martes, enero 07, 2014

Interrumpimos la (des)programación...

... para contar que hay novedades en Cosas que pasaron por mi mente mientras veía... El hobbit: La desolación de Smaug, Los juegos del hambre: En llamas y Thor 2: Un mundo oscuro, es decir, sí, puras segundas partes.

jueves, enero 02, 2014

Dosmiltrece

2013 fue un año de viajes. El recuento indica que usé 76 autobuses foráneos, nueve aviones, tres colectivos, dos trenes, dos ferries, dos lanchas y un velero para la vagancia por Guadalajara, León, San Juan de los Lagos, Nochistlán, Valparaíso, DF, Toluca, Puebla, Chihuahua, Creel, Los Mochis, Culiacán, Melaque, Cancún, Isla Mujeres, Playa del Carmen, Cozumel, Chetumal, Bacalar,  Mérida, Izamal, Campeche, Chichén Itzá y Denver. Nada mal para unos pocos 365 días. Adivinaron, el lugar al que más veces viajé (y regresaré 80 millones de veces más) fue Guadalajara. En una de esas vueltas encontré la cura para la depresión en un puente peatonal y, en otra, me regalé una tarde de diluvio tapatío. Tuve una sensación extraña, como si mi padre me hubiera acompañado en uno de los viajes, fue el de Chihuahua - Creel - Los Mochis - Culiacán. He de confesar que en el 100% de los viajes tuve complicaciones antes de salir: terminé la maleta para ir a Toluca un minuto antes de que el taxi llegara por mí, terminé la maleta para el viaje de fin de año a Cancún diez minutos después de que el taxi llegara por mí (oh, sí, vergüenza vil).

Gran parte de esos viajes fue por motivos académicos. En ese sentido, 2013 fue un año académicamente estimulante, sobre todo en octubre. Todavía no acabo de procesar lo que aprendí en todos los sentidos. Quizá lo mejor fue la lección de sencillez y humildad que vi en Alain Touraine himself, en medio de un mundo académico que a veces nos arrastra en la soberbia.

Hubo otros viajes, emprendidos desde butacas del cine, con maravillas como El gran secreto (algún genio tradujo así The words), No, Cuatro notas de amor (otro genio tradujo así Quartet), Mucho ruido y pocas nueces (Much do about nothing), Before midnight, Gravity, Thor: The dark world, Intriga (algún genio tradujo Prisoners así) y El hobbit. Mi favorita del año fue Gravity. Con Before midnight cerré un ciclo en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 de conocido cine, meses después de que el pasado se me atravesó de golpe dos días seguidos.

A propósito de encuentros cercanos del tercer tipo, este año se registraron oportunidades de inversión no muy fiables. Volví a pensar en ciertos límites geográficos y me pregunté si los sortearé, pero la pregunta ha quedado nuevamente en el aire. Para cerrar el año, experimenté un extraño retorno a la adolescencia.

Seguí leyendo a la Szymborska (aunque sigo sin terminar los dos libros de ella que compré en la FIL en 2012) y me volvió a fascinar Italo Calvino con Si una noche de invierno un viajero. También me fascinó La invención de la soledad, de Paul Auster, me fascinó y me dolió: "Paul Auster comenzó a escribir La invención de la soledad cuando murió su padre de forma repentina", dice la contraportada. Ese libro no fue sólo mi primera lectura del autor, fue también la lectura más dolorosa que hice en 2013, fue como encontrarme con un dolor que yo sabía que estaba ahí pero de cuya dimensión no tenía idea. Los libros tienen sus momentos y éste llegó a mí, en una reedición que compré en Sanborns un día mientras hacía tiempo, justo cuando lo necesitaba.

Vi a Jorge Drexler en vivo y fui muy feliz. Eufemia llegó a mi vida (aunque tardó mil años en encontrar su nombre) y se unió al equipo animal de casa, con Lucas y Justina. Y cumplí 32, ¡aplausos!

miércoles, enero 01, 2014

Treinta y dos

Los treinta y dos llegaron mientras volaba escapando del frío. Celebré con una botella de tinto, en algún hotel de un lugar donde el invierno se vive a 28ºC. Perdí la batalla contra el sol, comprobé que mi capacidad de asombro sigue viva, le di la vuelta a la península, comí como si no hubiera mañana, tomé como 1500 fotos y regresé a casa. En suma, los treinta y dos llegaron mientras hacía lo que me gusta: viajar. Qué felicidad.

lunes, diciembre 16, 2013

Sólo que por eso sea...

Debe haber una máquina del tiempo que me regresó a 1996, porque eso de titubear cuando un tipo guapo e interesante me regala chocolates sólo pasa cuando tengo 15 años. Sí, ha de ser eso.

lunes, noviembre 18, 2013

Casos de la vida real...

Sales a comer con alguien a quien no has visto en años.
Quiere quedar bien contigo.
Te lleva a un elegante restaurante de mariscos.
Eres alérgica.
Pides arrachera del menú infantil.

sábado, octubre 19, 2013

El extraño retorno de Cosas que pasaron por mi mente mientras veía... Gravity

Pásele, pásele, que en el otro blog ha regresado su gustada sección "Cosas que pasaron por mi mente mientras veía..." y lo que vi esta vez fue Gravity.

sábado, octubre 12, 2013

Cómo deprimirse y recuperarse en cinco pasos

Paso 1. Aborde usted el tren ligero de Guadalajara, en la estación Washington, con destino a Periférico Sur y advierta usted que hay gente suficiente para que el vagón califique como lata de sardinas.
Paso 2. Experimente usted la sensación de soledad más fuerte de los años recientes, en medio de la multitud.
Paso 3. Descubra que ha llegado a Periférico Sur, deje que todos salgan y camine despacio en un pasillo, luego otro y en la escalera. Continúe a ese paso para subir el puente que está justo afuera.
Paso 4. Note, a la mitad del puente, que el camioncito de su universidad ha llegado. Piense que, si lo pierde, tendrá que esperar 15 minutos más bajo el sol del mediodía. Reaccione y corra, haga señales para que el chofer no se vaya, saque como pueda la credencial que le acredita como estudiante y aborde el bendito camión. Encuentre una sensación de comunidad en el tipo que llegó atrás, después de vivir la misma experiencia de atravesar corriendo el puente.
Paso 5. Ría mientras el camioncito transita entre los baches hasta la universidad. No olvide dar las gracias al chofer.

sábado, septiembre 14, 2013

Tarde de viernes

A veces ocurre que una entrevista es interesantísima, pero que el chisme post-entrevista resulta más interesante aún... y divertido.

A veces una encuentra afinidades de modo inesperado.

Pero no siempre sucede que una escuche a alguien 12 años menor y tenga la impresión de que se está escuchando a sí misma a los 19. Sorprendida estoy.


Las horas...

Tal vez no consiga días de 72 horas, pero ahora puedo llevar las horas colgadas del cuello. Gracias, Luda.

sábado, septiembre 07, 2013

7F7 / Un beso dura lo que dura un beso...

Muchas veces he experimentado una necesidad increíble de expresar algo y ni sé por dónde empezar—ahora, por ejemplo—. Podría empezar por el principio, pero no se me da eso de la narración lineal. Podría empezar también por el final, pero uno nunca sabe cuándo algo es el final, es más, tal vez eso en lo que estoy pensando fue como el quinto final y —espero— el último y definitivo para siempre jamás. Podría incluso volver a preguntarme qué y por qué escribo en este blog, si abuso del recurso de escribir las cosas en clave y después ni yo misma sé a qué o a quién me refería. Probablemente ocurra eso con este post… o tal vez no. El punto es que muchas veces tomé la decisión de poner punto final a los restos de una historia que arrastro hace muchos años —hey, podríamos cuestionar ahora mismo mi capacidad de decisión, jaja—. A veces las historias terminan y a una le queda el complejo de Adele —por aquello del “for me, it isn’t over”— y no termina de dejar ir algunas cosas. El gran problema viene cuando una toma conciencia del paso del tiempo en el momento menos pensado. Me ocurrió el jueves, en el asiento 7 de la fila F de la sala 7 del cine más cercano a mi casa, mientras veía Before midnight. Recordé Before sunset y lo que pasaba en mi vida en aquel tiempo. Pensé que nueve años son demasiado, pero me acordé también de dos encuentros este año en el lugar menos esperado y pensé que no hay razones para tirarse al drama. Tal vez la vida habría sido muy distinta si yo hubiera decidido seguir en 2004, pero preferí no hacerlo. Tal vez la vida habría sido muy distinta si yo no hubiera fingido que todo estaba bien en 2005, pero lo hice. Y tal vez la vida habría sido muy distinta si yo hubiera asumido que esa ausencia presente continuaba escondida, haciendo daño desde dentro, todos estos años. A veces una mantiene los fantasmas en casa. A veces, una necesita una película cursi para decidir echarlos. Un beso dura lo que dura un beso y Jarabe de Palo no lo dice, pero un drama dura lo que dura un drama (de algún modo había que justificar la inclusión de este vídeo en el post).