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martes, abril 12, 2011

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Todavía no se me borra la felicidad de la cara... y no, no es el mismo post de ayer. Quizás entre tanto ajetreo de estos días, no he tenido tiempo de asimilar lo que ha pasado. Como sea, estos días más recientes, han ocurrido cosas lindas, que me hacen pensar que no todo está perdido.

Hoy estuve en Tapatilandia (de pisa y corre, as usual) y una vez más, me sentí en casa en el InTEnSO. Me hizo feliz reencontrarme, en el seminario permanente, con los que fueron mi segunda familia en todo el tiempo que estudié allá. Amé que una sesión de chisme con un amigo, fuera interrumpida por el gol del Chicharito con el Manchester... y más amé que corrimos como tontos a ver la repetición en la tele de un pasillo. Quizá, lo que más amé fueron los minutos de simpleza que vivimos Karina y yo, rumbo a la central, y llegar a las 5:02 a tomar el autobús de las 5:00 PM.

En resumen, muy feliz fui.

miércoles, diciembre 09, 2009

crónica de un viaje anunciado

Algo tiene Guadalajara que me hace feliz. Tras ocho meses, regresé para echar porras en el coloquio de mis amiguillos; me encontré con la central camionera en calidad de zona de guerra (a un genio se le ocurrió arreglar el pavimento justo en días de alta circulación de viajantes, ¡aplausos!), con taxistas necios (as usual), con la novedad de que ya no existen las rutas Cardenal (cosa que me alteró considerablemente) y con un tráfico de la fregada (también, as usual). Neurótica como soy, con esos incidentes había material de sobra para gritar y patalear; pero no, mi cara mostraba una sonrisa enorme... tal vez porque iba al encuentro de varios grandes amigos, tal vez porque por primera vez en tres años fui sin preocupaciones de tareas no terminadas o avances de tesis de proporciones milimétricas.

He de decir que disfruté tanto la ñoñez del coloquio, como la espontaneidad de todo lo demás, la pizza compartida, el chisme en la camioneta que parecía transporte escolar, la cámara extraviada y rescatada por Giovanni (me cae que si me cobraras los favores, serías rico), la excursión al trébol (una idea brillante más del gobierno del estado eso de cerrar el cruce al ITESO), el chisme en Twitter y Facebook a medio coloquio (balconeadas incluidas), los momentos de extravío que llevan a una a descubrir cosas harto trascendentes (que dos que tres aprovecharon el momento para una siesta, que hay un flaco muy flaco que tiene bubies, que alguien con un tic robaba la atención y hacía comentarios muy extraños), la fuga anti-estrés a la Pizza Leegera, la aparición de Tony, las preguntas profundas de Alex (¿en qué momento histórico te hubiera gustado vivir?) y las respuestas fumadas de todos nosotros, la oportuna plática de Mario sobre la fotografía de nota roja de Metinides (a media comida), las más sentidas reflexiones sobre los blogs y el balconeo según Alfredo (y sí, Mr. Sabe a Pollo - también conocido como Mauricio - y yo nos balconeamos mutuamente) y más.

Quiero más viajes de éstos.

viernes, noviembre 20, 2009

no sé cómo decirte que he perdido los zapatos otra vez...

Vaya día tan extraño. Madrugar en viernes no pesa cuando el grupo de las 7 es adorable, impresionada estoy con la claridad mental, el trabajo duro y la actitud de diversión perpetua de esos alumnitos; sospecho que los voy a extrañar. Extrañaba enclaustrarme en la biblioteca por la mañana, entre el olor a libros y el ruido de hojas, de pasos y de dedos que teclean o voces que susurran. Todo iba bien, pero en algún momento tuve sentimientos encontrados, palabras que no sé si fueron las mejores y dos que tres asuntos pendientes. Por si algo faltara, un mensaje que desearía no haber recibido me dejó pasmada, ¿que quién ya no está dónde? Snif. Sabe a pollo, menos conocido como Mauricio Benjamín, me hace el día; cita textualmente algo que dice que dije el día de mi examen de maestría: "susto de la vida" (Flores, 2009). Quiero ir al cinito, pero casi todo es Luna nueva y he de decir que me da flojera. Creo que terminaré viendo La Sirenita en el teatro, ja, ni cuando era niña fui, iré ahora a ver a la sublime actuación del hijo de una amiga apenas un poquito mayor que yo (la amiga, no el chavito). Quiero ir a la FIL, quiero ir al ITESO, quiero ir al DF, quiero vagar en el Chepe, quiero vacaciones... y a la vez no.

La frase del título, por cierto, es de una canción de Nena Daconte.

martes, julio 14, 2009

de Tapatilandia, el espíritu itesiano y la lluvia


Hace unos días fui al InTEnSO a recoger el pedazo de cuero (con una foto donde parezco gente seria) que certifica que soy oficialmente maistra, digo, maestra. Y he de confesar que, aunque me pone contenta recibir el título y cerrar un ciclo, la nostalgia se ha apoderado de mí vilmente. Algo se respira en el ITESO que me hace feliz, pensar en el corredor de árboles o en los chorros de agua mutantes me saca siempre una sonrisa. De hecho, creo que mucho más que el grado, me llevo las memorias. Me quedo con la costumbre de poner todo en duda, con la visión crítica, con el compromiso y la libertad. Me quedo con los retos que me pone siempre Raúl (creo que antes, durante y después de la maestría... me voy a morir), la calidad humana de Guillermo, la pasión de Rossana, el humor inteligente de María Martha, las preguntas de Diana, la tranquilidad de Cham, la claridad de Juan Manuel y el apoyo de Cecy; me quedo, sobre todo, con un gran aprendizaje de todos ellos, mis maestros (porque profesores abundan, pero verdaderos maestros no), que además de ser todos ellos muy fregones académicamente hablando, dejan ver que los que de verdad son grandes no requieren ladrillos en qué subirse. Me quedo también con los amigos, para los que no importan los kilómetros de distancia, con las sesiones de amistad apache con Paulo, las desveladas de messenger haciendo lecturas y ensayos con Mario, las muchas coincidencias (que no casualidades) con Tony, las interminables discusiones de lecturas y proyectos con Rafa, el chisme en la calle con Karlita cuando éramos vecinas, las fugas al Starbucks con Sasha y nuestro muy chafa tour por el Zapopum (¿o nuestro tour por el muy chafa Zapopum?, sí, creo que era esto último), las intermitencias cafeteras de Lourdes, el chisme de la hora de la comida con Kari, las muchas coincidencias blogueriles y los reportes twitteros de Mauricio, el apoyo moral de Alfredo, los entusiastas saludos de Christopher, las anécdotas de Eugenio y más. Me quedo con enemil recuerdos de los cafés a media clase, las jornadas de cuasi camping en la biblioteca, las invasiones a la salita de posgrados, el paulatino crecimiento de las ojeras en las caras de todos, las sesiones de histeria colectiva, las inolvidables francachelas, las tormentas que acompañaron mi paso por Guadalajara y zonas aledañas y mucho, mucho más. Me quedo, sobre todo, con ganas de volver.