viernes, marzo 08, 2013

Soy una loca que llora inexplicablemente

Tenía unas ganas locas de llorar, unas inexplicables ganas de llorar, no por algo o por alguien, simplemente llorar cual si se tratara de un deporte de alto rendimiento. Tenía unas ganas locas de llorar y terminé llorando con un spot de Coca Cola que invita a enloquecer. Recordé un anticomercial que vi el otro día, donde se afirmaba: somos los locos que contaminan ríos. En fin, yo soy la loca que llora en los spots previos a un documental sobre Dogma 95, en alguna sala de cine de Guadalajara.

miércoles, marzo 06, 2013

Sólo a veces...

Sucede que a veces me cansa el torrente de pendientes que no me permite ir despacio. He vivido contrarreloj en lo que va del año y la sensación me resulta agridulce, por un lado me encanta estar siempre ocupada, por otro ya estoy harta. Quiero sentarme una tarde completa en la banca de un parque o ir al cine y ver dos o tres películas o algo. Quiero recordar cuánto me apasiona todo esto que hago cuando sí tengo tiempo para respirar. O tal vez sólo quiero salir corriendo... bueno, no, no es mi estilo. Como sea, veo dos cuentas regresivas en mi vida, una termina el 16 de marzo y la otra el 15 de mayo. Ya falta menos y a veces desespero, pero sólo a veces.

martes, marzo 05, 2013

Rojo mi cabello ha vuelto a ser

Una evidencia empírica de cuando el exceso de trabajo hace estragos en mí es el tiempo que tardo en retocarme la raíz del tinte. Me he pintado el cabello religiosamente desde que tenía 19 años, ahora tengo 31. En momentos críticos, he tardado un par de meses en retocar la raíz y mi cabellera se convierte en algo tricolor, con castaño oscuro monísimo, rojo decolorado rarísimo y las canas que nunca son invitadas pero siempre llegan. Esta vez tardé tres meses. Eso es malo, muy malo, requete malo.

Como sea, haber regresado a la cabellera roja debe ser una evidencia empírica de que estoy retomando las riendas de mi vida y que por fin he organizado un poco mi maraña de actividades. ¿Será?

jueves, febrero 21, 2013

La conciencia de género sale cuando una menos lo espera

Soy una mujercita indefensa que necesita que sus compañeros hombres intervengan para legitimarla. Obvio, no soy esa mujercita indefensa desde mis propios ojos, pero tal vez sí lo sea desde los ojos de alguien cuyo nombre no diré. El asunto es simple, en un grupo de cinco, donde soy la única mujer, discutimos entre pares y la hacemos muy bien. Sin embargo, cierto doctor apareció y mostró poco respeto por dos de los cinco: el que parece más joven y la mujer (yo, pues). A ambos nos interrumpió en seco, no nos permitió completar las ideas. En mi caso, dije algo y lo descalificó, dos compañeros señalaron que mi opinión era legítima y válida, entonces moderó su postura. Al parecer, el diálogo sólo se establece con hombres, aunque no con todos. Al parecer, es fácil hablar de justicia social, desde un discurso profundamente machista y clasista. Al parecer, se puede hablar de ecología mientras se lanzan colillas de cigarro desde un tercer piso... porque quien sostiene un discurso de justicia social asume que habrá alguien que recoja el tiradero... alguien de una "clase inferior", podría ser. En suma, ese discurso no lo compro, no así. La conciencia de género sale cuando una menos espera.

domingo, febrero 17, 2013

En algún lugar...

No puedo creer que estemos más allá de la mitad del segundo mes de este año. Como sea, mis pies ya han caminado por Cancún, Mérida, Izamal, Campeche, Chichén Itzá, Guadalajara, San Juan de los Lagos, León, la Ciudad de México y mi adorada Aguascalientes... nada mal para tan poco tiempo.

martes, febrero 05, 2013

Mejor subiré a YouTube esta canción...

Gracias a mi gran jefe di con este video de Los Tres Tristes Tigres. No puedo parar de reír.

sábado, febrero 02, 2013

Bomberazos, bomberazos por doquier

Debe ser una terrible señal recordar que tengo este blog sólo porque en algún lado debo expulsar la frustración. Tengo una relación de amor - odio con los bomberazos. Odio los problemas con el tiempo, que no permiten organizarse más o menos bien. Odio que no se respeten los acuerdos y que una termine haciendo más de lo que inicialmente estaba previsto. Odio la ley de Murphy. Odio la pantalla en blanco y las horas de pasme. Como sea, en lugar de bomberazos laborales, una debería recibir bomberazos como Jeffrey Dean Morgan en The accidental husband





lunes, enero 14, 2013

Dosmildoce

Mis problemas respecto al tiempo son cada vez más graves, escribo mi extraño recuento del 2012 cuando ya va medio mes del 2013. No dejo de pensar que la división por años es arbitraria, pero tampoco dejo de pensar que es divertido hacer recuentos... y tal vez también útil... o quizá sólo un poco ocioso.

Gran parte de mi vida este año (el año pasado, pues) ocurrió en carretera. Hice 23 viajes a Guadalajara, dos a Celaya, uno a San Miguel de Allende, dos a León, uno a San Luis Potosí y finalicé el año con una travesía que empezó en Cancún. Obvio, la mayor parte de los viajes fueron a las sesiones presenciales del doctorado. Eso me recuerda que, hasta el momento, he sobrevivido al doctorado, lo cual merece una fiesta o, al menos, un poquito de inspiración tras responder un mensaje a cierta tesista de la cual soy lectora. Por lo demás, ¿será que todos los caminos llevan a Guanajuato?, ¿será que debí haber hecho caso cuando, en agosto, la vida parecía querer que me quedara en San Miguel de Allende?

En fin, si hemos de creer en señales, un frapuchino me regaló una aparición extraña: un trozo de hielo con forma de corazón saltó de mi vaso. ¿Será acaso la confirmación de que la mujer de hielo que dicen que soy tiene corazón?



Hubo otras señales bastante más objetivas. El cansancio me dejó claro que los días de 72 horas no existen y que estaba forzando demasiado al cuerpecillo, así que renuncié a mi trabajo como asistonta de investigación, tras cinco años de labores. Fue una decisión complicada, fue también una decisión de la que no me arrepiento. Tal vez habría renunciado de todos modos, aunque el cansancio no me lo exigiera y a pesar de las enemil satisfacciones que tuve en ese lugar, simplemente porque pasar tanto tiempo en el mismo sitio hace que uno se aferre a la zona de confort. Volar siempre es necesario y siempre es desafiante.

Se me ocurrió la brillante idea de revisar dos o tres tonterías que he hecho. Pedí perdón, eso no ocurre todos los días. No sé si maduré un poquito, pero me sentí mucho mejor. Varias amistades se fortalecieron y eso me hace inmensamente feliz.

Fui mucho al cine. Me fascinaron El exótico hotel Marigold, Melancolía y Amigos. Amé los homenajes al cine en Hugo Cabret y El artista. Vi muchas películas también en carretera. Lloré en un camión cuando veía Comer, rezar y amar, como la mujercita cursi que juro que no soy. Me persiguió El amor de mi vida, cof cof, sí, hablo de Bright star, no de un amor de mi vida de verdad... de hecho, los amores fueron una cosa extraña en 2012. Más de una vez me pregunté si mi vida era un episodio de alguna serie gringa. Al final, me quedé como el perro de las dos tortas, ¿por qué no?

No leí tanta literatura como hubiera querido. Como sea, por fin leí a Dickens. Como siempre, compré libros como si tuviera tiempo de leerlos todos. Me colé en un intercambio poético, recibir letras viajantes, procedentes de España y Chile resultó magnífico.

Vi a Regina Orozco, Lila Downs, Carla Morrison, Jarabe de Palo y Kevin Johansen en vivo... y gratis. No era fan de Regina, pero me fascinó. Lila me sigue gustando, a pesar de que creo que ahora está demasiado producida. El concierto de Carla fue como escuchar muchas veces la misma canción. Jarabe de Palo me agradó, a pesar de sus chistes repetidos. Y el de Kevin Johansen, con la participación de Liniers, fue mi concierto favorito del año.

En asuntos cómico-mágico-musicales, descubrí que los celulares son más inteligentes de lo que aparentan, protagonicé una extraña intromisión en "la comunidad artística local" y quedé en shock cuando alguien respondió "cobertura universal" a mi grito de "¿qué es lo que quiere el Seguro Social?"

Por lo demás, no se acabó el mundo, sólo envejecí un poquito. Fue un año de gran cuestionamiento. Sé lo que quiero hacer, pero también sé como quién no quiero terminar. También sé lo que busco, pero a la vez me pregunto si toda la vida buscaré lo mismo. Sospecho que no. Sospecho que la vida me sorprenderá siempre.