jueves, julio 30, 2009

prometo firmemente salir corriendo más pronto la próxima vez

Yo confieso que antier enloquecí con una rola reciente de la Pau, Ni rosas ni juguetes, sobre todo en ciertas partes francamente ardidas-amarguetas-y-lo-que-se-acumule, como "te puedes ir, no me importa tu billete, no hay rosas ni juguetes que paguen por mi amor, te puedes ir a la China en un cohete, ve y búscate una tonta que te haga el favor". Y no es que la Pau o su equipo hayan descubierto el hilo negro, ni siquiera es que quien esto escribe haya rememorado los tiempos de Timbiriche para terminar de fan de la chica dorada, nooooooo, es sólo que de pronto a una se le ataruga y por no parecer mala onda termina saliendo con tipos que harían muy bien en permanecer lejos. Así que, por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa, soporté algo así como 40 minutos de proposiciones que no sólo no comparto, sino que además me resultan incomprensibles. Y es que por más que trato de ser tolerante, no logro aguantar que alguien presuma sus empresas (????) o su altísimo nivel de cultura general y su gusto por la lectura (aunque sólo sea capaz de mencionar un libro de las grandes obras de la literatura universal que, estoy segura, ni siquiera ha leído) o, peor, que osé plantear el amor al dinero como gran virtud y preguntarse si acaso conocerá la felicidad la gente que no tiene dinero (ternurita, pero si hay gente tan pobre que sólo conoce el dinero). Lo que más me molesta no es que alguien crea-piense-practique-viva distinto de como lo hago, sino que crea que con tantito oropel me va a deslumbrar. No dudo que con muchas funcione, conmigo no.

martes, julio 28, 2009

domingo, julio 26, 2009

paraguas para el agua, para que no se moje

Maravillas como ésa escuché en las calles del DeFecito, la semana pasada... y cuando me acuerdo, no puedo parar de reír.

jueves, julio 23, 2009

I love DF

Por algún extraño motivo, amo al DF. Siempre vengo de pisa y corre, pero siempre me da gusto regresar y mucho. Estos días han sido lindos. Hacía eternidades que no me aparecía por el Centro Histórico y estos días he recordado cuánto me hace feliz. He de confesar que no conocía Tlatelolco (a pesar de que cuando era una escuincla, me chuté el libro de la Poniatowska, el del Móndrigo y cuando chunche encontré sobre el 2 de octubre, también Rojo amanecer y el documental de Canal 6 de Julio cuyo título ahora no recuerdo), hoy (¿o debo decir "ayer"?) estuve en la Plaza de las Tres Culturas y me puse chinita. Horas después terminé no chinita, sino con pulgas (algo tendría la mesa del Dos Naciones) y sin lentes (no los dejé en el arrabal, por cierto), ahora veo borrosa la calle a través de la ventana, chale. Previamente, le entré a las enchiladas suizas, de ésas que saben a lo mismo aquí que en Tapatilandia o en mi ilustrísima Termápolis, pero la Casa de los Azulejos es mágica. Por cierto, la ciudad conspira contra cierto amigo mío cuyo deporte preferido es hacer renegar a los "provincianitos" como quien esto escribe, mira que por más vueltas que damos cuando apenas inicia la noche, todo está cerrado cual si fuera pueblito; capaz que la ciudad envejeció y ahora osa ir a dormir temprano, chale. Pero a pesar de todo, me gusta estar aquí, me encanta la ciudad del caos humeante.

PD: Sí, sí, vine cierto congreso internacional de comunicación, muy fregón, pero las notas sueltas de eso ya las subiré al otro bló; aquí nomás las cosas de mi vida que no le importan a nadie... cosas como que ya no veo, chale.

miércoles, julio 22, 2009

recuento del día

Una grata experiencia en el IAMCR World Congress.
Inauguración con un cuarteto de cuerdas en los intermedios, tocando música mexicana... casi lloro con Estrellita, de Manuel M. Ponce.
Hartas ponencias interesantes en el congreso.
Una fiesta de bienvenida muy divertida.
Dorix ebria.
Una caminata nocturna genial y dedicatorias de más de una página.
¿Qué más puedo pedir?

martes, julio 14, 2009

l'amour est un oiseau rebelle

Quienes me conocen, saben lo grinch que soy para el amor cuando se intenta encajonarlo en guiones; saben que me enamoro fácil (mucho más de lo que estoy dispuesta a aceptar) y me desenamoro con la misma velocidad, que dejo ir gente sin que me remuerda la conciencia (y una que otra vez, aunque me remuerda la conciencia) y que lo mismo espero del otro lado. Quienes no me conocen tanto (y creen que sí), con frecuencia osan aconsejarme que no le saque, que no deje ir a Fulanito porque seguro no encontraré otro como él, que me arriesgue a amar y sufrir (tal cual), que me comprometa como corresponde a alguien de mi edad (no fuera siendo que se me vaya el tren)... quizá lo peor que me han dicho es que necesito un ser inferior a mi lado que no se infarte con mis logros (bah, como si fueran muchos). Hace un momento platicaba con Caro al respecto y, por algún extraño motivo, terminamos recordando amores pasados y buscando patrones en ellos (si seremos ñoñas). Me acordé, sobre todo, de cierto amorcillo que no ha de ser nombrado; le contaba que, visto a distancia, lo que él y yo teníamos en común era mínimo y, sin embargo, me enamoré como taruga en aquel momento; él era (¿o es?) todo lo formalito, sereno y ecuánime que no soy, no sé si en eso residía su atractivo. Le contaba también que justo ahora me abruman los mensajes de alguien que conocí hace días, demasiada miel para mi gusto, demasiado bombardeo para mis costumbres; que a veces me siento como villana de cuento cuando (entra Dorix versión tía abuela) no correspondo a sus atenciones, pero no puedo, no cuando siento que ni puedo respirar. Quizá sea que me enamoré de la extraña historia de amor de mis papás, miren que vivir juntos 24 años sin compromiso, bajo la premisa de que el primero que se canse se va, es increíble. Quizá por eso me atrae lo impredecible y me da flojera lo "seguro". Quizá porque creo que l'amour est un oiseau rebelle.

de Tapatilandia, el espíritu itesiano y la lluvia


Hace unos días fui al InTEnSO a recoger el pedazo de cuero (con una foto donde parezco gente seria) que certifica que soy oficialmente maistra, digo, maestra. Y he de confesar que, aunque me pone contenta recibir el título y cerrar un ciclo, la nostalgia se ha apoderado de mí vilmente. Algo se respira en el ITESO que me hace feliz, pensar en el corredor de árboles o en los chorros de agua mutantes me saca siempre una sonrisa. De hecho, creo que mucho más que el grado, me llevo las memorias. Me quedo con la costumbre de poner todo en duda, con la visión crítica, con el compromiso y la libertad. Me quedo con los retos que me pone siempre Raúl (creo que antes, durante y después de la maestría... me voy a morir), la calidad humana de Guillermo, la pasión de Rossana, el humor inteligente de María Martha, las preguntas de Diana, la tranquilidad de Cham, la claridad de Juan Manuel y el apoyo de Cecy; me quedo, sobre todo, con un gran aprendizaje de todos ellos, mis maestros (porque profesores abundan, pero verdaderos maestros no), que además de ser todos ellos muy fregones académicamente hablando, dejan ver que los que de verdad son grandes no requieren ladrillos en qué subirse. Me quedo también con los amigos, para los que no importan los kilómetros de distancia, con las sesiones de amistad apache con Paulo, las desveladas de messenger haciendo lecturas y ensayos con Mario, las muchas coincidencias (que no casualidades) con Tony, las interminables discusiones de lecturas y proyectos con Rafa, el chisme en la calle con Karlita cuando éramos vecinas, las fugas al Starbucks con Sasha y nuestro muy chafa tour por el Zapopum (¿o nuestro tour por el muy chafa Zapopum?, sí, creo que era esto último), las intermitencias cafeteras de Lourdes, el chisme de la hora de la comida con Kari, las muchas coincidencias blogueriles y los reportes twitteros de Mauricio, el apoyo moral de Alfredo, los entusiastas saludos de Christopher, las anécdotas de Eugenio y más. Me quedo con enemil recuerdos de los cafés a media clase, las jornadas de cuasi camping en la biblioteca, las invasiones a la salita de posgrados, el paulatino crecimiento de las ojeras en las caras de todos, las sesiones de histeria colectiva, las inolvidables francachelas, las tormentas que acompañaron mi paso por Guadalajara y zonas aledañas y mucho, mucho más. Me quedo, sobre todo, con ganas de volver.

jueves, julio 09, 2009

miércoles, julio 08, 2009